31|7|2022

Colombia camina hacia un ballotage histórico de final imprevisible

19 de junio de 2022

19 de junio de 2022

Ante el cansancio social, un exguerrillero y un outsider pelearán el domingo por la Casa de Nariño. La derecha tradicional, siempre dominante, sale de escena.

Este domingo, casi 39 millones de personas están habilitadas para votar en el ballotage más importante e incierto de la historia reciente de Colombia, instancia que disputan el candidato del izquierdista Pacto Histórico, Gustavo Petro, y el ingeniero que se convirtió en la sorpresa del año, Rodolfo Hernández. Con la derecha tradicional por primera vez fuera de competencia y con encuestas previas que no permiten vislumbrar una tendencia clara, el país que históricamente fue gobernado por sus élites se prepara para un cambio de rumbo histórico y desconocido con un exguerrillero o un outsider

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En diálogo con Letra P, la doctora en Ciencia Política y profesora asociada de la Universidad de Los Andes Mónica Pachón anticipó que habrá una definición “apretada” y destacó la trascendencia que tienen los comicios para el país ya que, consideró, “hay un cambio en cuanto a la élite política”. “Es un cambio radical en esa élite que estuvo en el gobierno durante estos años”, agregó. 

 

A principios de año, parecía que su tercer intento para ser presidente sería el de la victoria para Petro, pero en la primera vuelta de mayo el camino se le dificultó. Aquella noche, recibió dos malas noticias: la necesidad de ir un segundo turno y que su rival no sería el candidato de la derecha oficialista, Federico Gutiérrez, sino un incógnito multimillonario de 77 años con un discurso verborrágico y, por momentos, incongruente y violento. Esto le generó, a su vez, dos dificultades más. La primera, someterse a un mano a mano electoral en el que el voto anti-Petro, a partir del rechazo que genera su programa progresista y su pasado de guerrillero, podría confluir detrás de una sola oposición. La segunda, que su rival levanta las mismas banderas de “cambio” que demanda la sociedad hastiada y cansada con un modelo neoliberal dominante que generó, por décadas, desigualdad y pobreza para la mayoría y rédito económico para una minoría. 

 

La competencia con Hernández somete a Petro a un examen incómodo, porque no puede generar la polarización entre “continuidad” y “cambio” debido a que "el ingeniero" –como se hace llamar– también promete modificaciones. La diferencia radica en qué tipo de cambio propone cada uno. El de Petro es a partir de una presencia más fuerte del Estado, una mayor distribución de la riqueza y la defensa del medioambiente, es decir, a partir del desencanto con la actualidad. El de Hernández es más incierto, porque se basa en la lucha contra la “politiquería y la corrupción” y contra el sistema político en sí y sin claras definiciones ni programas. Esto representa un cóctel que remite más al hastío y al enojo con el sistema.

 

La batalla por representar mejor el cambio llega también a lo simbólico. La campaña de Petro hizo énfasis en la presencia como candidata a vicepresidenta de la primera mujer afrodescendiente, Francia Márquez, una lideresa social y ambiental, pero ahora también lo hace su rival, que muestra a Marelen Castillo, una académica e ingeniera que estudió en Estados Unidos.  

 

Si desde la primera vuelta el escenario se puso incómodo para Petro, para Hernández no varió demasiado, porque sigue con el mismo estilo de campaña. Si el candidato progresista pasó de ignorarlo a intentar desprestigiarlo, el exalcalde de Bucaramanga lo enmarcó dentro del establishment que da muestras de agotamiento a raíz de su pasado como guerrillero, como alcalde, como senador y candidato a presidente. Por su parte, Hernández se diferenció del oficialismo a través de 20 propuestas que publicó en sus redes sociales y rechazó sumar a su espacio a otros candidatos a cambio de sus votos de la primera vuelta, como el propio Gutiérrez o el liberal moderado Sergio Fajardo, a fin de mostrar su intransigencia a negociar con un modelo que agoniza. Es decir, reforzó su figura de outsider.

 

“Hernández juega a ser influencer, con un lenguaje divertido combinado con apariciones en medios. Recibe apoyo de otras fuerzas, pero remarca que él es el que manda”, analizó Pachón. “Petro recibió otros apoyos y llama a la movilización, porque ganó en ciudades con baja participación”, agregó. 

 

Las encuestas no permiten anticipar un resultado y engrosan la incertidumbre que se extenderá hasta esta noche. Un promedio de las distintas encuestas publicadas hecho por el portal La Silla Vacía muestra un empate técnico. Hay que tener en cuenta, también, que, en la semana previa a los comicios, la difusión de sondeos está prohibida, por lo cual puede haber variaciones no registradas. Este punto podría favorecer a Hernández, como ocurrió en la primera vuelta, cuando se creía que no iba a llegar al ballotage y que iba a quedar por debajo de Gutiérrez. Además, el ingeniero tiene un antecedente a su favor en esta categoría: cuando ganó la intendencia de Bucaramanga, todos los sondeos lo mostraban lejos del primer puesto, por lo cual la victoria lo sorprendió por celular durante un viaje por los Estados Unidos.

 

La disputa por apropiarse del eje del cambio llega también a la política exterior, ya que, por ejemplo, los dos proponen restablecer las relaciones diplomáticas con Venezuela. En esta temática, ocurre lo mismo que en el factor interno: se anticipa un nuevo rumbo, pero no se sabe hacia dónde. Las relaciones internacionales de Petro son más previsibles para la región al tener en cuenta su historia política y su afinidad con figuras progresistas, como el mandatario chileno Gabriel Boric o el argentino Alberto Fernández. Las dudas recaen sobre Hernández, un hombre que no tiene cercanía con el chavismo (la tiene Petro) y ve en el mandatario mexicano Andrés Manuel López Obrador un modelo a seguir. Además, ambos proponen terminar con la guerra contra las drogas y desarrollar una perspectiva más social y sanitaria en el combate al narcotráfico, lo que podría impactar en el vínculo con Estados Unidos.