25|10|2021

"Queremos darle una representación popular al PRO"

24 de agosto de 2021

24 de agosto de 2021

La ministra de Desarrollo porteña viene del peronismo, militó con los curas villeros y se considera "cada vez más feminista". Territorio para Larreta 2023.

María Migliore es el nexo de Horacio Rodríguez Larreta con los barrios populares, la espada que eligió el jefe de Gobierno porteño para recuperar la confianza de las comunas que le resultaron adversas en las últimas elecciones. La ministra de Desarrollo Humano y Hábitat es politóloga recibida en la UCA y cita a Letra P en el patio de comidas del barrio Rodrigo Bueno, al lado de la Reserva Ecológica y muy cerca de los terrenos en los que se planea la construcción de un emprendimiento inmobiliario de la mano de Irsa. En ese espacio gastronómico, dice Migliore, se come el mejor ceviche de la ciudad. 

 

La ministra se mueve cómoda en la zona sur, donde teje su agrupación política La Popular –con intenciones de que se transforme en la pata territorial del PRO- y trata de inyectar peronismo y, a la vez, balancear el discurso de los halcones de Juntos por el Cambio. “Estamos buscando darle una representación popular a nuestro espacio”, explica la referente. Está convencida de que JxC es “la mejor alternativa para transformar de manera estructural algunas cuestiones sociales” pero, admite, le hace falta “una apertura más amplia hacia esos sectores”: “Que sean parte de nuestras decisiones, para que sean parte de nuestro imaginario”. Además de sus bases en algunos barrios populares de la Ciudad de Buenos Aires, La Popular –que estrenó bandera el 8M por el Día Internacional de la Mujer y el 24 de Marzo en el día de la Memoria, en este caso, en el barrio Juan XXIII- acaba de inaugurar un local en Bahía Blanca. Todo parece alinearse con las aspiraciones del actual jefe de Gobierno porteño. “Falta mucho todavía para 2023, pero creo que Horacio sería un gran candidato a presidente”, ratifica Migliore.

 

La urbanización de “la Rodrigo Bueno” es un ejemplo de la integración urbana en la que cree Migliore y que, según sostiene, es uno de los objetivos de Rodríguez Larreta. “Si hoy estamos acá, en este entorno, es porque hubo y sigue habiendo una decisión política muy fuerte de meternos en estos temas, de agarrar estas problemáticas y tratar de construir modelos nuevos en pos de la integración”, explica la ministra y ejemplifica con la sanción de la Ley de Economía Social y Popular, en diciembre del año pasado, y “el avance en su implementación: eso  muestra que hay voluntad por abordar esta agenda”.

 

Muy cerca del barrio por el que camina con Letra P, está la parcela costera de 70 hectáreas (la ex-Ciudad Deportiva de Boca) que pertenece a Irsa y donde se planea la construcción de un emprendimiento inmobiliario a pesar de la oposición de varias organizaciones políticas y ambientalistas. Para la titular de Desarrollo, se trata de un predio que está en desuso y que, “mientras pueda ser utilizado de manera que la ciudad gane un parque, es positivo avanzar en esa línea”. “En el masterplan hay una parte que va a estar ocupada por viviendas o emprendimientos privados, pero hay una parte muy grande que va a destinarse a un parque público y, en términos de integración del barrio, todo lo que colabore para que la zona se siga consolidando va a ayudarnos a que este barrio pueda afianzarse como un polo turístico gastronómico nuevo, que así es como pensamos este proyecto”.

 

Para la ministra, que nació en Bella Vista, estudió en una escuela de monjas y empezó a militar en el peronismo y con los curas villeros, salir de su oficina ubicada en los terrenos del ex-Elefante Blanco para recorrer los barrios populares o visitar a la gente en situación de calle es muy habitual. En este caso, vino a ver la demolición de algunas de las casas más antiguas que permitirá la construcción de calles de asfalto como las que ya existen en la zona urbanizada y, posteriormente, la construcción de un paseo que transforme el lugar en una zona turística al estilo de Caminito, en La Boca. “La dimensión urbana es fundamental para la sustentabilidad de los proyectos y esto significa, por ejemplo, hacer las calles con los anchos necesarios para que puedan circular los colectivos, que la infraestructura sea hecha como la prestataria lo indica para que después todo el mantenimiento pueda hacerse y que puedan garantizarse los mismos servicios que en cualquier otro barrio. Y también está la dimensión socio-productiva que tiene que ver con pensar cómo vamos a mejorar y fortalecer el trabajo de quienes viven en estos lugares”, dice.

 

-¿Cómo afectó la pandemia este proceso?

