JORGE GARCÍA CUERVA

Un obispo amigo de Massa cortó la dulzura mundialista desde tierra pingüina

En Santa Cruz, advirtió sobre la pobreza en un clima exitista por la Selección. “Tanto ruido puede adormecer”, teme. La amarilla llegó al equipo del ministro.

Pocas cosas pueden calmar el fervor mundialista por la actuación de la Selección Argentina que va por más, que va por todo en Qatar. Un obispo lo hizo y desde Santa Cruz, el principal bastión político del kirchnerismo. Jorge García Cuerva lo hizo a modo de advertencia y preocupación ante lo que consideró un clima festivo con demasiado “ruido”, que puede hacer “adormecer” u olvidar lo urgente de la realidad social argentina: 18 millones de personas en situación de pobreza.

 

La Scaloneta quedó al margen del planteo del prelado, al poner a los guiados por Lionel Messi como ejemplo de las muchas personas que en el país tiran para adelante juntas y trabajan en equipo. “Los jugadores nos están dando a todos una lección de vida”, evaluó en declaraciones a La Opinión Radio. La observación de García Cuerva, sin embargo, fue más allá de la euforia mundialista y entró de frente al área político social. 

 

"Más allá de todo lo lindo hay que tomar conciencia de la situación difícil que están viviendo 18 millones de argentinos que están en situación de pobreza. Necesitamos un compromiso mayor de todos para que nuestra Argentina salga adelante", lanzó el obispo desde tierra pingüina, sobrevoló la sede provincial de Alicia Kirchner y llegó hasta los despachos del superministro Sergio Massa en Buenos Aires. 

 

García Cuerva también hizo ruido, pero político, en tiempos mundialistas y a pocos días de conocerse el índice de inflación de noviembre, que finalmente se clavó en 4,9%. La cifra, la menor desde que Massa llegó al ministerio, también lo posiciona en la carrera presidencial tras el renunciamiento de Cristina Fernández de Kirchner. Personas que colaboran con Massa no esperaban –reconocieron a Letra P– un comentario de ese tono de quien es considerado un amigo y un consejero tanto por el ministro como por su esposa Malena Galmarini, presidenta de Agua y Saneamientos Argentinos (AySA) y anotada para ir por la Intendencia de Tigre.

 

La pareja y el obispo se conocen bien. La amistad nació en Tigre, donde el entonces cura villero trabajaba a la par con el jefe comunal en los barrios de las periferias de ese partido bonaerense en la asistencia de los sectores más vulnerables y en la lucha contra las adicciones. En marzo de 2019, cuando el papa Francisco nombró a García Cuerva obispo de Río Gallegos, Massa viajó a la capital santacruceña para participar de la ordenación episcopal de su amigo y donde no ahorró elogios para el nuevo diocesano. 

 

La observación de García Cuerva sobre el riesgo de olvidarse de atender las urgencias sociales en medio del ruido mundialista tampoco pasó desapercibida en ambientes eclesiásticos, donde el prelado santacruceño es muy influyente y escuchado por sus pares. A García Cuerva se lo considera uno de los alfiles de Jorge Bergoglio y a quien el pontífice le ha dado importantes responsabilidades, además del gobierno pastor de la diócesis más austral del país. 

 

En julio pasado, el papa lo nombró miembro del Dicasterio para los Obispos y en octubre, a través del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, comisario pontificio –interventor– del Instituto Miles Christi, fundado por el argentino Roberto Yanuzzi, quien en 2020 fue reducido al estado laical tras acusaciones por abusos. El nombre de García Cuerva aparece también entre los candidatos, menos probables, para suceder al cardenal Mario Poli en Buenos Aires.

 

La prédica de García Cuerva sobre la necesidad de mayor gestión de la crisis se sustenta en un contexto de pobreza e indigencia que –según el Observatorio de la UCA– rondan el 50% y el 20%, respectivamente, sin la contención de los planes sociales. No es casual que la cúpula episcopal le haya hecho igual planteo al presidente Alberto Fernández en la audiencia que mantuvieron este miércoles en la Casa Rosada, con la excusa de un saludo navideño. Tampoco que Cáritas Argentina, la mayor organización caritativa de la Iglesia, dedique su campaña de Navidad a ayudar a los sectores más vulnerables y a achicar las “enormes” brechas sociales, económicas y políticas en la sociedad.

 

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