LA QUINTA PATA

Fernández y la quimera de la reelección

¿El Presidente habla en serio o trama una estrategia? Massa y una espera inevitable. Peronismo sin candidaturas, ¿pero con votos? Mesa o eventual ruptura.

La inflación por ahora sigue volando, la economía se ralentiza, los salarios siguen más de 20% por debajo de los de 2017 y las encuestas le dan definitivamente mal. ¿Por qué Alberto Fernández insiste en la idea de buscar la reelección? ¿Pretende solo posponer el efecto del "pato rengo" para mantener sus resortes de gestión o realmente piensa que tiene chances? ¿En tanto titular del Partido Justicialista nacional plantea una puja real con Cristina Fernández de Kirchner o se reserva el renunciamiento para el final de la negociación por las candidaturas, de modo de asegurarse que el panperonismo futuro no tenga la impronta de su vice? La cabeza del Presidente es un enigma.

"¿Y? ¿Cómo nos ves?", le preguntó un albertista encumbrado a un encuestador, quien asegura haber sido sincero y respondido que lo sorprendía la mera consulta.

En el entorno del mandatario abundan las versiones de quienes lo conocen y lo interpretan, que van en los dos sentidos mencionados. La verdad, todo lo indica, está en el medio.

Los análisis suelen plantear las coyunturas en términos de estrategias o de planes deliberados. No es que estos no existan, claro, pero nunca hay que olvidar que la incertidumbre es un componente inherente a la historia en desarrollo y la incertidumbre es hoy la materia prima más abundante en el panperonismo.

"Alberto no es tonto y sabe que en un 99% no tiene condiciones de ser reelecto, pero siente que su obligación es ir hasta el final", le dijo a Letra P una fuente de máxima confianza del mandatario. "El dato fundamental es que hoy no hay candidatos. Sergio (Massa) depende de lo que pase con la inflación, algo que hay que seguir mes a mes; Wado (de Pedro) no mide nada, (Juan) Manzur es un desconocido para la gente, de (Daniel) Scioli ya se sabe lo que puede medir y gobernadores con aspiraciones reales no aparecen. Entonces, lo mejor es esperar", detalló.

"Solamente Alberto sabe qué idea maneja íntimamente, pero, ante la indefinición, lo más conveniente es convocar desde el Partido Justicialista, organizar lo que viene", cerró. Abril o mayo sí podrían ser momentos de definiciones.

Ambiguo, Fernández da pasos que parecen ir en el sentido de la candidatura a como dé lugar, pero entrega, asimismo, señales sobre un posible renunciamiento.

Lo primero puede decirse, por ejemplo, de sus spots recientes, de los que emergen cuasieslóganes como "estamos abriendo el camino" o "hacia una Argentina más igualitaria". Sin embargo, también conviene escuchar lo que dice. "Me voy a poner al frente para que en 2023 el presidente o la presidenta que asuma sea uno de nosotros", ha dicho de varias maneras en las últimas semanas. En tanto, un ministro que todavía le responde y que participó de la convocatoria del peronismo bonaerense en Merlo, Gabriel Katopodis, declaró esta semana que "las candidaturas son el final de la discusión".

Mantener latente la posibilidad de su postulación también le permite a Fernández erigir un dique de contención provisional frente a otras ambiciones. Scioli, por caso, se declara "preparado para lo que sea", aunque a la espera de lo que decida el jefe de Estado.

La escasa chance que Fernández sabe que le queda se sostiene en los argumentos que le presenta la parte más fiel de su entorno.

El renunciamiento de Cristina fue el primero de esos elementos, ya que sacó de la cancha electoral a la jugadora con la mayor intención de voto del panperonismo, aun cuando su nivel de rechazo sea todavía más elevado.

El segundo es que, con las encuestas en la mano, el mandatario advierte que su piso electoral, deducido en base a su imagen positiva, oscila por encima del 30%, similar a la del resto de los peronistas medidos y a la de la propia CFK.

Así surge, por ejemplo, del "Informe Nacional de Enero de 2023" de Zuban, Córdoba y Asociados, que resulta interesante por ser presencial (16 a 20 de enero, nacional, 1.300 casos, margen de error de 2,72 puntos porcentuales), lo que le evitaría el sesgo de clase –media y alta–, de edad –avanzada– y de grandes centros urbanos que tienen los realizados online.

