30|1|2023

Todos por el gas: el Gobierno pausa la interna para jugar un pleno al gasoducto

29 de noviembre de 2022

29 de noviembre de 2022

El oficialismo asegura que su obra insignia se inaugurará en junio de 2023, antes del frío y de las PASO. Unidad peronista y gestión camporista en la Patagonia.

CATRIEL (Enviado especial) En el campamento PK61 que las empresas Techint Sacde montaron a 40 kilómetros de esta ciudad en un tramo del gasoducto Néstor Carlos Kirchner, que llevará el gas de Vaca Muerta hasta la red de la región metropolitana para -en un futuro- conectarlo con el Norte argentino y exportarlo a Brasil, un objetivo, una convicción y un ruego sobrevuelan la estepa rionegrina: la obra insignia del gobierno del Frente de Todos (FdT) se terminará en tiempo y forma para junio de 2023, antes de que el invierno vuelva a enfriar el país y el calendario electoral apremie.

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"Si no cae un meteorito, llegamos. Hoy estamos en tiempo y forma dentro de los plazos pautados", le dijo a Letra P uno de los operarios de la obra gasífera más importante de la historia argentina. Los tiempos presionan a la Casa Rosada. La construcción del gasoducto es, aseguran en el oficialismo, una de las llaves que podría cambiar el futuro económico nacional ya que permitirá, por ejemplo, dejar de importar gas natural licuado y alcanzar el autoabastecimiento de la mano de Vaca Muerta, el segundo yacimiento más grande del mundo en recursos no convencionales de gas. "Con esta obra, vamos a cambiar la matriz energética, productiva y económica del país para siempre", ejemplificó una fuente del Ejecutivo.  

 

En un mundo donde la energía se volvió un recurso fundamental producto de la invasión de Rusia sobre Ucrania y ante la constante y permanente sangría de reservas del Banco Central (BCRA) que se pierden en la compra de este mismo recurso, el subsuelo de Neuquén y Río Negro es una mina de oro. Por ello, el presidente Alberto Fernández, a través del ministro del Interior, Eduardo de Pedro, coordina acciones con las provincias de la traza, Neuquén, Rio Negro y La Pampa, y con el sector privado encargado de llevar a cabo la obra, con protagonismo de Techint.

 

El objetivo ranquea tan alto en el oficialismo, que las críticas de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner al presidente del imperio ítaloargentino, Paolo Rocca, no entorpecieron el día a día de la megaobra. "Trabajamos codo a codo sin ningún problema", le aseguró a este portal un hombre del ministerio que comanda el dirigente de La Cámpora.

 

"Esta obra nunca se hizo en el mundo. Nunca hubo tan poco tiempo entre la firma del contrato y el comienzo de la obra", aseguró uno de los hombres encargados de este campamento que, junto a otro que está ubicado en la ciudad pampeana de General Acha, es uno de los puntos centrales del primer segmento de la traza, que llegará hasta Salliqueló, en Buenos Aires. Para ello, llegaron máquinas soldadoras automáticas desde los Estados Unidos, que serán utilizadas por primera vez en la historia argentina, y se utilizan, en total, 1.444 máquinas pesadas.

 

En la actualidad, trabajan cerca de 500 personas y el oficialismo espera que sean tres mil de forma directa y nueve mil indirectamente en período de máxima de producción, previsto para diciembre y enero. Para un Gobierno que sufrió varios errores no forzados, idas y vueltas e internas furiosas que involucraron esta misma obra, la inauguración en tiempo y forma será una hazaña. "Esto es Argentina y puede pasar cualquier cosa", agrego el operario entre risas.

 

El proyecto más importante de la gestión del FdT está en manos de La Cámpora. Cumplir con los plazos es una prueba de fuego en el reto de gestionar el Estado. Los nombres más vinculados a esta construcción son los de Agustín Gerez, presidente de Energía Argentina (Enarsa), y Pablo González, el presidente de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), el técnico 100% pingüino y exvicegobernador de Santa Cruz que logró el primer reencuentro en Tecnópolis de la dupla presidencial después de la pelea de la lapicera que mantuvieron Fernández y CFK. 

 

A pesar de que la megaobra está bajo la conducción de alfiles de la organización que lidera el diputado Máximo Kirchner, el gasoducto también sirve como una prueba de la comunión peronista a la hora de gestionar, una especie poco frecuente en tres años del FdT en la Casa Rosada. "Trabajamos todos juntos. Las diferencias en Energía están superadas", le dijo a este medio una fuente de la Secretaría de Energía a cargo de Flavia Royón, integrante del gabinete económico que comanda Sergio Massa, al que llegó por su experiencia en el equipo del gobernador salteño Gustavo Sáenz.

 

A esas internas del peronismo, hay que sumar los equilibrios con los gobiernos provincialistas, a veces aliados y otras no tanto. El gobernador de Neuquén, Omar Gutiérrez, y su par de Río Negro, Arabela Carreras, mantuvieron una serie de tensiones con la Casa Rosada a raíz de las protestas del pueblo Mapuche, que amenazó con entorpecer la gestión del gasoducto.

 

"Trabajamos todos para el mismo lado. Gobierno nacional, provinciales y las empresas. Hay diferencias, pero es la obra más importante y tenemos que coordinar", saldó una fuente del Ministerio del Interior. "Las tensiones están superadas, en esto no tenemos diferencias. Trabajamos en unidad", profundizó otra persona que revisa los avances de la obra todos los días.

 

En la actualidad, las empresas contratistas trabajan en la soldadura de caños de 12 metros de largo que se extienden, de esta manera, a 24 metros. Hasta el momento ninguno de ellos fue puesto bajo tierra, algo que se espera que ocurra a mediados de diciembre, cuando quedarán, por normativa nacional, un metro debajo de la superficie.

 

Una vez que la obra se termine, supuestamente en 2023, permitirá ahorrarle al Estado nacional 3.500 millones de dólares en la sustitución de las importaciones que hoy provienen de diferentes países del mundo. Además, permitirá venderle gas a Brasil a través de una obra binacional que dependerá, a la vez, de la capacidad productora y la voluntad del país vecino, que estará comandado desde el 1° de enero por el líder del Partido de los Trabajadores (PT), Luiz Inácio Lula da Silva.

 

Las distintas fuentes del Gobierno, de las partes contratistas y de la masa laboral coinciden en asegurar que los beneficios de esta obra serán variados y fundamentales para el futuro del país, pero antes de eso, advierten, hay que terminarla. Para ello, el Gobierno pone entre paréntesis sus diferencias para cumplir con las metas previstas.