16|6|2022

06 de mayo de 2022

06 de mayo de 2022

Ordenó poner en el freezer el congreso del Frente Renovador en Mar del Plata. El peligroso borde entre sus aspiraciones y la sombra del “ventajeo”. 

LA PLATA (Corresponsalía Buenos Aires) Después de una semana de alta exposición en su sobrevendido rol de pacificador de la interna a cielo abierto en el Frente de Todos, Sergio Massa diseña el mapa de sus futuros movimientos con una certeza: no va a haber, por el momento, ningún gesto ni señal que pueda leerse como plataforma de lanzamiento de su candidatura presidencial para 2023. 

 

El presidente de la Cámara de Diputados ordenó frizar la realización de un congreso partidario del Frente Renovador que iba a hacerse, primero, a mediados del mes pasado en Mar del Plata, que luego se fue postergado por distintos motivos y ahora está definitivamente fuera de la agenda. 

 

La idea había sido incubada en el verano en el entorno del tigrense. Frente a la rambla y los lobos marinos, las huestes del massismo iban a lanzar una suerte de operativo clamor para instalar la precandidatura presidencial de su líder, además de poner en carrera a dirigentes locales con aspiraciones de competir en 2023 en la mayoría de los distritos de la provincia. “Nos están pidiendo salir a la cancha y tenemos que darles pista”, argumentaban entonces en la mesa chica del Frente Renovador. 

 

Ahora, todo quedó en stand by. Massa decidió pisar esa movida, en medio de un escenario de confrontación abierta en la alianza oficialista que tiene futuro incierto.

 

“Está todo frío. Hay orden de no mover nada. Si armamos el congreso, puede aparecer alguna voz que diga algo inconveniente y terminemos enredados en un quilombo”, dice un viejo baqueano del Frente Renovador, para quien no cabe duda de que “Sergio va a jugar” el año que viene. 

 

El temor no era solo a hacer gestos políticos apresurados. En un congreso partidario sería, por ejemplo, difícil contener a las voces críticas que se extienden en el massismo contra la gestión de Martín Guzmán y el resto del gabinete económico de Alberto Fernández. En las filas del massismo hoy son mayoría quienes creen que debería haber cambios de gabinete y de rumbo del Gobierno. 

 

Massa y su mesa chica familiar, que integran Malena Galmarini y su hermano Sebastián, entre otros pocos, analizan los movimientos con sumo cuidado. Si bien su entorno deja claro que las aspiraciones de competencia presidencial están más vivas que nunca, se esfuerzan en subrayar que el tigrense está concentrado en tender puentes en el cascoteado FdT y en garantizar la tarea de gestión en la Cámara baja y los ministerios y áreas de su escudería de gobierno, como Transporte, Aysa y Trenes. 

 

Massa busca evitar, a toda costa, aparecer “sacando ventaja” de la pelea entre Cristina y Alberto Fernández. La sombra de aquel apodo cruel que con malicia hacía circular el expresidente Mauricio Macri todavía se proyecta soBre cierta imagen pública del tigrense. 

 

Por eso, toda la ingeniería comunicacional del FR está puesta en mostrar a Massa como el “garante de los acuerdos” y el único que puede, a esta altura, cumplir algún rol en la disputa mayor. No cualquiera, dicen, desayuna con Cristina y almuerza con Alberto, como hizo Massa esta semana.

 

“Va a jugar sí o sí. Puede ser un candidato único del Frente, puede ir a las PASO o pueden ser varios candidatos, pero la determinación política del espacio está tomada”, dice uno de los dirigentes del massismo que, si se hubiera hecho el Congreso de Mar del Plata, habría pedido el micrófono para lanzar la aclamación “Sergio Presidente 2023”. “Pero por ahora está todo en el freezer”, aclara.