07|12|2022

Los túneles del intendentismo para que no se rompa Todo(s)

13 de marzo de 2022

13 de marzo de 2022

Jefes comunales de diversas tribus zurcen heridas bajo la balacera. Chat en llamas y reunionismo silencioso. Dos popes para el equilibrio entre AF y CFK.

Fuera de cámara, más allá de los discursos públicos, las chicanas por redes sociales y la guerra feroz entre el kirchnerismo duro y el albertismo incipiente que terminó de salir a la superficie con la votación en el Congreso del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), un entramado subterráneo tejido por intendentes peronistas del conurbano de diversas tribus funciona como malla de contención de la coalición gobernante. En reuniones periódicas, discuten, liman asperezas, buscan puntos de contacto. Los mueve la misma convicción: saben que, si el Frente de Todos vuela por el aire, pierden todos y no habrá 2023. El jefe de Gabinete bonaerense, Martín Insaurralde, y el ministro de Obras Públicas de la Nación, Gabriel Katopodis, son las principales terminales ubicadas a un extremo y otro de ese túnel que comunica ambas trincheras, por donde fluye el diálogo y arde la rosca.

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Cafés en oficinas de la Ciudad de Buenos Aires, reuniones en despachos, cenas en casas particulares. Todos estos ámbitos y otros son escenarios del trabajo cotidiano que realizan intendentes e intendentas que gobiernan distritos potentes de la Primera y la Tercera sección electoral. La fractura en la coalición gobernante quedó aún más expuesta con la votación no positiva del camporismo en Diputados, pero las alarmas en las intendencias comenzaron a sonar mucho antes, con la carta-bomba de Cristina Kirchner tras la derrota en las primarias.

 

Aunque el mundo de las intendencias peronistas es sumamente heterogéneo, con una vertiente más afín al kirchnerismo, otra cercana a la Casa Rosada y una tercera que intenta tomar distancia de los extremos, todas se esfuerzan por hacer equilibrio y evitar el derribo de puentes con la tropa de CFK y Máximo Kirchner, donde anida la mayor potencia electoral frentetodista, y con la del presidente Alberto Fernández, con quien, mayoritariamente, concuerdan en la necesidad de sellar un acuerdo con el FMI.

 

Según confirmaron a Letra P dirigentes al tanto de las reuniones, hay un encuentro que se repite “mucho más de lo que se sabe” y que tiene como protagonistas a las cabezas territoriales de ambos lados de la grieta interna. El de Lomas de Zamora a cargo de la Jefatura de Gabinete, socio principal en el territorio de Kirchner, y Katopodis, el jefe comunal devenido ministro con chapa de albertista de la primera hora.

 

En las reuniones “periódicas” son secundados por otros dos intendentes en uso de licencia: el diputado por la Tercera sección oriundo de Almirante Brown Mariano Cascallares y Juan Zabaleta, incondicional del Presidente que dejó la jefatura comunal en Hurlingham para comandar el Ministerio de Desarrollo Social de la nación. Según dónde se concrete el encuentro, se suma algún otro intendente. El último cónclave fue hace diez días en una oficina de la Ciudad de Buenos Aires.

 

“Gabriel (Katopodis) habla con todos. Por convicción y por laburo. Siempre creyó en el trabajo con los intendentes, sobre todo en temas políticos, más allá de la gestión”, dice un hombre de confianza del ministro que confirma los encuentros, al tiempo que aclara: “Buscar acuerdos no significa estar todos juntos y pensar igual, sino acordar estrategias y ser siempre la referencia territorial local, provincial y más”.

 

No se trata de una mesa armada o institucionalizada. Responden a “la intención de mantener una dinámica, de estar siempre haciendo y discutiendo política. Martín (Insaurralde) y Gabriel (Katopodis) son un puente firme entre dos sectores”, describe otro dirigente a este medio. En esas reuniones “hay análisis” y un trabajo para pensar “lo que viene”. Y “autocrítica”, con la intención de “llegar lo mejor posible al ‘23”.

