FASE M

Dólar soja, un hot sale como salvavidas permanente

Salió por necesidad y ¿llegó para quedarse? Sintonía fina de Massa con las cerealeras, las grandes ganadoras. Con imperfecciones y costos, oxigena la economía.

ROSARIO (Corresponsalía Santa Fe) El dólar soja fue la salida que encontró Sergio Massa al asumir el incendiado Ministerio de Economía y no tropezar rápidamente con la falta de divisas en el Banco Central. Una herramienta diseñada en base a necesidad, pero ésta tiene cara de hereje: el caramelo del dólar soja a $230 arrastra costos. Lo cierto es que las dos versiones cumplieron la meta establecida y aún más: tiene todos los números para repetirse y pasar de parche a medida económica. Aquella advertencia de Massa para que nadie se haga los rulos porque se trataba de “un esfuerzo, no una regla” tiene destino de entierro.

El Programa de Incremento Exportador fue la herramienta económica de mayor protagonismo de la Fase M. En sus dos versiones generó posturas que entraron en tensión: la de los agroexportadores, que le echan nafta al modelo hot sale sojero, y la del sector de la producción primaria que se han embarcado en encontrarle defectos, aunque, llegado el caso, les sirve liquidar el grano.

Los exportadores ganaron en las dos versiones porque la actividad, en este caso, es meramente comercial. Compran y venden en busca de volumen y encima con una diferencia en pesos importante por más que los márgenes sean los mismos. No hay fisuras ni penas. Prometieron liquidar 3.000 millones de dólares en la segunda versión y lo hicieron con una yapa mínima.

El productor tiene reparos y sigue parado arriba del grano. Ya no piensa que el dólar soja es una ventana exclusiva que se cierra y chau, se le pasó el tren, sino que es una historia que en algún momento el Gobierno deberá repetir por necesidad. De eso se agarra para moverse.

“El productor no mira esto como un incentivo porque sabe que ya le ganó el precio al Gobierno. Da por descontado que repetirá las versiones del dólar soja, por eso liquidará cuando requiera liquidez para el ciclo agrícola o invertir, o esperará otra ventana”, analizó a Letra P el director de la consultora P&G, Pablo Olivares.

La primera versión del dólar soja liquidó 7.000 millones y la segunda 3.000 millones

De esta forma se asemeja a una conquista que hasta puede decidir cuándo usarla y cuándo no. En algún punto la astucia de Massa por lograr dólares frescos se termina convirtiendo en una encerrona por el mero ejercicio de la repetición. Se le suma que la sintonía fina que logró con las cerealeras para elaborar el programa termine mutando a dependencia.

El dólar soja “está siempre a la vuelta de la esquina”, consideró ante Letra P el presidente de la Federación Agraria Argentina (FAA), Carlos Achetoni. El dirigente expone las diferencias con las agroexportadoras que considera que “están en un lugar privilegiado y sacan beneficios a costa de los productores”. De hecho, sostiene que indujeron este esquema y el Gobierno es el culpable aceptar.

También se quejan que la medida desvirtuó todo lo referido a insumos porque se terminan cotizando a la soja de 100.000 pesos. Lo mismo sucede con los alquileres que se calculan en base al precio de la pizarra por más que el decreto estipulaba que el dólar soja no corría para esos casos.

El dólar soja tiene otros costados riesgosos para la economía como la posible presión sobre el dólar paralelo por los pesos excedentes que el Banco Central libera para seducir a los exportadores. ¿Pasó eso con la disparada de las últimas semanas? ¿Podría impactar en la inflación ahora que bajó unos puntos? En el análisis de su posible reversión seguramente se ponga en consideración para un año electoral.

Este recuento de ganadores y no tan ganadores supone que se ha consolidado el auxilio económico que se ejecuta en la emergencia y genera especulación para todos los actores en mayor o menor medida. La perinola parece decir en un lateral “todos ganan, algunos ganan y pierden, y otros solo ganan”.

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