26|11|2021

Pese al terremoto en Todos, Fernández ratificó en la ONU su política exterior

22 de septiembre de 2021

22 de septiembre de 2021

El Presidente desplegó su conocido juego diplomático: cambio climático, deuda externa y derechos humanos. ¿Cambiar para que nada cambie? 

Luego de los cambios en su equipo de política exterior, Alberto Fernández realizó este martes su segunda participación en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Como debió cancelar su viaje para atender la crisis en el Frente de Todos, remarcó a través de un video grabado los puntos conocidos de su relacionamiento con el mundo: lucha contra el cambio climático, la reestructuración de la deuda externa y la defensa de los derechos humanos. Algunos sectores de la coalición oficialista le reclamaron al Presidente, en público y en privado, que cambie sus políticas más allá de los nombres para revertir el duro presente económico, social y electoral. En lo que respecta a la política exterior, sin embargo, más allá del estreno de un nuevo gabinete, parece que eso no va a ocurrir.

 

“Enfrentamos una triple pandemia: la de la inequidad global, la del cambio climático y la del covid-19. El grito de la Tierra se conjuga con el de pueblos sumidos en la desprotección y el atraso", aseguró el Presidente, que participó por segunda vez consecutiva de forma virtual del evento insignia de la ONU. Además, aprovechó la oportunidad para defender sus políticas de género, especialmente la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo y el reconocimiento de los derechos de la comunidad LGBTIQ+, y reiteró las demandas históricas de la Argentina en el foro: el pedido a Irán de colaboración en la investigación de los atentados contra la embajada israelí y la AMIA y la exigencia al Reino Unido de entablar conversaciones por la soberanía de las Islas Malvinas. Su alocución fue una combinación del pragmatismo nacional histórico con albertismo coyuntural.

 

Su participación había generado expectativa en la previa a raíz de los cambios generados al frente del Palacio San Martín por la salida del ahora excanciller Felipe Solá y la llegada del nuevo, Santiago Cafiero. A pesar de que en un momento se especuló con una posible aparición del propio Cafiero en el video, finalmente Fernández se presentó solo y no mostró intención de generar cambios mayores de rumbo. Como lo ha hecho durante lo que va de su mandato, aprovechó la tribuna más importante de la diplomacia internacional para reafirmar su compromiso con la lucha contra el cambio climático, un modo de responder a un tema que constituye uno de los puntos centrales de la cumbre que se realiza en New York. Según estudios científicos de la propia ONU, la temperatura global podría subir 1,5° centígrados en las próximas dos décadas, una realidad que el secretario general del organismo, António Guterres, calificó como una “alarma ensordecedora” y un “código rojo” para la humanidad. 

 

El gobierno argentino encuentra en este punto un lugar de encuentro con el mandatario de los Estados Unidos, Joe Biden, quien ha hecho de la lucha contra el cambio climático uno de los pilares de su política exterior. Una de sus primeras medidas fue reingresar al Acuerdo de París, principal herramienta internacional en la materia, y crear el puesto de enviado especial para el clima para el excanciller de Barack Obama, John Kerry.

 

Con el desafío de reestructuración la deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI) aún pendiente, Fernández apuesta al buen vínculo con Washington para alcanzar el acuerdo y el clima es un espacio de cooperación a explotar.

 

En este sentido, como ya lo hizo en la Cumbre de Líderes sobre el Clima en abril y en la Cumbre Latinoamericana sobre Cambio Climático hace unos días, Fernández volvió a mencionar la posibilidad de profundizar las negociaciones por la deuda a través de “acciones climáticas”. “Debemos impulsar sistemas de financiamiento sostenibles que promuevan mecanismos de pago por servicios ecosistémicos y el concepto de deuda ambiental”, aseguró. Además, afirmó que el mundo se debe animar a discutir la posibilidad de canjear deuda por acciones climáticas. Es decir, en lugar de dedicar parte de esos recursos al pago efectivo de los reembolsos, destinarlos a acciones concretas para evitar la erosión de la naturaleza.

 

Además, Fernández intentó aprovechar, nuevamente, el contexto regional en su disputa con el Brasil de Jair Bolsonaro. A diferencia del argentino, el brasileño viajó hasta la sede de la ONU para brindar su discurso, pero lo hizo sin estar vacunado contra el covid-19, lo que le generó la crítica de la comunidad internacional. El alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, aseguró que “incluyendo a Bolsonaro” las personas que querían asistir a la cumbre “necesitan estar vacunadas” y que, de lo contrario “no se molesten en venir”. Su nacionalismo de exportación le costó tener que comer pizza de parado en una calle de Manhattan ante la prohibición que existe para ingresar a los restaurantes sin estar inmunizado. En la disputa por el liderazgo regional, el peronista busca aprovechar el aislamiento del brasileño en base a un discurso que Bolsonaro no tiene: la lucha contra el cambio climático.

 

Jair Bolsonaro y su comitiva debieron comer en la calle en Nueva York porque fueron rechazados en los restaurantes debido a su rechazo a vacunarse contra el covid-19.

Como ya es tradición en la diplomacia albertista, los acercamientos a Washington estuvieron acompañados de una equidistancia respecto de Venezuela y Cuba, por un lado, y de Rusia y China, países que le disputan la hegemonía a Estados Unidos en diversos planos. También a diferencia de su vecino, que se refirió al gobierno venezolano como un “régimen dictatorial”, Fernández no habló de Caracas, La Habana ni Managua en una nueva exposición del equilibrio que justifica en la decisión de no entrometerse en asuntos internos de terceros.

 

La disputa hegemónica entre Washington y Pekín es uno de los principales desafíos que atraviesa el mundo y, aunque los principales actores intentan bajar las tensiones discursivamente, en la Casa Rosada entienden que la posibilidad de acercarse a ambos polos a la vez se achica cada vez más y genera más resquemores, por lo cual el equilibrio se vuelve más necesario y difícil. En esa delgada línea intenta caminar el oficialismo desde su llegada al poder y, según estas nuevas señales, así lo intentará seguir haciendo.