23|7|2022

#15N El día después de Kicillof

13 de noviembre de 2021

13 de noviembre de 2021

Gobernabilidad, músculo para la interna y destino político. Empate en el Senado para un segundo tiempo en paz. Pulseada con La Cámpora, gabinete y reelección.

En las elecciones legislativas de este domingo, el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, se juega una apuesta fuerte para intentar sumar margen de gobernabilidad de cara a la segunda parte de su mandato y en el inicio de un nuevo tiempo político en el que definirá su destino para 2023.

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La posibilidad de romper la mayoría de Juntos en el Senado de la provincia y al menos empatar la cantidad de bancas de la oposición en esa estratégica cámara es el objetivo más evidente para el gobernador en estas legislativas. 

 

Después de las urnas, Kicillof aspira a poder relanzar su gestión, ya sin la pandemia como centro gravitacional, y para eso necesita más respaldo en la Legislatura, donde hasta ahora la oposición puso el pie encima de cada uno de los proyectos que envió el Ejecutivo a las cámaras y forzó desgastantes negociaciones.

 

El objetivo no es una quimera. Aun perdiendo las elecciones del domingo, el resultado que vaticinan todas las encuestas, el Frente de Todos podría conseguir empatar en 23 las bancas con Juntos en el Cámara alta. Necesitaría, para eso, mejorar un poco su perfomance en el norte y el noroeste del conurbano, donde se enfocaron buena parte de los esfuerzos de campaña, y mantener los números en la extensa Cuarta sección, ubicada en el noroeste provincial. Toda la atención está puesta en la Séptima sección, en el centro geográfico de Buenos Aires, donde el FdT necesita sí o sí llegar al número mágico de 33% para alcanzar el piso y meter a un senador.

 

El escenario legislativo, en términos simbólicos, quedó sin embargo en un segundo plano. Para Kicillof, la elección del domingo marca una bisagra con un nuevo tiempo, una nueva etapa en la que se cifrará su destino político y su futuro en 2023.

 

Llega a las generales del domingo 14 después de algunas de las semanas más difíciles desde que se mudó a La Plata. La dura derrota en las PASO en el territorio que gobierna frente a las dos listas de Juntos desató un terremoto político en el que él y su entorno pagaron costos altos.

 

Pese a haber tenido un rol secundario en el armado de las listas seccionales, donde solo propuso un par de nombres propios y en la que entregó “la lapicera” a La Cámpora, los intendentes y los caciques territoriales, el gobernador no pudo evitar ser una de las caras visibles de la derrota.

 

El desembarco de los intendentes encabezados por Martín Insaurralde y Leonardo Nardini en ministerios claves de su gabinete y el desplazamiento de algunos de sus hombres de máxima confianza, como Carlos Bianco y Agustín Simone a un discreto segundo plano, fue el efecto más visible de ese golpe.

 

El argumento repetido sobre la necesidad de “ganar territorialidad” no logró esconder lo evidente: los cambios representaron un avance de Máximo Kirchner y La Cámpora sobre su gestión, un movimiento que expuso a la mirada pública una pulseada interna que es cada vez más notoria.

 

En este nuevo tiempo que se abrirá después del domingo, el esfuerzo central de Kicillof se centrará en intentar ampliar su base política para que su sostén no dependa pura y exclusivamente del vínculo con la vicepresidenta Cristina Fernández.

 

La relación con intendentes y liderazgos territoriales será clave. Hasta acá, Kicillof y su círculo más íntimo repetían como mantra el argumento de que el empuje de las políticas públicas, las obras y las soluciones a problemas concretos -es decir, “la gestión”- iba a ordenar ese vínculo. Ahora, el gobernador se encontró obligado por la crisis a empezar a pensar su agenda en clave política más que como un mero administrador de la cosa pública bonaerense.

 

En la gobernación hay poca expectativa sobre el domingo en sí mismo. “Si creen que la semana viene difícil, esperen que todavía nos falta verlos a estos festejar el domingo”, se escuchó en las oficinas del primer piso del edificio de calle 6, en La Plata, los despachos políticos más cercanos a Kicillof.

 

Acaso como dicen algunos consultores, en la elección del domingo para el Frente de Todos importe menos el resultado que la reacción de los distintos actores de la coalición el día después. Una crisis a cielo abierto como la de la semana posterior a las PASO podría ser un escenario difícil de superar.

 

Para Kicillof, el primer desafío será resistir lo que para muchos es un claro intento por seguir avanzando sobre casilleros de su equipo de gobierno. Las miradas están puestas en áreas hoy bajo control del ministro de Producción y mano derecha del gobernador, Augusto Costa, como Turismo y Cultura. Según circula desde hace muchas semanas en La Plata, se las sacarían a Costa para convertirlas en ministerios u organismos que pasen al control de La Cámpora o de intendentes cercanos al de Lomas de Zamora.

 

Cerca de Kicillof dicen que eso por ahora no preocupa y, si bien no descartan posibles nuevos retoques en el gabinete, intentan despejar fantasmas de más movimientos que puedan ser leídos como una injerencia o intervención.

 

Todas esas dinámicas se acelerarán el lunes. Para Kicillof se abrirá, con ese resultado electoral, un nuevo tiempo que definirá su proyecto reeleccionista de 2023 y su futuro político.