12|1|2022

Vota Nicaragua en un simulacro con resultado puesto

03 de noviembre de 2021

03 de noviembre de 2021

Con la oposición perseguida y encarcelada, el presidente Ortega va a una reelección segura. Mi viejo sandinismo ya no es lo que era. La incomodidad de Todos.  

Este domingo, 4.478.334 personas estarán habilitadas para votar en Nicaragua para elegir al binomio presidencial y renovar 70 bancas de la Asamblea Nacional, además de 20 asientos del Parlamento Centroamericano. Ocurrirá en una jornada que, por más que lo parezca, no será democrática. La profundización de la persecución y el encarcelamiento de distintas figuras opositoras hará que en estos comicios no se decida otra cosa más que la reelección del actual presidente, Daniel Ortega.

 

En 2018, cuando estallaron masivas protestas contra la reforma del sistema previsional impulsada por el gobierno que fueron fuertemente reprimidas, se pensó en estas elecciones como una salida a la crisis. Solo quedaron anhelos de aquel deseo: desde mayo, el oficialista Frente Sandinista de Liberación Nacional -heredero de la revolución de 1979- encarceló a un mínimo de 39 figuras opositoras, entre las que se encuentran siete candidaturas presidenciales, y eliminó la personería jurídica de tres partidos. De esta manera, la crisis solo se profundizará.

 

Se presentaron siete fórmulas, pero competirán seis luego de que el Consejo Supremo Electoral le retirara la personería jurídica a la principal fuerza opositora, Ciudadanos por la Libertad (CxL). En este escenario, un solo binomio podrá ganar: el actual tándem gobernante compuesto por Ortega y su esposa, Rosario Murillo. Los demás serán los de la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN); el Partido Liberal Independiente (PLI); el Partido Liberal Constitucionalista (PLC); la fuerza protestante Camino Cristiano Nicaragüense y el Partido Alianza por la República (APRE). Además, la principal candidata opositora, Cristiana Chamorro -hija de Violeta Chamorro, quien venció a Ortega por primera vez en 1990-, está detenida por “gestión abusiva” y lavado de dinero durante su gestión al frente de la fundación que lleva el nombre de su madre.

 

En diálogo con Letra P desde el exilio al que se vio obligado, el analista político nicaragüense Eliseo Fabio Núnez aseguró que la jornada será “un monólogo y un simulacro electoral” que buscará que haya filas en los centros de votación, pero destacó que no se vivirá una “elección democrática”. “Hay mucha tensión y desesperanza, pero lo que más se respira es incertidumbre, porque el pueblo se somete a un gobierno que no tiene un ápice de legitimidad y apuesta a mantenerse por la vía de las armas”, agregó.

 

Este escenario no pasa desapercibido para el mundo, que se distribuye en un juego similar al de Venezuela, pero a menor escala. Mientras gran parte de Occidente observa en Managua una férrea dictadura y rechaza los comicios por no respetar las normas adecuadas a medida que impone sanciones, el eje Rusia-China ve en Ortega aquel líder guerrillero aliado en la lucha antiimperialista. El alto representante de política exterior de la Unión Europea, Josep Borrell, habló de “una de las peores dictaduras del mundo” y el secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, aseguró que la manipulación de las candidaturas deja en evidencia el “deseo” oficialista “de permanecer en el poder a toda costa”.

 

El gobierno de Alberto Fernández no es ajeno a esta discusión. El Frente de Todos queda incómodo frente a las discusiones acerca de los gobiernos “antiimperialistas” del continente entre sus facciones aliadas y opositoras a los mismos. Luego de abstenerse de votar una resolución condenatoria contra Managua en la Organización de los Estados Americanos (OEA), de emitir un documento propio en disidencia y de ser acusado de “instrumento del imperialismo” por parte del gobierno de Ortega, Fernández enfrentará un momento de definición entre reconocer o no los comicios. En esta oportunidad habrá un punto extra: el futuro embajador norteamericano en Buenos Aires, Marc Stanley, criticó la política exterior argentina frente a Venezuela, Nicaragua y Cuba. Según pudo saber este portal, el canciller, Santiago Cafiero, todavía no tiene una decisión tomada al respecto. Tome la decisión que tome, en el Palacio San Martín saben que las críticas van a llegar, incluso desde el exterior.

 

Más de 40 años después de la revolución sandinista, Ortega ha cambiado significativamente. Varias de las personas que lo acompañaron en las armas hoy están detenidas y las premisas sandinistas que iluminaron el continente hoy brillan por su ausencia. “Ortega pasó de ser un autoritarismo estable a conseguir una estabilidad autoritaria y eso lo convierte en una dictadura”, aseguró Núnez en diálogo con este medio.

 

El domingo también será un desafío político para Ortega. Hasta la crisis de 2018, logró tejer una alianza tripartita entre el Estado, representantes del sector privado y la Iglesia, pero la fuerte represión, que dejó un saldo de más de 300 personas asesinadas, la rompió y, desde entonces, ante la falta de otros respaldos, Ortega profundizó la represión y la persecución. Durante las últimas semanas, importantes líderes empresariales han sido detenidos y la Iglesia ha profundizado sus críticas. ¿Cómo gobernará el siguiente mandato? La profundización de la violencia solo traerá más crisis.

 

Además, enfrenta otro desafío personal: el futuro de su gobierno más allá de 2026. “Lo que va a intentar es consolidar la sucesión. Va a tratar de tener lista a Rosario Murillo como sucesora”, anticipó Núnez. Esta jugada, según el analista, generará la resistencia de “las bases y el establishment sandinista”, que no ven en la esposa del presidente una líder del movimiento. “No hay que olvidar que Ortega es el convergente sandinista y que Murillo es más bien el divergente”, explicó el analista y pronosticó importantes disputas internas en el oficialismo para los próximos años.

 

El domingo a la noche, Ortega saldrá a festejar a las calles de Managua una nueva victoria del Frente Sandinista, pero será una victoria de papel que no contará con legitimidad ni reconocimiento y no resolverá la crisis nacional.