10|4|2021

La pata eclesiástica del diálogo albertista

18 de febrero de 2021

18 de febrero de 2021

Concertación para la emergencia en manos de un “bendecido” del papa. Convite a los credos, condicionamientos, dudas, reclamo antigrieta e invocación religiosa.

El presidente Alberto Fernández se puso a armar de apuro una mesa social, tal su promesa fundacional ante la Asamblea Legislativa y todavía sin convocar, con el objetivo de dar certidumbres económicas en un escenario electoral y de pandemia “controlada” por la campaña de vacunación. La responsabilidad en el diseño recayó en Gustavo Béliz, un “bendecido” del papa que optó por una primera pata eclesiástica para sostenerla.

 

Antes de la firma del decreto presidencial de creación del Consejo Económico y Social, con fecha incierta que va desde el viernes hasta fin de mes, el secretario de Asuntos Estratégicos y miembro ordinario de la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales vaticana citó a referentes de los credos para adelantarles la intención gubernamental y conseguir el “apoyo espiritual” necesario para sentar a actores diversos a dialogar y alcanzar acuerdos.

 

Mientras tanto, la secretaria Legal y Técnica, Vilma Ibarra, da los últimos retoques al decreto presidencial y el Gobierno negocia contrarreloj con los empresarios y el campo, los sectores más reticentes a consensuar y pactar; los gremios y las organizaciones de la sociedad civil, con una doble prioridad en la mira: precio de los alimentos e inflación.

 

El encuentro con los líderes religiosos fue el 11 de febrero en la Casa Rosada, sin foto ni formalidades, y tuvo la impronta de las tertulias del Opus Dei, a las que Béliz asistía cuando era más joven: presentación del tema-propuesta, coloquio de una hora y media e invocación a Dios en el final. 

 

Ayudado por el secretario de Culto, Guillermo Oliveri, Béliz logró juntar a Jorge Knoblovits (DAIA), Ariel Eichbaum (AMIA), Néstor Miguens (Federación Argentina de Iglesias Evangélicas), Jorge Gómez (Alianza de Iglesias Cristianas Evangélicas de la República Argentina), Aníbal Bachir Bakir (Centro Islámico de la República Argentina) y Marcelo Figueroa (Iglesia Presbiteriana de San Andrés). En tanto, por la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) acudió su vocero, el cura Máximo Jurcinovic.

 

Béliz animó a sus interlocutores a incorporar técnicos eclesiásticos a la mesa de debate, al detallar las cinco comisiones en las que, en un principio, se dividirá el consejo: Educación y cultura del trabajo, productividad e inclusión, cuidado de la comunidad (pobreza, salud...), medio ambiente y ecología y propuestas innovadoras (modernización democrática, tecnología digital...).

 

Los líderes religiosos consultados por Letra P evaluaron la reunión como “meramente informativa” e interpretaron el convite como un pedido de “bendición” a una instancia de diálogo entre actores económicos, sindicales y políticos que suele ser compleja y con antecedentes de fracaso. No se les pidió que sean los “garantes” de la mesa de concertación de emergencia, como ocurrió en 2001 con la Iglesia católica, pero entre los participantes -según reconocieron- quedó sobrevolando esa intención bajo cuerda.

 

Por eso, los líderes religiosos coincidieron en transmitirle a los funcionarios la voluntad de participar de esa instancia siempre y cuando se puedan salvar las grietas y erradicar “el odio y los agravios” al sentarse la mesa de conversaciones. También les requirieron -admitieron- que el Consejo Económico y Social sea una “realidad” y no “puro efecto, puro relato” ante la campaña electoral en ciernes. Los religiosos aspiran a que ese espacio no sea como la Mesa del Hambre, cuyas buenas intenciones se diluyeron en el tiempo.

 

El encuentro de los líderes religiosos con Béliz y Oliveri tuvo una valoración dispar entre los eclesiásticos. Evangélicos y judíos se manifestaron más permeables a aportar equipos técnicos al debate, aunque con condiciones; los islámicos lo consideraron “un primer paso informal”; mientras que desde el Episcopado dijeron que sólo fueron a escuchar, sin otro comentario.

 

El proyecto dialoguista que delinea Béliz responde a la promesa del Presidente de ir hacia un nuevo contrato social que responda de un modo “más colaborativo y cooperativo” a las urgencias de la Argentina que viene. Y con una triada de objetivos de máxima: diálogo, consensos y fortalecimiento de la gobernabilidad democrática.

 

"Quiero desplegar esos cauces, propiciar la llegada de un aire nuevo y renovador. Durante demasiado tiempo nuestra democracia ha estado asfixiada en el microclima de intereses mezquinos, de miradas tecnocráticas o de pujas estériles. Queremos que sea el motor no sólo de políticas de Estado, sino de políticas de la sociedad", planteó el primer mandatario en su discurso ante la Asamblea Legislativa hace casi un año.

 

El plan presidencial es una suerte de hoja de ruta para afrontar la pospandemia, en sintonía con la prédica papal de que “nadie se salva solo” y el reclamo de Jorge Bergoglio para que los gobiernos tomen decisiones de consenso.