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Dispersión intendentista y campaña chueca en Buenos Aires

Intereses, ambiciones y alianzas cruzadas complican la marcha del Frente de Todos hacia las elecciones en el principal distrito. Estrategia común se busca.

LA PLATA (Corresponsalía Buenos Aires) Con la campaña en marcha y el horizonte político cargado de nubarrones, el Frente de Todos (FdT) sigue caminando chueco en Buenos Aires. El camino a las elecciones se acorta y una estrategia común con intereses amalgamados de los jugadores en cancha no termina de decantar. En ese marco, la telaraña intendentista resulta clave no solo para las aspiraciones personales en los distritos, sino también para la pelea bonaerense y la grande, la de Balcarce 50. Ese entramado está roto y por el momento no hay quien logre zurcirlo: los intereses, alianzas y ambiciones sectoriales complican a una coalición que sufre fisuras en todas las escalas, pero que golpea más fuerte en la provincia del 37% del padrón electoral nacional, el territorio donde, eventualmente, el peronismo busca refugiarse de una avalancha cambiemita.

 

Con la cumbre del intendentismo pautada para el 21 de enero en La Costa en duda, donde podría formalizarse el lanzamiento de La Liga, comienzan a surgir miradas disímiles entre los mandamases de pago chico. Asoman grupos, subgrupos e individualidades que no se subordinan fácilmente a jefatura alguna, menos aún después de que Cristina Fernández de Kirchner saliera de la escena y mandara a todos por igual a tomar el bastón de mariscal; todos tienen algo en común, retener la intendencia que gobiernan, pero el poder y la influencia deseada traspasa los límites de los distritos y se instala en la Legislatura y más allá, al otro lado de la plaza San Martín de La Plata, en la sede del poder central bonaerense.

 

Asoman dos figuras de mayor peso entre los caciques de Buenos Aires. Uno es el jefe de Gabinete y mandamás de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde, quien supo construir poder a lo largo del tiempo, una firme alianza con el presidente del PJ bonaerense, Máximo Kirchner, y un importante grupo de intendentes que lo respaldan: Mariano Cascallares (Almirante Brown); Leonardo Nardini (Malvinas Argentinas), Nicolás Mantegazza, Marisa Fassi (San Vicente), por nombrar algunos.

 

El kirchnerismo paladar negro que se mueve en alianza con el insaurraldismo tiene sus propios representantes. Centralmente, en esa tribu se cuentan la intendenta de Quilmes y dirigente de La Cámpora, Mayra Mendoza, de estrecha relación con la vicepresidenta; el intendente de Ensenada, Mario Secco, y el de Morón, cuna del sabattelismo, Luchas Ghi.

 

Otro polo de poder está en La Matanza, bajo la figura de su intendente, Fernando Espinoza, quien acumula peso por sí mismo simplemente por gobernar el distrito que mayor cantidad de votos le aporta en cada elección al peronismo (un millón ciento cincuenta mil personas estuvieron habilitadas para votar en 2021, el doble que el segundo distrito más populoso, Lomás). Espinoza, además, preside la Federación Argentina de Municipios (FAM) y conforma con su compañera Verónica Magario, la vicegobernadora, un tándem poderoso. Bonus: ¿alguien va a disputarle el lugar en la boleta al lado de Axel Kicillof, lanzado a la reelección?

 

El ministro de Obras Públicas e intendente en uso de licencia de San Martín, Gabriel Katopodis, también conserva su cuota de poder en el esquema provincial. Siempre equilibrista entre las fuerzas del FdT, supo mutar de un incipiente albertismo a tener un diálogo fluido con el kirchnerismo, incluido Kirchner, y convertirse en un articulador entre las tribus. Hasta el momento, es el único de los intendentes del peronismo del conurbano que insiste públicamente con que no irá por la re-reelección en su distrito. En su entorno hay quienes dicen que tiene aspiraciones más grandes.

 

Los históricos barones del conurbano Juan José Mussi (Berazategui), Alberto Descalzo (Ituzaingó) y el diputado exintendente de Florencio Varela Julio Pereyra juegan en tándem. Se reúnen periódicamente con agenda propia y hasta se cortan solos para mantener encuentros con el presidente Alberto Fernández, quien en las últimas semanas buscó afinar su relación con el intendentismo bonaerense con reuniones multitudinarias. Con el Presidente también hace su propio juego el mandamás de José C. Paz, Mario Ishii.

 

Otros juegan sueltos. El caso más claro es el de Fernando Gray (Esteban Echeverría), quien luego de ser eyectado por Kirchner del PJ bonaerense no recompuso relaciones, aunque nunca se fue del espacio. También están en la suya Juan Zabaleta (Hurlingham), por estos días en guerra distrital con La Cámpora, y Julio Zamora (Tigre), quien batalla en soledad contra la posible imposición de la candidatura de la titular de Aysa, Malena Galmarini, en su distrito.

 

Similar es la situación de Juan Andreotti (San Fernando) y Javier Osuna, quienes, ajenos a la rosca todista, prefieren esperar las órdenes de su jefe político, Sergio Massa, enroscado en la batalla contra la inflación en la que pudiera estar el ticket para su postulación presidencial. La intendenta del Evita, Mariel Fernández (Moreno), también juega su propio juego entre los intereses propios, los de la agrupación que conduce Emilio Pérsico, y su alianza con el hijo de la vicepresidenta.

 

Otro sub grupo se aglutinó en las últimas semanas con el objetivo de salir a bancar la candidatura por la reelección de Kicillof. Se alistan allí Jorge Ferraresi (Avellaneda), Mussi, Secco, Espinoza y Ghi, entre otros.

 

Por ahora, las fotos de los encuentros quincenales e itinerantes solo sirvieron para ejercer presión sobre Kicillof y Fernández en el reclamo de fondos y obras, cuestión no menor teniendo en cuenta el difícil año electoral que se avecina, donde la prioridad es cuidar el pago chico.

 

Pese a las diferencias, las reuniones cruzadas del intendentismo son constantes, públicas, privadas, multitudinarias o reducidas. Van desde una cena en la playa entre Cascallares, Zabaleta y el jefe de gabinete de la nación, Juan Manzur, hasta una comida entre Secco y Fernández en Punta Lara. Siguen buscando una estrategia que logre nuclearlos bajo objetivos comunes y que sean exitosos electoralmente. No obstante, se complica cuando, sin conducción, las intenciones de unos o de otros chocan con intereses, alianzas o ambiciones individuales o sectoriales.

 

No obstante, en diálogo con este medio, un intendente protagonista de la rosca se mostró obligadamente confiado en un futuro ordenamiento. “Todo se va a encaminar, lo político y lo electoral. Debemos ser más compactos; todos necesitamos que a Axel y a Alberto les vaya bien en lo que les queda de mandato; todos necesitamos el PJ ordenado. Si va uno o el otro, se verá. El Frente va a llegar unido y fuerte”.

 

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