25|1|2023

Cómo se para Lula frente a un mundo en transición

03 de noviembre de 2022

03 de noviembre de 2022

El líder del PT promete borrar la herencia aislacionista de Bolsonaro. La apuesta por Sudamérica y el Consejo de Seguridad. Desafíos en un sistema que ya no es.

SAN PABLO (Enviado especial) La victoria electoral que este domingo conquistó el líder del Partido de los Trabajadores (PT), Luiz Inácio Lula da Silva, con el 50,9% de los votos contra el 49,1% del actual mandatario, Jair Bolsonaro, es de vital importancia para la historia de Brasil y, también, para el devenir del rol internacional del gigante sudamericano a raíz del aislamiento al que lo condenó el bolsonarismo y para América del Sur, que podrá reforzar a los actuales gobiernos de izquierda con el cambio de color político en el país más importante de la región. 

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“Le estamos diciendo al mundo que Brasil está de regreso, que es demasiado grande para ser relegado a este triste papel de paria”, dijo Lula en su primer discurso como mandatario electo. La política exterior aplicada por Bolsonaro representó un cambio de 180 grados respecto de los primeros gobiernos petistas. El exmilitar alineó a su país con los designios del entonces presidente norteamericano, Donald Trump, en su cruzada de ultraderecha contra el “comunismo” de China, lo que le costó, una vez que el republicano abandonó la Casa Blanca, un aislamiento internacional producto del resto de las relaciones que boicoteó, como las que tenía con América del Sur, África, Europa y Pekín.

 

A partir del 1 de enero, cuando se convierta en el primer hombre en ser presidente tres veces en la historia democrática de Brasil, Lula promete abandonar esta política exterior ideológica y reestablecer los lazos que supo tender durante sus dos primeros mandatos, que le valieron elogios del mundo entero. “Este es el hombre”, le dijo en una reunión el entonces mandatario de Estados Unidos, Barack Obama. El hombre volvió y ya se empieza a notar: en las primeras 24 horas posteriores a su victoria, recibió la visita del jefe de Estado argentino, Alberto Fernández, y diálogó con los presidentes de Estados Unidos y Francia, Joe Biden y Emmanuel Macron

 

“La política exterior de Lula ya es conocida. Se basa en la defensa del medio ambiente y los derechos humanos con un enfoque en el multilateralismo y un papel importante atribuido a América del Sur”, explicó Thales Carvalho, magíster en Relaciones Internacionales de la Pontificia Universidad de Minas Gerais, en diálogo con Letra P y agregó: “Eso ya es un contraste con Bolsonaro y, además, se puede esperar una reanudación de la postura brasileña de proactividad, protagonismo y eventual liderazgo en distintos organismos del mundo”.

 

En las primeras pinceladas que dibujó este domingo, Lula retomó una histórica demanda de Brasil que sus administraciones supieron elevar en el escenario internacional. “Volveremos a luchar por una nueva gobernanza global, con la inclusión de más países en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y con el fin del derecho de veto”, aseguró. Sus gobiernos avanzaron en la diversificación de las relaciones de poder internacional a partir, por ejemplo, de su participación en la creación de los BRICS (grupo al que aspira sumarse Argentina) y de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), organismo regional que prometió retomar. 

 

La victoria de la izquierda en Brasil representará un fuerte respaldo a los gobiernos progresistas que ya están asentados en distintos países, como la Argentina, Colombia, Chile y Bolivia. El peso económico, simbólico y geopolítico que tiene Brasil para el continente y para el mundo representará un cambio de tendencias al tener en cuenta que saldrá del poder una de las derechas más extremas y duras del continente occidental. “Con este cambio, la tendencia exterior de Brasil será hacia nuevas iniciativas de integración regional”, analizó Carvalho, quien consideró que el desafío estará en “cuál” será esa unión y “cómo ocurrirá”, porque “el contexto internacional es diferente” al de la primera oleada de la izquierda latinoamericana.

 

Uno de los presidentes que mayor entusiasmo muestra en este cambio de gobierno es el argentino Alberto Fernández, quien tardó apenas ocho horas en conseguir la primera foto con el nuevo Lula. “Pudimos hablar más del futuro que del pasado, compartimos una mirada sobre la necesidad de la integración”, manifestó el peronista. El escenario es prometedor para la Casa Rosada, porque Brasilia es su segundo socio comercial y es un país con el que mantiene una relación estratégica diversificada sobre diversos temas que con Bolsonaro se estancó a partir de las diferencias políticas y de los ataques personales que cruzaron la frontera. “Podemos esperar un mayor acercamiento y cooperación junto a un fortalecimiento del Mercosur”, agregó Carvalho en diálogo con este medio.

 

De todas maneras, los cambios que se esperan deberán sortear un escenario internacional distinto al del primer mandato de Lula y complejo para los países periféricos. La guerra en Ucrania generó una volatilidad internacional difícil de prever a la vez que disparó el precio de la energía y la inflación, mientras Estados Unidos y China profundizan sus diferencias y achican el espacio de maniobra del resto de los países. Según Carvalho, el nuevo presidente tendrá tres importantes desafíos en este escenario: reconstruir la imagen y el prestigio de Brasil frente a otros países; insertarse en un contexto de fuerte rivalidad entre Washington, Pekín y Moscú y retomar los diálogos regionales que se perdieron durante el último tiempo.

 

Entre otros temas, el presidente electo también tendrá que dirimir el dilema de generar crecimiento económico sustentable cuidando la Amazonía, resolver la inserción de su país en la tecnología del 5G y atender la crisis de Venezuela que generó el mayor éxodo de personas del continente.