26|11|2022

Los hermanos se pelean: la leyenda continúa

11 de marzo de 2020

11 de marzo de 2020

Sorpresas y viejas rencillas complican la relación con el Uruguay de Lacalle Pou. La agenda de "diferencias de baja intensidad" con un gobierno liberal pro Washington y libre comercio. 

La asunción del nuevo presidente uruguayo, el conservador Luis Lacalle Pou, marca el comienzo de una relación bilateral que estará marcada por algunas sorpresas y por viejas divergencias que recobrarán actualidad. La imprevista promesa, hecha por el propio mandatario uruguayo, de beneficios fiscales para los argentinos que quieran radicar su residencia fiscal al otro lado del río y antiguas diferencias por la construcción de una nueva planta de celulosa y por algunas políticas llevadas adelante por el anterior gobierno del Frente Amplio en relación a las Islas Malvinas entorpecen el inicio del vínculo.

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Lacalle Pou estuvo en la asunción de Fernández. Fernández no fue a la de Lacalle Pou.

 

 

La relación entre Lacalle Pou y Alberto Fernández comenzó el mismo día en que el candidato del Frente de Todos asumió al frente de la Casa Rosada. El líder del Partido Nacional integró la comitiva uruguaya en una demostración de la importancia que se daba al vínculo y de buena predisposición hacia Buenos Aires. Las diferencias mostradas hasta ese momento, especialmente tras la visita de Fernández al candidato del Frente Amplio, Daniel Martínez, parecían quedar en el pasado. De forma sorprendente, esto cambió cuando Lacalle Pou prometió beneficios fiscales para los argentinos,de modo de quedarse con contribuyentes de alto poder adquisitivo. A pesar de que no se brindaron más detalles y de que no mostró intenciones concretas de avanzar en ese tema, la iniciativa generó malestar en Buenos Aires. A Uruguay "le costó tanto salir de ese mote de 'paraíso fiscal' que volver a caer en eso no es una buena idea”, dijo Fernández en su momento. Según pudo averiguar este medio, la promesa fue entendida en el marco de la campaña y se le intentó quitar importancia, mientras que la administración uruguaya eligió no hacer nuevas olas y evitó brindar declaraciones.

 

 

 

Luego de este desacuerdo, Fernández decidió bajar el tono y habló con Lacalle antes de la asunción de este, el pasado 1 de marzo. Coincidieron en “acercar posiciones” y se excusó de no poder asistir a su jura por tener que brindar el discurso de apertura de las sesiones ordinarias del Congreso, un hecho que fue entendido del otro lado. Viajó en representación del jefe de Balcarce 50, el canciller Felipe Solá.

 

El problema de la relación radica en las concepciones económicas y políticas divergentes que existen entre los gobiernos. Mientras la Argentina opta por un progresismo económico y una mirada regional, Lacalle Pou proviene del sector más liberal de su partido y es más cercano a Washington. Ante esto, los presidentes eligieron a hombres de su confianza para dirigir las embajadas en busca de agilizar las relaciones y mantener un trato más fluido. El encargado argentino será el amigo personal de Fernández Alberto Iribarne, y su par uruguayo será Carlos Enciso, amigo de Lacalle y apodado “el peronista uruguayo” por provenir del sector más popular del Partido Nacional. Enciso tiene un detalle particular con Argentina: el expresidente José Mujica hablaba con él cuando dijo, en referencia a Cristina Kirchner, “esta vieja es peor que el tuerto”.

 

Durante su exposición ante el Senado, Iribarne aseguró que existen “diferencias de muy baja intensidad” que pueden llegar a entorpecer las relaciones. “Una de las más importantes”, dijo, es la construcción de una nueva pastera por parte de la empresa finlandesa UPM-Botnia, la misma que levantó la planta frete a Gualeguaychú, hecho que provocó un diferendo binacional. La misma será, según estudios, la inversión extranjera directa más grande de la historia del país y podría llegar a representar más del 1% del PBI oriental. Es decir, Montevideo tiene motivos de sobra para avanzar con el proyecto.

 

 

 

Otro problema es la cuestión Malvinas. Iribarne confirmó que Argentina ya presentó una “protesta formal” ante Uruguay por los 13 vuelos que partieron desde las islas hacia Montevideo y viceversa durante 2019. Según el embajador, las autoridades uruguayas “están violando una especie de acuerdo tácito” que sostiene que la única posibilidad de reabastecer aviones británicos en Uruguay es en situaciones de emergencia. Además, manifestó que del otro lado del río “existe un importante lobby británico” que se evidenció en el viaje que hicieron algunos diputados hacia las Islas y en el stand de las “Islas Falkland” que se instaló en una exposición rural. De todas maneras, estos puntos datan de larga data y no son propios del nuevo gobierno, por lo que la responsabilidad no recae directamente en Lacalle Pou.

 

A nivel continental, las diferencias se centran en dos puntos: Venezuela y el Mercosur. Ambos parten de concepciones del mundo divergentes, ya que mientras la Argentina busca alejarse políticamente de Washington, Lacalle Pou opta por acercarse.

 

Con respecto a Venezuela, la Argentina promueve una salida negociada a través del diálogo que cuente con todas las partes en conflicto y garantice elecciones libres y transparentes. Por su parte, Lacalle Pou se encolumna detrás de Juan Guaidó y apuesta más por una salida unilateral de Nicolás Maduro del poder. “Discrepamos con la postura de Uruguay respecto a Venezuela”, reconoció Solá en una entrevista durante su viaje a Montevideo.

 

 

 

Otro punto distanciamiento pasa por el acuerdo anunciado entre el Mercosur y la Unión Europea (UE). Uruguay promueve, junto a Brasil y Paraguay, una entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio con ese bloque, algo que Fernández rechaza por la situación económica nacional. El canciller uruguayo, Ernesto Tavidijo que, si hay “matices y diferencias”, lo pactado tiene la “flexibilidad necesaria” para entrar en vigor a “velocidades distintas”. Es decir, Uruguay apuesta a la aplicación del acuerdo de forma unilateral sin la necesidad de tener que esperar la aprobación del Congreso argentino. Por su parte, Buenos Aires apuesta a que el mismo no sea aprobado en el Parlamento Europeo -paso obligatorio para su vigencia- por las resistencias que existen en Francia, Polonia e Irlanda, entre otros países.

 

A pesar de las viejas diferencias y de los nuevos desafíos, los dos gobiernos tienen el mismo objetivo: privilegiar los acuerdos y el diálogo para llegar a buen puerto. En los últimos meses, Alberto Fernández ha dejado de lado las discrepancias con otros países, como Estados Unidos y Brasil. La lista deberá agregar a Uruguay. Las tratativas ya comenzaron con encuentro ministeriales y llamadas telefónicas. El próximo paso será la cumbre presidencial que, según distintas declaraciones, se concretaría en un tiempo cercano.