28|11|2021

"El que maneja la mosca" para subir a las pymes a la reactivación

25 de septiembre de 2021

25 de septiembre de 2021

Hizo política con Cafiero y llegó a la Secretaría del sector con Kulfas, dos apuntados por CFK. Maneja millones en créditos subsidiados. Riesgo mata liquidez. 

Últimos días de agosto. El Gobierno todavía no perdió las PASO por paliza y sus funcionarios y funcionarias empiezan las recorridas por el Día de la Industria. En Armstrong, Santa Fe, el secretario de Industria, Ariel Schale, pinta para ser la figura principal del Ejecutivo en un acto en la fábrica de maquinaria agrícola Crucianelli, pero otra figura asoma y José De Mendiguren, el industrial que preside el Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE), informa: “Este, de verdad, es el que maneja la mosca”. A su lado, Guillermo Moretti, vicepresidente de la Unión Industrial Argentina (UIA) por Santa Fe, repite: “Es el que maneja la mosca y la maneja en serio”.

 

Quien está sentado sobre una montaña de dinero es el secretario de la Pequeña y Mediana Empresa (Sepyme), Guillermo Merediz. La dependencia del Ministerio de Desarrollo Productivo multiplicó su presupuesto por 30 entre 2019 y 2021 y se convirtió en un puntal de la gestión con las empresas, a fuerza de más de 30 programas de créditos subsidiados. Para 2022, el proyecto de ley de Presupuesto prevé partidas por más de 115.000 millones de pesos para financiar a pymes y emprendimientos. El funcionario tiene el reconocimiento de empresas y cámaras sectoriales y atraviesa las turbulencias internas del Gobierno con lealtades a dos de los ministros más apuntados por el cristinismo: Santiago Cafiero y Matías Kulfas.

 

Merediz afinó su vínculo con el exjefe de Gabinete cuando Cafiero era funcionario del gobierno de Daniel Scioli en la provincia de Buenos Aires. Acompañó al ahora canciller en su recorrido por distintos puestos de la administración bonaerense hasta que, a fines de 2015, volvió al llano. Entonces, se acercó a Kulfas. Juntos desarrollaron el Centro Pyme de la Universidad Nacional de San Martín y desembarcaron, con Alberto Fernández, en un Ministerio que, dicen, encontraron vaciado. La gestión de Mauricio Macri había virado la Secretaría hacia el emprendedorismo y, en medio del ajuste general acelerado por el acuerdo con el FMI, había discontinuado líneas de crédito. Hubo, también, una decisión de desalentar a sectores considerados inviables, como el textil, y fomentar reconversiones productivas que no ocurrieron. “La Sepyme es una de las herramientas más potentes de política industrial, en contraposición con las tasas de interés asfixiantes del modelo anterior”, dice Emmanuel Poletto, presidente de la Cámara de la Industria del Juguete. “Hoy generan crecimiento a partir de tasas negativas”, sostiene.

 

Según datos oficiales, existen más de 30 líneas de créditos a Pymes y emprendimientos (muchos de ellos, monotributistas que emplean personal) con las que se distribuyeron casi 660.000 préstamos por $166.800 millones. La asistencia para la cuarentena, con créditos diseñados con urgencia y tasas del 24% anual para salarios, mutó al financiamiento para la recuperación del tejido industrial, dicen en la Sepyme. Hay un trabajo con las cámaras sectoriales para desarrollar líneas de créditos focalizadas en inversión, exportaciones y capital de trabajo, siempre con subsidio de tasas. No hay antecedentes de tanta plata puesta a disposición de las pymes. Si el crédito a pequeñas y medianas firmas cayó 44% en 2019 en términos reales, aumentó 23% en 2020 y 36% real en el primer semestre.

 

La Secretaría busca agilizar el trabajo con los bancos para que los préstamos subsidiados que sirvieron para pagar salarios en el momento del parate se reconviertan a programas productivos. La contra: el largo reclamo de las pymes sobre la dificultad para tramitar carpetas en las entidades financieras. Eso, a pesar de que los recursos del Fondo de Garantías Argentino (Fogar), el fideicomiso que administra el Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE) para respaldar a las compañías en el acceso al crédito, se multiplicaron por 133, desde los 1080 millones de fines de 2019 a los $144.000 millones de 2021. Los del Fondep, el fideicomiso para financiar proyectos de “desarrollo estratégico”, pasaron de $1860 millones a 54.500 millones en dos años.

 

Merediz recorre fábricas, recibe a dirigentes sectoriales y promueve las líneas de créditos en una columna semanal en la TV Pública. Chocó, como el resto del Ministerio, con la nueva conducción de la UIA, presidida por Daniel Funes de Rioja. Promovió a Laura Tuero como subsecretaria y trata de levantar el perfil, algo que le reclamaba Cafiero, desde la Jefatura de Gabinete, antes de las primarias. “Luego de mucho tiempo, las pymes ahora pueden proyectar e invertir y eso es una muestra concreta del proceso de reactivación industrial que estamos protagonizando en nuestro país”, dijo este jueves, en una reunión con titulares de empresas que recibieron créditos del Fondep.

 

Es un trabajo a medio hacer. Los bancos, hiper líquidos, tienen problemas para colocar líneas de financiamiento a tasas negativas a pymes por la falta de interés de las empresas. “Tenemos una línea al 28%, llamamos para ofrecerla y no la quieren”, dice el ejecutivo de un banco público. “Falta estabilizar la economía. Impacta la incertidumbre, por eso el empresario prefiere no tomar riesgos”, convalida Poletto. En Desarrollo Productivo notan que también falta un trabajo proactivo de las cámaras para promover las líneas y asesorar a sus afiliados. Aunque Merediz nota una reactivación: hubo un pico de interés -medido en charlas convocadas por intendentes- hacia fin de 2020; luego una meseta que se profundizó con la segunda ola y un nuevo reverdecer desde mayo. Si se sostendrá en medio de la crisis de Gobierno, es una incógnita.