FASE M

Con el campo a raya, Massa patea la devaluación y se la deja al próximo gobierno

Las compras de dólar futuro recién empezaría a moverse en diciembre tras las elecciones presidenciales. "La brecha demuestra el atraso", afirma el mercado.

La presión devaluatoria que debió sortear Sergio Massa apenas llegó al quinto piso del Palacio de Hacienda será un recuerdo para el resto de su gestión. Una de las preocupaciones del ministro de Economía era tener la solvencia necesaria para sortear un salto brusco en la paridad cambiaria que buscaba imponer el mercado, aunque, además de dólares en las reservas del Banco Central, debía diseñar un mecanismo que pusiera de su lado a sectores demandantes de la divisa norteamericana con poder de iniciar una corrida. Hasta el momento, la estrategia es exitosa, porque los contratos de dólar futuro recién empiezan a moverse con mayor dinamismo para diciembre, cuando un nuevo gobierno tenga en su poder la capacidad de diseñar la política económica.

 

El socio que le promete sostener la pax cambiaria en el tipo de cambio oficial a Massa es el campo y su liquidación de divisas de la soja en forma asegurada, gracias a la instrumentación del incentivo exportador que le permitió el año pasado al Gobierno, a corto plazo, calmar las ansias por una devaluación y, a mediano, llevarle alivio a Miguel Pesce por cumplir con las metas de acumulación de reservas al Banco Central. Esta vez, sequía de por medio, el jefe del Palacio de Hacienda buscará que los productores pongan a la venta parte de los 5 millones de toneladas de porotos que permanecen acumuladas, por no haberse liquidado en las dos primeras ediciones del dólar-soja; y, de esa manera, poder captar alrededor de 1.000 millones de dólares para el BCRA. No es gran cosa, pero el objetivo es más amplio.

 

La primera edición del tipo de cambio diferencial le reconoció a los sojeros un dólar a 200 pesos y le permitió a Massa cosechar más de 8.000 millones de dólares, muy por encima de los 5.000 millones pensados de antemano. La segunda parte, con el dólar-soja a 230 pesos, la meta se cumplió de manera ajustada y ayudó a descomprimir las expectativas devaluatorias del verano, cuando el mercado suele presionar para una actualización más contundente. Ahora, se espera que el equipo económico anuncie una tercera edición con un reconocimiento cercano a los 260 o 270 pesos y sumar reservas de manera más escueta. Si bien se espera una continuidad del plan de incentivo exportador, el objetivo se centrará en otro lado.

 

El campo es uno de los sectores de la economía real que más presiona sobre el tipo de cambio. Con un dólar oficial mayorista en torno a los 182 pesos, los analistas privados consideran que la divisa estadounidense se encuentra muy atrasada para los negocios de exportación y eso provoca una retracción de la oferta para poder resguardar sus tenencias. Sin embargo, al momento de necesitar liquidez para hacer frente a los procesos productivos, el campo presiona sobre los tipos de cambio más actualizados y genera una incertidumbre cambiaria que logra poner en duda los programas financieros. El gobierno de Alberto Fernández, tanto con Martín Guzmán, durante sus casi dos años y medio de gestión, como con el paso fugaz de Silvina Batakis y la actual gestión de Massa, apostó por el crawling peg para suavizar y tener el control del tipo de cambio a través de microdevaluaciones diarias.

 

Según los primeros contratos de dólar futuro que operan en el Rofex, el mercado ve diciembre como el despertar de una nueva embestida devaluatoria, aunque todavía muy tímida. Las primeras operaciones muestran un dólar a 363 pesos, por encima de los 332 de noviembre, y lejos de los 316 pesos de octubre, cuando se celebrarán las elecciones presidenciales. Para los inversionistas, el efecto dólar-soja seguirá teniendo fuerte incidencia en la demanda y desinflará, durante todo el año electoral, la presión por una actualización del tipo de cambio. Ese es el mejor rédito que obtendrá Massa de su estrategia, que termina siendo su apuesta de largo plazo.

 

De lograr esa jugada, el ministro de Economía despejará de la cancha al factor más temido que podía poner en jaque su apuesta por domar la inflación y darle aire a la intentona electoral del Frente de Todos e, incluso, tener posibilidades de capitanear la fórmula presidencial del oficialismo. Si bien no es la única variable que está en disputa, la estabilidad se convertirá en una de las razones para que el Círculo Rojo mantenga el respaldo que, en voz baja, le entregan. "Es difícil, pero tenemos que reconocer que Massa está surfeando la ola con pocas herramientas, pero con una muñeca envidiable para varios economistas", admitió a Letra P un integrante de la mesa chica de la Unión Industrial Argentina (UIA).

 

"El tipo de cambio oficial está muy atrasado. No hay otra, pero no va a haber devaluación y los futuros del Rofex te indican eso hasta diciembre", sentenció un economista que opera en el mercado local a través de un Alyc que atiende a empresas de distintos sectores. La explicación es lineal: "nadie presiona sobre el dólar futuro, porque el Gobierno arma las ediciones de dólar-soja, que son más convenientes que operar a futuro. Si no tuvieran ese tipo de cambio diferencial, el dólar a 180 pesos será de 120 pesos para un sojero, contra 380 pesos que cotiza el blue y algo menos los financieros", aclaró el analista.

 

El problema, según consultores e inversores, es que la presión llegará, de todos modos, cuando expire el plan de beneficios para la exportación. Eso indica que la próxima gestión enfrentará una expectativa de devaluación fuerte y, con ese escenario, deberá decidir si continúa con el reconocimiento de mejores rendimientos, con impacto en el gasto fiscal vía la emisión para pagar el diferencial, o aplicará una política financiera de shock para intentar limar la brecha cambiaria y cumplir con el reclamo de competitividad del sector exportador. Por todo este año, Massa se aseguró tener al campo de su lado y quitarle, así, un jugador fundamental al club de devaluadores.

 

Nicolás Posse y Eduardo Rodríguez Chirillo
Javier Milei en el almuerzo organizado por el Consejo del Comercio y la Producción (Cicyp). 

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