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El golpe blando del Estilo Fernández

El affaire Berni puso en foco su liderazgo. El Presidente desmonta el modelo K con una apuesta a la persuasión y al poder colegiado. No quiere otro “ismo” y se mira en el espejo uruguayo.

Por 13/02/2020 17:45

Gobernar es persuadir, decía el general Juan Domingo Perón. Y en sus dos meses al frente del Poder Ejecutivo, Alberto Fernández parece haber dado muestras de que, para conducir la coalición variopinta que lo llevó a la Presidencia, piensa aplicar el mensaje del líder del justicialismo al pie de la letra.

Las polémicas por los “presos políticos” y la rebelión de Sergio Berni fueron el ejemplo de la primera turbulencia en el Frente de Todos, en la que Fernández probó su estilo, enfocado en contener, coordinar las diferencias internas y marcar el camino. “Me molesta que digan que tengo presos políticos, porque no los tengo”, cortó el tema de manera tajante el Presidente el lunes, en diálogo con radio Continental.

 

 

Para entonces, había dejado pasar casi sin alterarse varios “desajustes” en el discurso oficial. A mediados de enero, el ministro del Interior, Eduardo “Wado” de Pedro, había pedido públicamente por la libertad de Milagro Sala. “No queremos más presas y presos políticos en Argentina”, escribió en su cuenta de Twitter, al cumplirse cuatro años de la detención de la dirigente social. El episodio se resolvió en la intimidad de la Casa de Gobierno, sin mayores complicaciones.

 

 

 

De Pedro entendió la inconveniencia de emitir una afirmación que choca con el discurso del Presidente, que señaló durante cuatro años y reafirmó después de desembarcar en la Casa Rosada, que en Argentina hubo “detenciones arbitrarias” de dirigentes políticos durante el gobierno de Mauricio Macri, pero que no son presos políticos a disposición del Poder Ejecutivo. La situación se “ordenó” rápidamente y el desacuerdo se dio por terminado.

Pero la discusión se reflotó días después, luego de que el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, siguiera la línea presidencial de las detenciones arbitrarias y fuera cruzado por la ministra de las Mujeres, Géneros y Diversidad, Elizabeth Gómez Alcorta que volvió a proclamar la existencia de presos políticos.

En privado, el Presidente tuvo una primera reacción “comprensiva” con Gómez Alcorta, por haber sido abogada de Sala, a quien Fernández visitó durante su detención en Alto Comedero, en diciembre de 2016. Las primeras líneas del Gobierno, sin embargo, se encargaron de recordar que la ministra ya no ocupa el lugar de defensora y ahora forma parte del gabinete. También, señalaron que la Casa Rosada sigue muy de cerca el caso de la dirigente social, a quien algunos funcionarios sindican como la única de los dirigentes K que fue detenida inicialmente por una actividad política, una protesta contra Gerardo Morales. El Presidente interpeló en privado al gobernador jujeño por la situación de Sala. 

 

 

Pero la polémica escaló en los medios y tres días después -y varias declaraciones públicas de funcionarios mediante- el Presidente perdió la paciencia y decidió cerrar la discusión pública de manera contundente con su intervención radial. “Se hartó”, dijo a Letra P uno de los dirigentes más cercanos a Fernández, que señaló el estilo “comprensivo” del Presidente, comparado con el de otros líderes. “Con Néstor (Kirchner), muchos ya estarían buscando trabajo. Alberto es componedor. Te llama, te termina convenciendo”, apunta. Otro funcionario de primera línea que lo conoce desde hace décadas ilustra el estilo presidencial. “Es muy competitivo, le gusta debatir. Pero más le gusta ganar las discusiones”, dice.

El propio Fernández definió su estilo este jueves, durante una entrevista que hizo en radio Rivadavia. “Tengo un gabinete de gente muy valiosa, que piensa libremente. Esa libertad de pensar hace más rico el gabinete. Después, está claro que el que decide soy yo”, remarcó. Para mediados de esta semana, el affaire de los presos políticos y los desafíos de Berni, se daban por concluidos. "Hay que sentarse, resolver los diferendos y ponerse a trabajar. Eso con Axel (Kicillof) lo estamos haciendo. Cuando vimos que había ruido por debajo nuestro nos sentamos, lo resolvimos y seguimos adelante", dijo Fernández. Poco antes de la entrevista con Rivadavia, el Presidente había compartido un emotivo acto con De Pedro y Gómez Alcorta, en el que se le entregó el DNI número nueve mil a una mujer trans, emitido según su identidad de género autopercibida. Hubo lágrimas y abrazos. Cuentas saldadas. 

 

 

Más allá de las características de la personalidad, en la Casa Rosada entienden que el Presidente se alinea con el tiempo en que le tocó gobernar, a sabiendas de que su llegada al poder se construyó sobre la arquitectura de unidad que armó Cristina Fernández de Kirchner -principal accionista de la alianza- y que incluye al peronismo territorial, los gobernadores, intendentes y el apoyo de aliados y ex exiliados, como Sergio Massa.

“Apela a la persuasión más que al mando. Se apoya sobre la capacidad de coordinar diferentes facciones del Frente de Todos”, dice un hombre con despacho en el primer piso de Balcarce 50. Un dirigente de La Cámpora que mantuvo contacto con Kirchner y dialoga con frecuencia con Cristina describe el estilo Fernández: “Alberto convive bien con un esquema de reparto de poder. Le sale naturalmente”. La convivencia con el poder que todavía detenta la vicepresidenta hace a la esencia de esa construcción. 

Fernández mantiene con cuidado los equilibrios y administra las tensiones con obsesión artesanal. Habla con Cristina vía Telegram "cinco o seis veces al día", la consulta con frecuencia y comparte cenas con ella en Olivos. Las discusiones, dicen en el albertismo, forman parte de la dinámica normal del vínculo entre dos dirigentes políticos de su talla. En los últimos días, el affaire Berni tuvo un lugar central en las conversaciones. El Presidente hizo saber su incomodidad. 

"Es claro que hay distintas partes y Alberto no quiere diluirlas. No quiere crear un nuevo ‘ismo’ dentro del peronismo. No quiere armar el 'albertismo', quiere despersonalizar. Hay que conducir a las partes, a la diversidad”, asegura un dirigente de máxima confianza del Presidente. 

De esa idea surge, explican en el Gobierno, la voluntad de Fernández de institucionalizar el Frente de Todos a la manera del Frente Amplio uruguayo, cuyo estatuto constitutivo requiere, en algunos casos, de mayorías de hasta dos tercios o hasta cuatro quintos de la totalidad de los miembros. En la mesa chica del Presidente apuestan a un giro contracultural: “Alberto va a demostrar que el peronismo puede ejercer el poder de otra manera”.