 

Insaurralde es la referencia de un grupo de jefes comunales, con el que ganó espacios en el gobierno de Axel Kicillof y en la Legislatura de Buenos Aires. Katopodis mantiene un fluido trato con otros mandamases como Ariel Sujarchuk (Escobar) y Gustavo Menéndez (Merlo), además de la sintonía fina con Zabaleta y el ministro de Desarrollo Territorial y Hábitat Jorge Ferraresi, quien comanda Avellaneda a distancia. También con Cascallares, de extrema cercanía con Insaurralde. En pararelo a las reuniones, el Whatsapp entre ellos explota: “Hay días que hablan hasta seis o siete veces. Son una máquina”, describen en el despacho de una intendencia ubicada en el primer cordón del conurbano. 

 

“Atrás de Insaurralde somos un montón de intendentes porque él es el único que tiene un trato directo con Máximo y que habla con Cristina, ningún otro intendente tiene ese acceso; y en el conurbano los votos son del kirchnerismo”, dice un intendente de la Tercera jugado a uno de los lados de la grieta.

 

Hay, además, otros articuladores que se ubican a prudente distancia de la batalla. Uno de ellos es el exintendente de Florencio Varela y actual diputado nacional Julio Pereyra. Mantiene encuentros con jefes comunales en la sede de la Fundación Internacional para el Desarrollo Local (FINDEL) que comanda y que tiene sus oficinas en el barrio porteño de San Telmo. También, en su tradicional búnker de La Plata, sobre calle 10. Uno de sus encuentros más habituales es con otro barón, el intendente de Berazategui, Juan José Mussi, a quien suele visitar en su despacho.

 

Hace unas semanas, el varelense también se vio con Insaurralde. “El rol de Julio (Pereyra) no cambia, él siempre fue una referencia para los intendentes, no hay que olvidarse de su rol en la FAM (Federación Argentina de Municipios) y entiende que hay que fortalecer al Frente de Todos, por eso las reuniones constantes”, afirma alguien de su entorno.

 

Ferraresi es otro de los más activos en la construcción de puentes para evitar el estallido. Algunos mandan a ver su recorrido en la contienda. Después de la renuncia de Kirchner a la presidencia de bloque oficialista en la Cámara, fue quien reunió a los intendentes para hacer catarsis. Días después de una dura carta del intendente Fernando Gray (Esteban Echeverría) contra Kirchner, fue a verlo a su distrito. “Hay que contener a todos si queremos que haya 2023”, dicen que dice el de Avellaneda.

 

Efectivamente, al día siguiente de la renuncia de Kirchner, Ferraresi reunió a los intendentes de la Primera sección electoral en Malvinas Argentinas y la semana siguiente hizo lo propio con los de la Tercera, en Almirante Brown. Ambos encuentros funcionaron como red de contención a partir de la nueva crisis que recién asomaba.

 

Pero, aunque mayoritariamente las intendencias acompañan la idea de que hay que sellar el acuerdo con el FMI, hay preocupaciones puntuales que los afecta directamente. Una de las principales es la continuidad de la obra pública en los distritos (junto a la economía doméstica y las tarifas), clave, tanto para la unidad como para llegar con chances a 2023. Y las llaves de esas cajas las tienen justamente Katopodis, en la nación, y Leonardo Nardini, en la provincia.

 

Es por eso que el planteo de que no se corten esas obras es tema recurrente de los encuentros. Es el jefe político de San Martín el que insiste para llevar tranquilidad; la obra pública en curso va a seguir, afirma, aunque reconoce que pueden surgir dificultadas para nuevos proyectos.

 

La mayoría de los intendentes y las intendentas creen que hay que acordar con el Fondo. Pese a diferencia y matices, acordaron militar en el territorio la responsabilidad de Mauricio Macri en la toma de la monumental deuda. En eso harán hincapié en los barrios, en los discursos públicos y con la militancia. Incluso, algunos comenzarán a trabajarlo con cartelería, pintadas y flyers.

 

Participantes de la rosca bonaerense señalan que estos encuentros entre los dueños de los votos, por ahora informales aunque con una dinámica establecida, son el germen de mesas políticas formales e institucionalizadas que el peronismo va a poner en marcha una vez concluida la discusión por el FMI.