05|10|2021

Massa, el mediador: a su juego siempre lo llaman

15 de septiembre de 2021

15 de septiembre de 2021

El tigrense cinturea ante quienes lo quieren jefe de Gabinete. Apuesta a un acuerdo político que ratifique a la coalición. Charla con Máximo K. Votos en fuga.

La Cámpora quiere a Sergio Massa como jefe de Gabinete. Massa no dice nada públicamente, pero intercede entre la Casa Rosada y el kirchnerismo duro. En la tarde de este miércoles de máxima tensión, se encerró con los suyos en sus oficinas de Avenida del Libertador, desde donde manejó todo por teléfono. Solo salió una vez con destino Congreso, donde se reunió con Máximo Kirchner, con quien ya se había sentado largamente en la noche del lunes. El Gobierno, afirman cerca del tigrense, necesita recuperar la paz y la unidad y, antes de que se nombren nuevos ministros o se ratifique a los que están, debe haber un acuerdo político que ratifique la coalición y recomponga la autoridad presidencial. Aseguran quienes lo conocen que el líder del Frente Renovador no piensa en la silla de Santiago Cafiero, que no es el lugar en el que quiere estar y que, antes de cualquier discusión, es imprescindible acordar. Lo insólito en esta crisis es que el último adherente al Frente de Todos es quien hoy se presenta como mediador entre los socios fundantes, el Presidente y la vice.

 

En las últimas horas llovieron señales desde el sector K. Alicia Kirchner pidió renuncias masivas en su gabinete. Andrés Larroque, jefe de La Cámpora, que venía siendo prudente, remarcó que nadie es imprescindible. Tomó sus palabras la ministra de Gobierno de Axel Kicillof, Teresa García, quien supo ser la guardiana del cuórum en sus tiempos parlamentarios cuando Cristina Fernández era presidenta, dijo clarito y públicamente que los ministros bonaerenses habían puesto su renuncia a disposición y repitió las mismas palabras: nadie es imprescindible. Una hora después, Alberto Fernández presentaba la ley de hidrocarburos junto al ministro Martín Guzmán y juntos defendieron su política económica. Antes de que los voceros de Casa Rosara difundieran la gacetilla y fotos del acto, el ministro del Interior, Eduardo de Pedro, presentó su renuncia por escrito y se desató la gran crisis. Un rato después, el massismo avisaba que se juntaría en avenida del Libertador, una decisión planificada para mostrar que los renovadores tienen peso para inclinar la balanza en la coalición gobernante.

 

Los funcionarios propios a los que convocó Massa fueron el ministro de Transporte, Alexis Guerrera; la presidenta de AySA, su esposa Malena Galmarini; su cuñado y director del Banco Provincia, Sebastián Galmarini; el presidente de Trenes Argentinos, Martín Marinucci; el titular del Enacom, Claudio Ambrosini, y el director de Comunicación de Diputados, Santiago García Vázquez.

 

Antes de que arrancara la cumbre, Massa se fue  al Congreso para charlar a solas con Máximo Kirchner. Volvió a su oficina junto con Cecilia Moreau, diputada y vicepresidenta del bloque del Frente de Todos. En la avenida del Libertador se les sumó el presidente del BICE, José Ignacio de Mendiguren. Para separar la institucionalidad de lo partidario, Massa prefirió juntar a su tropa en la sede porteña de su partido y no en el despacho que ocupa como Presidente de la Cámara de Diputados, dos pisos debajo de la oficina del hijo de CFK. Después de que se fue del Congreso, el kirchnerismo dejó trascender la llamada de la vicepresidenta al ministro de Economía, Martín Guzmán, a quien le habría transmitido que no es su intención pedir su renuncia. Un mensaje seguramente orientado al Círculo Rojo y a los mercados para evitar una hecatombe mañana.

 

La lectura del massismo, que tiene intenciones electorales dañadas por la derrota del domingo, es que la coalición debe potenciarse para llegar al 14 de noviembre y seguir en el Gobierno por dos años más. "Los chicos plantearon una dinámica que Alberto no aceptó", decía un dirigente massista durante la crítica tarde en referencia al vínculo entre La Cámpora y el Presidente. De Pedro, a quien el jefe de Estado siempre dijo que lo quería en su equipo, quedó al frente del bando contrario, con su jefa política. 

 

Las cartas y renuncias cayeron mal en todo el arco no K, aún cuando no faltan las críticas por los errores del Presidente. "Alberto tiene que tener centralidad, hay que recomponer su autoridad, tiene que haber una síntesis y equilibrio en una coalición de tres cabezas", aseguraban al caer la noche en el massismo componedor. 

 

En el Conurbano, donde ayer el Presidente comió asado con intendentes de la Tercera y Primera Sección (en la que no estuvo Kicillof, según cuentan por cuestiones de índole personal) y adonde hoy fue en helicóptero para almorzar con el paceño Mario Ishii, no pocos apuntaron: "Cada minuto de crisis, perdemos más y más votos". Massa no oculta sus intenciones de frenar esa sangría para recuperar caudal político.