 

-Hay dos dimensiones que cruzan este abordaje: una que tiene que ver con reconocer la identidad cultural de cada comunidad, porque, si bien bajo la definición de quién vive en un barrio popular entra muchísima gente, es muy diferente la comunidad de este barrio que la del barrio 31, que la del 20. Entonces, reconocer toda esa historia y que el Estado le dé voz a ese proceso, por supuesto, garantizando los derechos que tiene que garantizar, pero poniendo en valor también todo lo positivo que sucede en estos lugares y la participación, que tiene que ver con generar mecanismos que capten y pongan en el centro a los vecinos y las vecinas de toda esta transformación. A partir de esta mirada y de haber tenido un trabajo previo, fue posible también llevar adelante la gestión de la pandemia con las comunidades de una manera integral. No es que conocimos los barrios a partir de la gestión de la pandemia, sino que ya había un entramado bien consolidado entre el Estado, las distintas organizaciones sociales, los vecinos, los delegados, todas las organizaciones, la sociedad civil. Eso nos permitió montar una estrategia sanitaria que cuidara especialmente a quienes viven en estos barrios.

 

Migliore es, también, el nexo con los movimientos sociales que desbordan la General Paz. Ella tiene diálogo “muy fluido” con Juan Grabois y con Esteban “Gringo” Castro, de la UTEP. El trabajo conjunto durante la pandemia, dice, es un ejemplo, más allá de los desacuerdos. “Priorizar y acordar en pos de un objetivo común para solucionar una situación muy crítica y muy desafiante” fue el objetivo y la puesta en marcha de los dispositivos de contención de la emergencia sanitaria se logró, recuerda, “con mucho consenso y mucho apoyo comunitario de todas las organizaciones de base”.

 

Feminismos y obstáculos

-Las más perjudicadas por la pandemia son las mujeres y la crisis de los cuidados está más a la vista que nunca. ¿Qué políticas públicas hay en este sentido?

 

-Tenemos que seguir profundizando la oferta de cuidado general. La Ciudad acaba de lanzar un mapa de cuidados que sistematiza toda la oferta existente, que es bien amplia, porque muchas veces la información no está disponible. Tenemos que seguir fortaleciendo esa política de instituciones que cuidan, pero, también, hacernos la pregunta sobre cómo el mercado laboral, por ejemplo, flexibiliza algunas cuestiones en pos de que sea más fácil cuidar. Un buen ejemplo de la Ciudad es el régimen de licencias. Hay que ampliar las licencias para los hombres, naturalizar que los hombres tienen que estar también a cargo de tareas de cuidado y así seguir integrando.

 

-¿Registra obstáculos en su carrera política por razones de género?

 

-Sí, un montón. A todas las mujeres siempre nos cuesta un poco más o tenemos que demostrar más solo por el hecho de ser mujeres. Cuando era gerenta general del Instituto de Vivienda, con el rubro de la construcción me costó mucho validar mi figura.

 

-¿Por qué?

 

-Primero, mucho prejuicio: me sentaba en una reunión y la desvalorización era absoluta. Me preguntaban: “¿No viene tal de tu equipo, que depende de vos?” Y yo tenía que aclarar que podían hablar conmigo, una subestimación constante. Cuando teníamos que pelear ciertos contratos de obra, asumían que no entendía, que no sabía, y eso genera un sobreesfuerzo muy grande a la hora de gestionar. Gran parte se cambia con que más mujeres lleguen a puestos de decisión, pero también hay que poner en crisis muchas dinámicas de la política de manera constante.

 

Migliore forma parte de un grupo de mujeres que nuclea a las integrantes del gabinete de la Ciudad y de una red que reúne, además, a todas las subsecretarias del Gobierno porteño. Se organizaron hace dos años para “potenciar la voz de todas las mujeres que estaban cotidianamente tomando un montón de decisiones en el gobierno”. La ministra cree que hay pasos concretos, como la incidencia en el armado de listas y la necesidad de que haya más mujeres en el gabinete, pero que falta mucho. Otro de los avances, destaca, es la decisión de que en toda reunión en la que se tomen decisiones importantes de gobierno debe haber al menos una mujer sentada a la mesa.

 

-¿Se considera feminista?

 

-Con el tiempo, cada vez más. Tuve una historia en la que le agradezco mucho al feminismo lo que me ha ayudado a deconstruirme, a reentenderme, a repensarme, sobre todo a lo largo de estos años de mi transitar político. Por muchas mujeres que me fueron abriendo camino y me acompañaron en mis procesos, puedo estar donde estoy, puedo resignificar lo que es una mujer haciendo política y mi maternidad. Es una bandera que cada vez abrazo con más fuerza.

 

-Usted viene de un ambiente conservador.

 

-Sí, vengo de una tradición más conservadora, de una experiencia muy linda y muy viva de iglesia. De hecho, mi manera de entender la cuestión social en gran parte fue trabajada y madurada en distintas experiencias de iglesia, desde el colegio con el que fui a caminar en los barrios populares de la ciudad. Tengo una mirada crítica de la institución, pero está presente en muchos contextos donde otras instituciones fallan y eso lo reconozco.