Fuente: Zuban, Córdoba y Asociados.

Un tercer factor está dado por las intenciones de voto medidas por sector. De acuerdo con la misma encuesta, el Frente de Todos estaría técnicamente empatado con Juntos por el Cambio, más afectado por la fuga libertaria.

Fuente: Zuban, Córdoba y Asociados.

En ese sentido, en la Casa Rosada siguen con atención la evolución de la interna del PRO y la trayectoria de Javier Milei. Si Horacio Rodríguez Larreta venciera a Patricia Bullrich, especulan, parte del voto de la exministra podría migrar hacia el minarquista y plantear un escenario casi de tercios en el primer turno.

"El problema de Alberto es que su piso y su techo son prácticamente iguales", le dijo a este medio otro consultor importante, cercano al peronismo. Un segundo turno, entonces, le plantearía una cuesta muy difícil de remontar.

El dilema, así, se explica por la mencionada falta de opciones actuales y por la inevitable pausa en el proyecto "Massa 2023".

Mientras tanto, se le plantea al jefe de Estado la cuestión de la mesa política, una que aceptó establecer y que planea abarrotar con gobernadores, sindicalistas y otras referencias del espacio. A la condición de no ser excluido de antemano como candidato, Fernández añadió la de que dicha instancia de diálogo se limite a lo electoral y no ponga en cuestión medidas de gobierno. Como es muy difícil separar gestión de campaña, cuanto más demore la instalación de la mesa y cuanto más grande la haga, más podrá diluir las exigencias de Cristina.

Varias elecciones provinciales son un albur tanto para Todos como para Juntos por el Cambio (JxC). Si no repuntara, el oficialismo podría encontrarse con algunas derrotas inesperadas que lo dejaran vulnerable para la general nacional, en la que se definirá la composición del Congreso. En el peor escenario, el peronismo podría quedar allí en una situación de debilidad sin precedentes desde el retorno de la democracia. Una mejora de la macroeconomía y de la sensación térmica es, como les dice Massa a los gobernadores que lo visitan, la clave para evitarlo.

¿Qué significaría dicha recuperación? Básicamente, que la inflación, tal como se propuso Massa, se estacione debajo del 4% hacia abril y mayo, justo antes del momento de las definiciones, y que las nuevas paritarias permitan disimular que los salarios siguen alrededor de 20% por debajo de su nivel de 2017. Sin embargo, Fernández sabe que el principal beneficiario de ese escenario, que no puede de ninguna manera darse por seguro dadas las dificultades que se esconden detrás de los IPC de enero y de febrero, sería el ministro de Economía.

Massa también supedita una posible aventura presidencial a que las encuestas y su propia sensación le digan que la elección puede ser ganada, por lo que Fernández no puede descartar que el escenario lo deje otra vez sin opciones. Eso también sustenta su insistencia.

Por otra parte, la porfía del Presidente es hija de la ausencia de liderazgos indiscutibles en el peronismo. Si la economía no impusiera el proyecto Massa y si la famosa mesa no permitiera alcanzar una candidatura de consenso, ¿que incentivo tendría Cristina Kirchner para acompañar –una vez más– un proyecto "moderado", para peor, esta vez, sin futuro? Y si entonces la vice decidiera que su electorado fiel –¿20, 25%?– le valdría más que un 35 o 40 sin propiedad clara, ¿aceptarían los gobernadores y el sindicalismo más conservador ir detrás de un nombre que no fuera el de ella misma, con perspectivas mucho más discretas? ¿Aparecería antes de una ruptura la carta del segundo renunciamiento, el del propio mandatario, para forzar el alumbramiento de un nombre de compromiso?

Faltan pocos meses para saber si en los cuartos oscuros de la Argentina la principal boleta peronista seguirá llevando el nombre del Frente de Todos o si, acaso, alguien se tienta con reflotar el de Unidad Ciudadana.

Escala el conflicto en Misiones (Foto: El Territorio)
Jorge Macri, jefe de Gobierno porteño.

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