19|1|2023

La Defensoría del Pueblo cobija un ejército de reserva de la oposición porteña

08 de diciembre de 2022

08 de diciembre de 2022

El organismo conducido por María Rosa Muiños alberga desde exfuncionarios hasta al presidente de un club de fútbol identificado con Alberto Fernández.

Al mando de la dirigente peronista María Rosa Muiños, la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires cobija un ejército de reserva de la oposición porteña en medio de una plantilla de cuadros técnicos y personal con trayectoria académica. Una gama de nombres entre los que sobresalen un dirigente del fútbol argentino cercano al presidente Alberto Fernández, exfuncionarios nacionales, figuras con pasado en la Legislatura capitalina y militancia todoterreno.

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El órgano está en manos de Muiños desde 2021. Su designación tuvo el respaldo de un robusto acuerdo de la Legislatura porteña, que incluyó el visto bueno de 54 bancas sobre 60. Tras dos periodos como legisladora, la dirigente no tenía reelección y las negociaciones en el PJ porteño no abrieron la chance de subirse a la lista para la Cámara de Diputados del Frente de Todos (FdT). Gravitó al momento de avalar su nombramiento en el organismo el peso en el distrito de su agrupación, Nuevo Espacio de Participación (NEP), la fracción del peronismo que comanda Juan Manuel Olmos, vicejefe de Gabinete de la Nación y marido de la Defensora.

 

Antes de su paso por la Legislatura, Muiños había trabajado en la Defensoría en 2004 como Consultora del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y a partir de allí realizó carrera hasta 2013, cuando fue elegida para cumplir su primer mandato como diputada porteña. Regresó en 2021 para remplazar a Alejandro Amor, el sindicalista del gremio municipal que fue cabeza de la lista del FdT para la Legislatura. Entonces, se puso al frente del organismo con oficinas centrales en la avenida Belgrano al 600 precedida por una trayectoria en la que supo hacer gala de su muñeca para transitar conflictos y armonizar discusiones en un bloque del PJ surcado por distintas vertientes. Según señalan en su entorno, ni bien pisó su despacho Muiños se ocupó de no realizar cambios de fondo y respetó las estructuras conformadas años atrás. Solo incorporó personas “para darle su impronta en la gestión”, como en el área de comunicación, dicen cerca suyo.

 

Sin embargo, tal como muestra el organigrama, la estructura de la Defensoría acumula, debajo de las cinco defensorías adjuntas, una secretaría general y dos subsecretarías, 24 conducciones ejecutivas de unidades y programas y 49 coordinaciones operativas. En ese terreno, ganaron su lugar dirigentes peronistas con perfiles disímiles. Aparece en el estratégica área Técnica y Administrativa Dante Sironi, un hombre del NEP que lideró la JP de la Ciudad en 2014 producto de un pacto entre Olmos, Mariano Recalde y Víctor Santa María, dos integrantes de la mesa chica peronista porteña.

 

El NEP también aporta a la grilla de la Defensoría otra figura. Marina Rosas, socióloga, está a cargo del Centro de Atención Vecinal. La oficina de Descentralización está bajo la conducción de una dirigente de La Cámpora, Delfina Velázquez, con militancia y dos periodos como comunera en la Comuna 11. Mientras que el Frente Social Peronista está representado por Javier Altrudi, en Transporte y Telecomunicaciones.

 

La arquitecta Bárbara Rossen, ferviente opositora a la rezonificación de Costa Salguero y Punta Carrasco en la ex-Ciudad Deportiva de Boca impulsada por Horacio Rodríguez Larrreta, es la responsable de Derechos Urbanos, Espacio Público y Medio Ambiente. Integrante del Colectivo de Arquitectas en defensa de tierras públicas, su prédica contra la privatización de la costa porteña se transformó en un ariete de la oposición frentetodista. El Consejo de Atención de Niñez, Adolescencia y Género está a cargo de la exlegisladora y exfuncionaria ibarrista María Elena Naddeo. El área de Emergencias y Contención Psicosocial tiene como responsable a Sandra Zimmermann, pareja del ex-Defensor y hombre fuerte del gremio municipal Alejandro Amor.

 

Existen, además, nombres de peso y brillo mediático. Uno es el de Marcelo Achile, presidente de Defensores de Belgrano, prosecretario de AFA, con fuerte incidencia en la categoría nacional de ascenso y con aceitado vínculo con Alberto Fernández a través de un íntimo amigo presidencial, Julio Vitobello. Con el secretario General de la Presidencia lo une una amistad que se forjó hace 40 años, en las tribunas del Dragón, y en la militancia peronista. Supo ser jefe de Gabinete de la Secretaría de Deportes durante los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner y hoy es uno de los consejeros metropolitanos del PJ en la Ciudad, que conduce el camporista Recalde. En la Defensoría, maneja un área afín a su trayectoria: Deportes y Juventud.

 

Otra figura que tiene su lugar en el órgano de control es María Rachid, titular del Instituto contra la Discriminación. Identificada con el kirchnerismo, fue legisladora porteña (2011-2015) tras su paso entre 2010 y 2011 como vicepresidenta del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI), cargo al que renunció escandalo mediante, por no compartir posiciones con el entonces conductor del organismo, Claudio Morgado. Las diferencias entre ambos, que se desataron por el nombramiento de un asesor afín al exconductor de TV, se dirimieron ante la Justicia, denuncia policial de por medio.