08|3|2021

Club de París: otro default en el radar

20 de febrero de 2021

20 de febrero de 2021

Los países acreedores piden que haya acuerdo con el FMI para renegociar la deuda de U$S 2460 millones. El Gobierno espera una autocrítica light del Fondo.

La negociación entre la Argentina y el Fondo Monetario Internacional (FMI) para refinanciar los 45.000 millones de dólares de deuda entró en una meseta hace unas semanas y la posibilidad de que el acuerdo no llegue para mayo es concreta. Si a fin de año el ministro de Economía, Martín Guzmán, había puesto el nuevo acuerdo como punto de llegada de un "puente de estabilidad" cuando la brecha cambiaria amenazó con volar por los aires, la pax cambiaria y las internas del oficialismo cambiaron el desenlace. Con todo, la meta de mayo no es caprichosa: a fines de ese mes, el Estado debe pagarle al Club de París casi U$S2500 millones. Sin acuerdo, esa deuda no se refinanciará. El regreso del default con ese grupo de países ya está bajo análisis.

 

La renegociación de la deuda externa es un Tetris que Economía empezó a jugar con paciencia. Primero, se puso al FMI de su lado para pujar con los acreedores privados. En el Palacio de Hacienda ponderaban por estos días esa estrategia, luego de que bonistas que entraron al canje, enojados por la desvalorización de sus bonos, exigieran en una carta pública un rápido acuerdo con el Fondo que incluya "apetito por el ajuste fiscal". El Fondo presionó para que los privados aceptaran una quita y estirar plazos, para luego, con esa fila de ladrillos eliminada, negociar las condiciones para cobrar sus U$S45.000 millones.

 

En paralelo, Guzmán planteó hace un año a los miembros del Club de París que esa deuda también deberá renegociarse. Desde el vamos, los Estados acreedores condicionaron esa refinanciación al acuerdo con el Fondo. A comienzos de mayo de 2020, el Gobierno oficializó una extensión de plazo para saldar U$S2100 millones con los países, hasta este 5 de mayo. Esa fecha puede estirase algunas semanas más, pero para rollovear, a fines de mayo, los U$S2460 millones, el nuevo programa con el FMI debería estar acordado y refrendado por el Congreso.

 

Sergio Chodos, representante de la Argentina en el directorio del FMI, blanqueó en una entrevista con ElDiarioAr que las negociaciones pueden estirarse. "Uno tiene preferencias, pero también tiene prioridades. Yo preferiría que sea antes de mayo. ¿Es una prioridad? No", cerró. La carta de los acreedores llegó como respuesta a sus dichos.

 

Así, el Gobierno empezó a delinear el escenario de un nuevo default con el Club de París, aunque le quitan peso. "No parece ser un tema tan importante para ellos", dijo una fuente oficial, en relación a los países acreedores, que son los mismos que integran el directorio del FMI. En todo caso, las relaciones del presidente Alberto Fernández con sus pares permitirán acomodar el relato para restarle dramatismo a la posible cesación de pagos.

 

Alemania es el principal acreedor, con casi el 37,4% del total, seguido por Japón (22,3%). Porciones menores se les deben a España (6,7%), Estados Unidos (6,3%) y Francia (3,6%). La Argentina estuvo en default con el Club de París entre 2002 y 2014. Las empresas europeas, sobre todo, siempre lo pusieron como traba para acceder a financiamiento barato de los bancos de desarrollo de sus respectivos países.

 

En este caso no pasaría tanto tiempo para acomodar la deuda con el Club de París, que llegará cuando se acuerde el programa con el Fondo. Consultores de la city coinciden en que el Gobierno ganó aire para cerrar con el FMI, gracias al precio de la soja y a la casi segura ampliación de la cuota del FMI a sus países miembros, por la cual a la Argentina le tocarían otros 3000 millones de dólares que fortalecerían reservas brutas. "Nuestro escenario base es un 'acuerdo light', que no mueve el amperímetro en términos de generar expectativas favorables en el mercado", dijo Federico Furiase, director de EcoGo. "Sería un acuerdo simbólico, para patear vencimientos. Las paridades de los bonos entre 33 y 35 dólares muestran que el mercado descuenta que no habrá un acuerdo que genere confianza en términos de consolidación fiscal y monetaria", agregó.

 

Los próximos pasos

Las discusiones técnicas con el fondo, paralelas a las decisiones políticas, se estancaron en torno a las expectativas de inflación. Como contó Letra P, el FMI espera que el índice de precios de 2021 esté más cerca del 50% que estiman las consultoras que del 29% del Presupuesto. Guzmán prepara sus anunciadas metas plurianuales: objetivos de reducción de déficit y fortalecimiento de reservas para los próximos años. Será la "hoja de ruta" con la que el Gobierno espera acordar con la troika del Fondo.

 

El Ejecutivo espera también que antes de mayo llegue la primera "autocrítica" del FMI sobre el programa que cerró con el gobierno de Mauricio Macri. Será el Ex Post Program Evaluation, una revisión que hacen funcionarios del staff  que no participaron del acuerdo con la Argentina sobre el desempeño de sus pares. Fuentes del Fondo confirmaron a este medio que este informe está en curso, liderado por el noruego Odd Per Brekk. Otras fuentes consultadas agregaron que el proceso está cerca de concluir: en el Gobierno lo esperan, como tarde, para fines de abril. Luego del reporte técnico, la Argentina podrá agregar un anexo con su propia visión de los hechos y el directorio definirá su publicación.

 

Se trata, con todo, de un informe bajas calorías. El Fondo tiene dos auditorías. La "revisión entre pares" del Ex post Program Evaluation y la Oficina de Evaluación Independiente. Los plazos de análisis y publicación de esta última son más largos y sus informes, más críticos. El Gobierno, por ejemplo, no espera que la auditoría en curso diga que el acuerdo con la Argentina incumplió el artículo VI del estatuto del organismo al financiar la fuga de capitales. Eso daría más fuerzas para negociar un programa extraordinario, a 20 años, como quiere una parte del Frente de Todos. El Extended Fund Facility solo permite repagar en diez años y no hay, estatutariamente, opción de más largo plazo. La auditoría del staff sí podría marcar aspectos del programa que no funcionaron y que se usarán para negociar mejores condiciones en lo que viene. Por ejemplo: evitar las famosas reformas estructurales, que hoy nadie discute en el plano técnico.