07|10|2021

Día 3: de la guerra total a una rosca frenética para salvar la coalición

17 de septiembre de 2021

17 de septiembre de 2021

El oficialismo emparchó puentes para construir un nuevo gabinete. Crónica de una jornada de reunionismo múltiple y un primer sacrificio para descomprimir. 

La parálisis alcanzó a toda la Casa Rosada. En los pasillos y en las oficinas de puertas abiertas, las segundas y terceras líneas del Gobierno, empleados administrativos y personal no jerárquico esperaron novedades con la misma incertidumbre que cualquier ciudadano que camina lejos de la Plaza de Mayo. A media tarde del viernes, con la guerra detonada entre el presidente Alberto Fernández y la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, el nuevo gabinete de Gobierno seguía sin definirse, con la novedad, que se sumó a última hora, de la renuncia indeclinable del vocero presidencial, Juan Pablo Biondi.

 

Biondi fue el principal apuntado por Cristina en la explosiva carta publicada este jueves. El viernes, cuando Fernández aterrizó en la Casa Rosada, fue llamativa la ausencia del vocero en el helicóptero presidencial. El primer mandatario llegó acompañado por el secretario general de la Presidencia, Julio Vitobello, y el secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Beliz. Biondi llegó más tarde, en su auto, y se instaló en su despacho mientras sonaban los nombres de sus posibles reemplazantes. El vocero tiene una relación de amistad y confianza con Fernández que lleva más de una década.

 

Los rumores circularon durante todo el día a viva voz. Mientras el Presidente mantenía reuniones en su despacho, ubicado en el primer piso de Balcarce 50, se barajaban los nombres que asumirían como nuevos funcionarios. En la primera línea de las posibles incorporaciones figuran el expresidente de la Cámara de Diputados Julián Domínguez; el exgobernador bonaerense Daniel Scioli, el exministro de Defensa Agustín Rossi y el exvocero de Fernández durante la presidencia de Néstor Kirchner Eduardo Roust, además de la jerarquización del asesor Julián Leunda.

 

Domínguez es candidato puesto desde hace tiempo a ocupar un lugar ligado a la producción. Trabaja para Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor (Smata) y es autor de la ley que fomenta las inversiones en la industria automotriz. La trabajó junto a Sergio Massa. Scioli viajó a Brasil el lunes tras la derrota de las primarias y espera allí las señales de Fernández. Rossi, por su parte, se tomó unos días de descanso en la Costa atlántica después de las elecciones santafesinas.

 

La situación en la que quedará el renunciante Eduardo de Pedro es un misterio. En el entorno del Presidente entienden que la relación de confianza entre ambos está rota. Los funcionarios que responden al ministro del Interior estuvieron este viernes trabajando en sus oficinas. De Pedro estuvo reunido con Cristina en el despacho del primera piso del Senado. El jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, otro de los candidatos a dejar su cargo, entró y salió al menos dos veces durante la tarde.

 

El Presidente, por su parte, se reunió con el gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela; el embajador argentino en Uruguay, Alberto Iribarne, y el diputado Eduardo Valdés. Fernández también estuvo este viernes con el gobernador de Chaco, Jorge Capitanich.

 

Entre ministerios se movió Massa, que se instaló temprano en la oficina de Alexis Guerrera, el titular de la cartera de Transporte, que responde al líder del Frente Renovador. El ministerio está ubicado en el piso 12 del Palacio de Hacienda, ubicado en Hipólito Yrigoyen y Balcarce, a pocos metros de la Casa Rosada. Massa eligió ese lugar para estar a tiro de cualquier llamado del Presidente sin tener que desplazarse por la Ciudad.

 

Pasadas las 19, los nombres seguían en danza y en la Casa Rosada circulaban las dudas sobre si el Presidente anunciaría el nuevo gabinete el viernes a última hora o la definición se estiraría hasta el lunes. La idea de prolongar la crisis sin definiciones preocupaba al funcionariado de segunda línea, que pedía certezas para los equipos de trabajo. 

 

“Si es un gabinete de unidad deberían anunciarlo Alberto y Cristina juntos, ¿no?”, se preguntaban en un despacho oficial. La postal parece difícil de imaginar, a pesar de que el diálogo entre los dos sectores se reanudó tras la carta de Cristina. En la coalición hay quienes aseguran que las negociaciones habían avanzado de manera positiva el miércoles después de la presentación de renuncias y que Cristina enfureció cuando desde la Casa Rosada trascendió que el Presidente le había aceptado la dimisión a De Pedro. La vicepresidenta acusó al entorno del Presidente de montar operaciones de prensa en su contra. Máximo Kirchner le dijo lo mismo a dirigentes con quienes conversó en las últimas horas. La vice respondió con la carta que se publicó el jueves por la noche y se detonaron las conversaciones, que se reencauzaron este viernes. La renuncia de Biondi dio la primera señal de paz.