22|9|2022

02 de septiembre de 2022

02 de septiembre de 2022

La vicepresidenta escribió en su libro sobre la condición de mujer como blanco de la violencia en la disputa del poder. La misoginia como acelerante.

“La condición de mujer siempre fue un agravante. Así como en un homicidio la condición de familiar es un agravante, en un proceso nacional, popular y democrático, la condición de mujer es sumamente agravante. Casi tanto como sus ideas. Es un acto de rebeldía que las mujeres accedan a condiciones de poder, cuestionando la forma en que funciona ese poder. Es rebelarse contra lo establecido, porque el poder es cosa de hombres. Una mujer puede ser una estrella de cine, eso está permitido. Ahí no importa ser prima donna, no hace daño porque es un lugar que pareciera estar permitido para las mujeres. El problema es cuando querés ser prima donna en el mundo de los hombres, en el mundo del poder, y además, para cambiar las cosas. Ahí te disparan a matar.” La reflexión está en las páginas 167 y 168 del libro Sinceramente, de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, que publicó Editorial Planeta en 2019.

desPertar

Un análisis útil para enfrentar
una realidad desafiante

Recibilo todas las mañanas en tu mail

desPertar

Un análisis útil para enfrentar

una realidad desafiante

Recibilo todas las mañanas en tu mail

 

Casi como una premonición, CFK, escribió sobre el componente de género en los actos de violencia política contra las mujeres. Los discursos de odio que de algún modo fueron el caldo de cultivo para el intento de magnicidio en su contra están directamente emparentados con los discursos antigénero. Aunque la misoginia no aparece como la razón principal, sí actúa como acelerante de la violencia, en este caso, contra la expresidenta.

 

La saga de viñetas y caricaturas de la vicepresidenta golpeada o amordazada, sumados a los insultos misóginos, no hacen sino confirmar que los límites de la tolerancia a la violencia contra ella se corren más allá de las fronteras masculinas.

 

La periodista y política brasileña Manuela D’Avila compiló una serie de testimonios de mujeres políticas relevantes de su país en el libro –editado por Clacso- Siempre fue sobre nosotras-Relatos de la violencia política en Brasil. Una de las autoras es la expresidenta Dilma Rousseff, que coincide con las palabras de CFK. “La misoginia en la sociedad, en las instituciones y en los medios de comunicación se volvió una poderosa arma de control y disuasión de la actividad política de las mujeres, y se manifiesta principalmente en los períodos electorales, durante los gobiernos y en la actividad parlamentaria”, escribió.   

 

La mayoría de los discursos de odio –y sus propaladores, pescadores y oportunistas– expuestos en la política y en los medios de comunicación se iniciaron con ataques, amenazas y hostigamiento a defensoras de derechos humanos, activistas feministas y de la diversidad sexual y fueron minimizados por la mayor parte de la dirigencia política. Con esas bases llegaron a ocupar bancas en el Congreso y en legislaturas provinciales y municipales.

 

Esa violencia simbólica se amplifica cada vez más en los medios de comunicación, ya no se limita a los temas de género y su difusión se respalda en una supuesta protección de la libertad de expresión. Dice Marcelo Falak en el DesPertar de este viernes: “Discursos de odio que abren la puerta a cualquier calamidad al deshumanizar al rival y que, en general, recibieron silencios cómplices. Líderes, medios de comunicación –anoche mismo, con ya el trauma concretado–, sectores sociales y personas de a pie deberán hacerse cargo de la parte que les toca”. La deshumanización de CFK que tocó su límite con el atentado puede leerse, sin dudas, en clave de género: es la dirigente política más importante de las últimas décadas en la Argentina y es una mujer que disputa poder. Eso la convierte en blanco doble.