30|1|2023

La paciencia del Mercosur se acaba y amenaza los sueños mundialistas de Uruguay

30 de noviembre de 2022

30 de noviembre de 2022

En la previa de otra cumbre, las andanzas comerciales de Montevideo generan tensiones. Argentina, Brasil y Paraguay prometen tomar acciones contra Lacalle Pou.

La paciencia de la Argentina, Brasil y Paraguay con Uruguay por las nuevas intenciones de Montevideo de firmar un tratado de libre comercio (TLC) con países asiáticos y romper una de las máximas del Mercado Común del Sur (Mercosur) se está agotando y este miércoles, a través de un comunicado, los tres países amenazaron al presidente uruguayo, Luis Lacalle Pou, con “adoptar las eventuales medidas que juzguen necesarias para defender sus intereses en los ámbitos jurídico y comercial”. De esta manera, la cumbre del bloque prevista para el 5 y el 6 de diciembre en territorio uruguayo promete ser -de nuevo- de alto voltaje político. 

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A las nueve de la mañana de este miércoles, los tres países emitieron el mismo comunicado, donde denunciaron las “acciones del gobierno uruguayo con miras a la negociación individual de acuerdos comerciales con dimensión arancelaria” y la “posible presentación de un pedido de adhesión al Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP)". Como ya es costumbre en los últimos años, Montevideo busca romper las dos máximas que hacen del Mercosur un mercado común: primero, la resolución 32/00 del bloque, que establece que las negociaciones con un tercero se realizan de forma conjunta; segundo, que las importaciones que realizan sus miembros pagan el mismo Arancel Externo Común (AEC). A pesar de las diferencias que existen entre Argentina, Brasil y Paraguay, en este punto hay unanimidad para rechazar los intentos flexibilizadores de Uruguay.

 

Esta dinámica que condena al bloque a un inmovilismo y a una intrascendencia internacional preocupantes no es nueva, pero esta vez trajo nuevos condimentos. Desde hace unos días, el canciller oriental, Francisco Bustillo -amigo personal del presidente Alberto Fernández-, está de gira por Australia y Nueva Zelanda, donde presentó la solicitud formal para que su país se sume al CPTPP, un acuerdo que reúne a 480 millones de habitantes y congrega el 13,3% del Producto Bruto Interno (PBI) mundial. “Un país no puede negociar unilateralmente sin seguir el camino jurídico y sin avisarle a sus socios”, le aseguró a Letra P una fuente de la Cancillería argentina, quien relató que la representación del Frente de Todos (FdT) se enteró “por los medios” del pedido internacional del país vecino. 

 

Hoy, el juego es con Nueva Zelanda y Australia, pero antes fue con China. Hace seis meses, durante la última cumbre del bloque, Uruguay avanzó en su gran sueño: un TLC con el gigante asiático. En aquel momento Montevideo repitió el mismo manual que consiste en negociar de forma privada un acuerdo que, aseguran en Montevideo, cuando llegue el momento oportuno presentarán al resto de sus pares, pero que, en definitiva, no se concreta. “Con Pekín, al final no pasó nada. Ni un papel presentaron”, denunció una fuerte del Ejecutivo argentino.

 

Por eso, afirman en el Palacio San Martín, el juego de Montevideo que busca mostrarse ante el mundo y la región como un socio liberal y abierto comenzó a agotar al resto del bloque. “Las advertencias orales y privadas se hicieron públicas y coordinadas”, agregó la misma persona que aclaró que “no es espíritu de Argentina escalar ningún conflicto”.

 

La insistencia uruguaya es producto de sus propias limitaciones económicas y regionales al estar rodeado por dos países que poseen una industria mucho más fuerte que la propia, lo que Lacalle Pou llamó “corset” en una cumbre que comandó Alberto Fernández y terminó de muy mala manera. El problema para Uruguay trasciende a los gobiernos de turno y une, a pesar de las diferencias, a sectores de la derecha y de la izquierda.

 

Del otro lado del río denuncian que con el AEC Montevideo no puede desarrollar todas sus capacidades económicas e internacionales y que, por ende, busca negociaciones unilaterales. El problema radica en el propio estatuto del bloque que las prohíbe de forma explícita y tajante, por lo cual los caminos legales parecieran ser dos: aceptarlo y acabar con sus andanzas mundialistas o romper el grupo. Ninguna de las dos, por ahora, parece una opción satisfactoria para Montevideo, que decide tirar de los bigotes del gato por su propia cuenta hasta que el felino se canse, algo que ya empezó a pasar.

 

Para el resto de los integrantes del grupo, la insistencia uruguaya tiene un motivo oculto: las disputas internas de la política local. Con los supuestos avances -que no se concretan al final del día- Lacalle Pou puede mostrar cartas de líder regional que busca potenciar la economía nacional y buscar nuevos mercados; un punto en el que coincide cierta parte de la izquierda que hoy es oposición y que, en el pasado, también buscó avanzar con China a pesar de la resistencia regional. Distintas fuentes vinculadas a las negociaciones con el Mercosur consultadas por Letra P coincidieron en un punto: siempre que se acerca una cumbre del bloque, Uruguay lidera una disputa que, una vez que la atención baja, se disuelve para volver a crecer en la próxima reunión. Para saber si le dará réditos electorales todavía falta: Uruguay realizará sus elecciones presidenciales recién en 2024. 

 

La búsqueda uruguaya genera un problema mayor para el Mercosur porque condena al bloque a discusiones internas que deberían ser dejadas de lado para potenciar al máximo sus capacidades económicas y comerciales en momentos en los que el mundo tiende a una regionalización de sus relaciones a raíz de la guerra en Ucrania y la pandemia de covid-19. Por ejemplo, las trabas políticas para avanzar con el TLC firmado con la Unión Europea (UE) aún no pudieron ser superadas por lo que el acuerdo anunciado con bombos y platillos brilla por su ausencia y, durante los últimos meses, las negociaciones con otros países, como Singapur e Israel, no logran llegar a buen puerto. Para lograr eso, primero, se deberán resolver las diferencias internas y la próxima cita será en diciembre en Montevideo, donde Lacalle Pou jugará de local un partido de talla mundial.