02|9|2021

02 de abril de 2020

02 de abril de 2020

En la crisis por el coronavirus, los curas de Bergoglio ganan espacio en la tropa albertista. Antes, convivieron con el macrismo. La grieta con los OPP, la opción K de las sotanas.  

A raíz de la emergencia sanitaria y social por el coronavirus, los curas villeros están teniendo un fuerte protagonismo en los asentamientos porteños y del conurbano bonaerense, donde desde hace más de una década, inspirados por Jorge Bergoglio, viven junto a la realidad de desamparo y carencias de los vecinos.

 

Allí, no sólo celebran misa, atienden los comedores comunitarios o dan apoyo escolar a los niños pobres, sino que le ponen el cuerpo a un contexto barrial muchas veces violento y viciado por el poder narco.

 

Ahora, ante la emergencia por la pandemia, estos sacerdotes transformaron las capillas de las villas en albergues para recibir a los adultos mayores que no pueden cumplir el aislamiento preventivo hacinados en casillas precarias o para ponerlas a disposición de las autoridades en caso de un colapso del sistema sanitario.

 

Estos curas, considerados “políticamente incorrectos” tanto dentro como fuera de la Iglesia, llegaron hasta el presidente Alberto Fernández para advertirle que en esta crisis la paz social en los barrios populares dependerá del refuerzo de la asistencia alimentaria y económica por parte del Estado. Fue una reunión clave en Olivos, donde el primer mandatario se comprometió a que la ayuda llegará a “todos” y donde grabó un mensaje junto con ellos animando a la unidad y a la solidaridad, en el que también rezó un Padrenuestro, para luego difundirlo a través de su cuenta en Twitter.

 

 


El Presidente quiere a los curas villeros como “aliados”, tanto en la actual contingencia sanitaria como en la lucha contra la pobreza que se viene. Se los transmitió personalmente en el santuario San Cayetano de Liniers durante la campaña electoral y volvió a hacerlo ahora.

 

Fernández tampoco excluye de sus estrategias de contención social de los sectores más vulnerables a los denominados “CurasOPP” (en la Opción por los Pobres), otro grupo de clérigos con una impronta similar, pero con distancia de base política de los curas villeros.

 

Los OPP, abiertamente identificados con el kirchnerismo y críticos a ultranza de la gestión de Cambiemos, les apuntan a los villeros por su “buena relación” con Stanley y Vidal.

LOS UNOS Y LOS OTROS. La concepción de las audiencias con el jefe de Estado marcó el diferente peso político que ostentan. Unos, con el padre José María “Pepe” Di Paola como referente más conocido, y los otros, liderados por sacerdote quilmeño Eduardo de la Serna.

 

Mientras que los curas villeros fueron convocados el 25 de marzo por el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, para que el Presidente conociera de primera mano la realidad de los asentamientos urbanos frente a la crisis por la pandemia; los CurasOPP fueron recibidos por Fernández tres días después a raíz de un pedido de audiencia con el mismo propósito gestionado por el diputado nacional Eduardo Valdés.

 

Aunque esta distancia conceptual no suele salir a la luz, menos en un momento de crisis como éste, en el que suman esfuerzos, puertas adentro de la Iglesia hubo algunos roces verbales.

 

 

Gestión Valdés. Los OPP con Fernández, en Olivos.

 

 

Los OPP, abiertamente identificados con el kirchnerismo y críticos a ultranza de la gestión de Cambiemos, les apuntan a los villeros por su “buena relación” con la ministra de Desarrollo Social Carolina Stanley y la gobernadora María Eugenia Vidal durante la presidencia de Mauricio Macri.

 

En tanto, los villeros le atribuyen a los OPP adoptar posturas “extremas”, ir al choque y no apostar al camino del diálogo para consensuar políticas sociales con las autoridades. Y se defienden de las acusaciones de sus pares –según sus voceros- alegando que ellos predican un “apartidismo eclesiástico” necesario a la hora de hablar con “el Estado y no con los gobernantes de turno” para conseguir mejores condiciones de vida para las barriadas populares.

 

La realidad eclesiástica marca, sin embargo, que los curas villeros tienen más peso específico y se han convertido en los últimos años en la voz de la Iglesia en materia social, incluso por encima de muchos obispos.

 

No le sacan el cuerpo a los temas más candentes: emergencia en adicciones y social, despenalización del consumo de estupefacientes, aborto, violencia de género, endurecimiento de leyes migratorias, baja de la edad de punibilidad, integración urbana de los barrios...

 

 

Potegido. Bergoglio y el padre Pepe, cara más visible de los curas villeros.

 

 

BERGOGLISMO PURO. Di Paola, o simplemente el padre Pepe, es la cara más conocida de este grupo, porque fue el sacerdote a quien Bergoglio protegió tras las amenazas de muerte por parte de las mafias del narcomenudeo en la Villa 21 del barrio porteño de Barracas. Corría 2009 y las relaciones del kirchnerismo gobernante con el entonces arzobispo eran tirantes. No obstante, un funcionario le puso protección al cura.

 

Tras un tiempo de “aislamiento preventivo” obligado en Añatuya (Santiago del Estero), Di Paola volvió al conurbano bonaerense, más precisamente a la Villa La Cárcova, de José León Suárez.

 

Los villeros les atribuyen a los OPP posturas “extremas”, ir al choque y no apostar al diálogo para consensuar políticas sociales con las autoridades.

Entre los curas villeros también hay un obispo. Se trata de Gustavo Carrara, colaborador del cardenal Mario Poli en Buenos Aires, quien prefiere seguir viviendo junto a los vecinos en la capilla de la Villa 1-11-14 del Bajo Flores porteño.

 

Pero los nombres son muchos: Lorenzo 'Toto' De Vedia (Villa 21-24), Carlos Olivero (Villa Zavaleta), Guillermo Torre (Villa 31), Juan Isasmendi (Villa 1-11-14), Basilicio Britez (Villa Palito-La Matanza), Nicolás Angellotti (Puerta de Hierro y San Petesburgo-La Matanza) y Joaquín Giangreco (Villa Trujuy-Moreno), entre otra veintena de la región metropolitana de Buenos Aires.

 

Todos tienen como modelo al obispo Enrique Angelelli, mártir de la dictadura militar, y al padre Carlos Mugica, asesinado en 1974 por su opción preferencial por los más desprotegidos. Son seguidores incondicionales del papa Francisco, por lo que su compromiso pastoral los lleva a buscar que se logren las tres T (tierra, techo y trabajo).

 

Los vecinos los conocen “por los zapatos”. No son ajenos a ellos, viven su misma realidad.