18|1|2023

Dólares chinos y promesas del FMI, los logros offshore de un Presidente sin respiro

17 de noviembre de 2022

17 de noviembre de 2022

Fernández iba a cancelar toda su agenda pero sostuvo la reunión con Xi Jinping. La presión interna y alivio por el llamado de CFK. 

MADRID (Enviada especial) Xi Jinping dijo que valoraba especialmente su presencia en la reunión. Cerca de las 11 de la mañana, Alberto Fernández se había descompensado en el Centro de Convenciones de Bali, donde se celebró la Cumbre de Líderes del G20. El Presidente sufrió un cuadro de hipotensión y mareos y fue trasladado al hospital, donde le inyectaron suero. Cuatro horas más tarde, estaba sentado frente al líder chino para pedir la ampliación del uso del swap y el pago de una deuda por 1.223 millones de dólares. Se llevó la mejor noticia del viaje: la libre disponibilidad de cinco mil millones de dólares del canje de monedas y la promesa de pronto pago el mundo adeudado.

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China no habría aceptado otro interlocutor. Si a algunas de las actividades agendadas Fernández podía enviar en su lugar a Sergio Massa o a Santiago Cafiero, no existía la misma posibilidad con Xi Jinping. Verse personalmente con el líder chino no es tan sencillo. Argentina necesitaba anunciar el ingreso de los cinco mil millones de dólares que se podrán usar para cualquier fin. Fernández entendió que no había margen para cancelar la cita y resolvió que iría, a pesar de las recomendaciones de reposo que le hicieron los médicos.

 

En la delegación oficial admiten que el encuentro con Xi Jinping fue el único motivo por el cual el Presidente no levantó la agenda completa, después del “enorme susto” que le provocó su descompensación. Hasta el avión de Aerolíneas Argentinas que trasladó a la comitiva se alistó para pegar la vuelta esa misma noche. En la reunión, Fernández obvió los temas protocolares y fue directo a los pedidos. El líder chino respondió. Anunció la flexibilización del swap como una “medida excepcional” y confirmó un desembolso de mil millones de dólares y un desembolso de 223 millones por las represas.

 

El Presidente celebró el que considera que fue el mayor logro de su gira por Francia e Indonesia: un respiro para las reservas, un fortalecimiento que ayuda en la pelea contra la inflación, que ahuyenta especuladores financieros y alivia, como consecuencia, la tensión política. Después, habló con los medios enviados a cubrir la gira presidencial y se retiró a descansar, cerca de las 20. Parte de la comitiva estaba en la suite del Presidente cuando, enterada de las noticias, Cristina Fernández de Kirchner llamó desde la mañana argentina, preocupada por la salud de Fernández. El jefe de Estado hizo salir a todos de la habitación para hablar en privado con la vice.

 

Su excompañera de binomio no fue la única que mostró preocupación. El presidente de Francia, Emmanuel Macron; el de España, Pedro Sánchez, y Nicolás Maduro, de Venezuela, también se comunicaron con Fernández para preguntarle cómo se sentía. El español conversaba con su par argentino cuando su interlocutor se descompensó en la antesala del primer plenario del G20. Tuvo como “un apagón”. El encargado de pedir atención médica fue el traductor oficial, Walter Kerr, el único integrante de la comitiva argentina que pudo ingresar junto a Fernández para el saludo de los jefes de Estado.

 

El primer mandatario también recibió mensajes de gobernadores, intendentes y otros dirigentes. El camporismo se alertó. Varios integrantes de la delegación recibieron consultas preocupadas desde Buenos Aires provenientes del sector que conduce Máximo Kirchner sobre la salud presidencial. Del otro lado del mundo, se había generado una alarma real. Al menos por unos días, la guerra quedó congelada. 

 

El llamado y la preocupación fueron la antesala del acto que protagonizará Cristina Kirchner en La Plata este jueves. En la comitiva argentina en Madrid, como contó Letra P, aguardaban un discurso "tranquilo", sin el nivel de virulencia contra Fernández que expresó Kirchner en Mar del Plata, cuando, palabras más, palabras menos, le pidió que desista de ir por la reelección. Cuando la vicepresidenta esté hablando, el mandatario ya habrá despegado de Madrid y estará en vuelo. 

 

Con semejantes antecedentes, la presión de la interna feroz está presente en el entorno de Fernández como uno de los factores que afecta la salud del Presidente. El mandatario padece “gastritis erosiva, producto de los nervios” y el estrés, que en la gira se combinaron con la falta de sueño, una apretadísima agenda de alto perfil internacional, el cansancio de las horas de vuelo y el clima agobiante de Bali. “Veo que ni París me hace evitar estas cosas”, dijo, resignado, en la conferencia de prensa que dio en Francia cuando se le consultó por la discusión en torno a la suspensión de las PASO y su eventual candidatura. El fastidio fue evidente. Los viajes internacionales descomprimen y la agenda internacional es uno de los mayores logros de Fernández, pero las tensiones domésticas siguen ahí.

 

Acorralado por las declaraciones públicas de sus socios mayoritarios, el Presidente se ve obligado a dar permanentes muestras de autoridad y fortaleza. La discusión por las PASO, un recambio de gabinete, una medida económica, un acto peronista... todo cae en el agujero de la guerra interna.

 

Sobre la hora, Fernández se trajo de Indonesia otra buena noticia. Kristalina Georgieva se deshizo en halagos hacia la “disciplina” del Gobierno – en particular, del equipo de Sergio Massa - en el cumplimento del acuerdo y prometió que, en su próxima reunión de directorio, el Fondo Monetario Internacional (FMI) tratará el tema de los sobrecargos y empezará a negociar con Argentina lo que Fernández instaló con perseverancia bajo el nombre de “el pecio de la guerra”. Se trata de los dólares que el país perdió como consecuencia de la invasión de Rusia a Ucrania, que generó aumentos en el costo de los alimentos, la energía y los fertilizantes. Este año serán unos cinco mil millones. El Gobierno espera que esa negociación derive en una flexibilización de las metas del acuerdo, algo que daría aire de cara al año electoral. La reunión iba a celebrarse en el hotel The Apurva Kempinski, pero finalmente se hizo en el Meliá, donde se alojó el Presidente. Georgieva se acercó hasta allí por pedido de la delegación argentina, para evitar que Fernández se trasladara demasiado por Bali, donde el calor es sofocante.

 

Sin la agenda internacional, la interna estará esperando a Fernández cuando llegue a Buenos Aires. Resta saber en qué nivel de intensidad.