OPINIÓN

Bariloche y el Lago Nahuel Huapi: soberanía hídrica, deuda histórica y la revisión de la Carta Orgánica

El nuevo texto deberá defender la participación activa en la Autoridad de Cuencasy exigir las regalías y cánones que corresponden a los barilochenses.

Así como en su momento expusimos de forma concreta la relación de la Carta Orgánica Municipal de Bariloche con el poder concedente del servicio eléctrico, es imperioso poner en debate el vínculo político, económico y ambiental entre nuestra ciudad y el Lago Nahuel Huapi.

La futura revisión de la Carta Orgánica debe incorporar mecanismos institucionales claros y vinculantes que obliguen a las autoridades municipales a cumplir de manera efectiva los mandatos establecidos en nuestra "constitución local" desde 2007, consagrando sanciones explícitas para aquellos funcionarios que actúen por omisión o negligencia.

De lo contrario, la letra muerta de las disposiciones no satisfechas, continuará transformándose en un gravoso costo político y patrimonial para la comunidad barilochense. El incumplimiento crónico de las Disposiciones Complementarias y Transitorias, aquellas fijadas con plazos perentorios, debilita la calidad democrática de nuestra ciudad.

La participación de Bariloche en Autoridad Interjurisdiccional de las Cuencas

Uno de los puntos de desidia institucional se encuentra en el acápite 17 de dichas normas complementarias, el cual establece taxativamente que "la Municipalidad gestionará su inclusión, participación activa y permanente en la Autoridad Interjurisdiccional de Cuencas de la región".

La Autoridad Interjurisdiccional de las Cuencas de los ríos Limay, Neuquén y Negro (AIC) es el organismo público creado en 1985 para administrar, controlar y preservar de forma integral y sostenible el recurso hídrico estratégico de la región. Actualmente está integrada por las provincias de Río Negro, Neuquén, Buenos Aires y el Estado Nacional. Su misión central es concebir a la cuenca como una unidad ambiental indivisible, coordinando los usos energéticos, productivos y urbanos, además de fiscalizar rigurosamente la calidad de los cuerpos de agua.

A la luz del artículo 10 de la propia Carta Orgánica, que postula de manera doctrinaria que “el Municipio afirma su integración a la Región Patagónica y a la de los Lagos Andino-patagónicos”, resulta indiscutible la legitimidad de nuestra incorporación permanente a la AIC. Esta exigencia representa una obligación jurídica ineludible para todas las gestiones municipales posteriores al 4 de enero de 2007. Sin embargo, han transcurrido casi 20 años y la representación de Bariloche sigue relegada al olvido.

En este escenario, los convencionales de la reforma prevista para 2026 enfrentan un desafío histórico: la Carta Orgánica debe consagrar, y fijar cumplimientos real a la obligación del Municipio de gestionar el cobro de cánones y regalías porcentuales derivados de toda explotación, concesión, privatización o aprovechamiento económico de las centrales hidroeléctricas situadas en los ríos Limay y Negro. Este justo reclamo se fundamenta en el rol de Bariloche y del Lago Nahuel Huapi como proveedor del recurso hídrico que alimenta a dichos embalses.

Un motor natural para las hidroeléctricas

El Lago Nahuel Huapi, cuyas aguas nacen mayoritariamente en los ríos Pireco, Bonito, Machete y Ñirihuau, así como en los arroyos Castillo, Ñireco, Bravos, Frías y Chimuraco, e interconectado con los lagos Espejo, Correntoso, Gallardo, Frías, Frey, Moreno y Gutiérrez, descarga su inmenso caudal en el río Limay en las cercanías de Dina Huapi, iniciando un recorrido de 500 kilómetros hasta unirse al río Neuquén para formar el río Negro.

Este sistema hídrico, originado en el ejido y las adyacencias de San Carlos de Bariloche, constituye parte del motor hídrico del complejo hidroeléctrico de los embalses de Alicurá, Piedra del Águila, Pichi Picún Leufú, El Chocón y Arroyito. Juntas, estas centrales generan más del 22% de la energía hidroeléctrica de la República Argentina. Y Bariloche no cobra un peso por todo esto.

Aguas abajo, el río Negro alimenta también a centrales como Salto Andersen, Ingeniero Cipolletti, Roca y Céspedes, inyectando potencia al sistema interconectado nacional. Tampoco acá aparece regalías definidas claramente para Bariloche.

La paradoja política es inadmisible: mientras el Lago Nahuel Huapi es el pilar de un negocio energético multimillonario, cuyas administraciones tercerizadas reportan ingresos fiscales a los tesoros provinciales, el Municipio de Bariloche no percibe un solo peso por la riqueza que genera su propio entorno natural. Defender la participación activa en la AIC y exigir las regalías y cánones que legítimamente nos corresponden no es una mera pretensión económica; es un imperativo de justicia comunitaria, soberanía de nuestros recursos y un mandato convencional que lleva dos décadas de postergación.

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