LA MUERTE DE LIFSCHITZ

El peronismo y JxC saltan a la cancha de la polarización

El exgobernador era la cuña que rompía la grieta en Santa Fe. Su muerte reconfigura el escenario, con un Frente Progresista huérfano y sin opciones.

Miguel Lifschitz era el único dirigente santafesino que, con sólo salir a la cancha electoral comandando al Frente Progresista, lograba llevar a la provincia a un escenario de tercios y romper la polarización entre el peronismo y Juntos por el cambio (JxC). Su muerte modifica el tablero, desdibuja -como mínimo- a la alianza progresista y coloca a los polos como las opciones para la disputa en las urnas.

 

La indefinición sobre su candidatura a senador nacional demoraba los movimientos de la dirigencia no peronista, que, con cautela, observaba los pasos del socialista. El mes previo a su internación, Lifschitz se mostró en recorridas en varias localidades de la provincia y esto hacía elucubrar a macristas y radicales, que ahora se posicionan ante una partida diferente. Por su parte, el peronismo santafesino confiaba en que el socialista pudiera dividir los votos no justicialistas. Ahora, se ve obligado al mano a mano.

 

En rigor, con la muerte de Lifschitz el escenario de elecciones intermedias vuelve a polarizarse en el orden provincial entre el justicialismo y Juntos por el Cambio (JxC) al no haber otro dirigente del Frente Progresista capaz de capitalizar totalmente el enorme arrastre de Lifschitz.

 

Sus números lo posicionaban como el dirigente de mejor imagen. La encuestadora Marketing & Estadística le daba, a nivel provincial, 47 puntos de imagen positiva, asociada mayormente a la capacidad de gestión. En Rosario, su impronta era mucho mayor: la consultora Doxa Data sostenía que el socialista poseía una imagen positiva de casi 60 puntos en la ciudad que gobernó de 2003 a 2011. 

 

Números para el tercio

En las urnas fue infalible. En 2007 fue reelecto con un 57% de los votos como intendente y arrasó en 2011 en la senaduría por el departamento Rosario en lo que fue un impasse interno hasta que le tocó competir por la gobernación, en 2015. Ese fue su triunfo más ajustado: ganó con suspenso por unos pocos miles de votos sobre Miguel Del Sel y por apenas 10 mil votos sobre Omar Perotti. En 2019, impedido constitucionalmente de competir por la reelección, encabezó la lista ganadora de aspirantes a la Cámara de Diputados: sacó más votos incluso que el candidato a gobernador por la alianza progresista, Antonio Bonfatti.

 

Pero el Frente Progresista no podía recuperarse del golpe que fue perder la gobernación después de 12 años a manos del justicialismo. Incluso criticaron su inclaudicable construcción de una tercera vía a nivel nacional que lo tuvo como impulsor de la candidatura presidencial de Roberto Lavagna, que terminó deglutida por la grieta de 2019.

 

El desgaste de la alianza hizo que gran parte del radicalismo pensara en armar un frente no peronista con Juntos por el cambio para exprimir la polarización y que el ancho de bastos fuera Lifschitz. El socialista no terminó de prender y la idea quedó sepultada. Una vez más, la decisión de Lifschitz fue determinante y consolidaba el escenario de tercios. Ahora se verá si el radicalismo rearma aquella chance de una alianza no peronista para definir la representación en el Congreso y se aleja de un socialismo huérfano y poco atrayente. El peronismo mira expectante esa germinación con la certeza de que el mayor elector no competirá y que todo quedará reducido a su capacidad de enfrentar la polarización con las credenciales que puedan demostrar Perotti y el Frente de Todos a nivel nacional.    

 

Otra historia será en las competencias locales, puntualmente en los concejos municipales de Rosario y Santa Fe. La muerte de Lifschitz no tendrá el mismo impacto. Los intendentes del Frente Progresista, Pablo Javkin y Emilio Jatón, mantienen la estructura de poder consolidada y, desde afuera, el peronismo y Juntos por el Cambio tratan de comerle casilleros.

 

La diputada y referente de LLA en Santa Fe Romina Diez.
El presidente de El Salvador Nayib Bukele.

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