20|11|2021

Kicillof, Santilli y las clavas en el aire

10 de octubre de 2021

10 de octubre de 2021

Malabares del gobernador para subir la cuesta y fuego a discreción de la oposición. Plan Remontar vs. cautela. Electoralismo sin que se note y final abierto.

Si pausáramos la película de la carrera electoral, el cuadro mostraría a Axel Kicillof en el centro del escenario, concentradísimo, con la lengua afuera intentando mantener las clavas en el aire, y, sentado en primera fila, a Diego Santilli lanzándole piedritas para desestabilizarlo. El éxito o el fracaso del malabar que el oficialismo bonaerense puso en marcha tras la cachetada de septiembre parece depender de varios factores, no sólo de lo que logre mantener en el aire sino también de la valoración que el público haga del esfuerzo del gobierno y, más indescifrable aun, de a qué atribuya aquel el cambio de rumbo de la campaña. Por eso, y más allá del muestrario de las PASO, a cuatro semanas de la función final, a un lado y otro de la grieta reina la cautela.

 

Las estrategias están bien a la vista y la dinámica de la pelea también. Con los cambios de Gabinete y la peronización de la campaña, el Frente de Todos intenta reactivar una militancia que parece no haberse movido lo suficiente para el primer turno electoral. Acaso haya sido la falta de competencia interna y la imposición de fórmulas, como sugieren en despachos oficiales, además de lo poco para mostrar que tuvieron, algo en lo que coinciden dirigentes de todas las tribus. Como sea, las urnas espabilaron y el oficialismo lanzó una batería de medidas para mostrar acción.

 

El anuncio del Gobierno para beneficiar a unos 230 mil estudiantes secundarios a los que se les subsidia el viaje de egreso es una muestra de aquella dinámica de la pelea electoral que tiene las primarias como base: la oposición atacará toda acción del oficialismo tildándola de electoralista. Parte de la pelea pasa ahora por ahí: de un lado, convencer de que se escuchó al electorado y se tuerce el rumbo, pero con objetivos de largo plazo; del otro, que no es más que un manotazo de ahogado.

 

En Juntos están convencidos de que la reedición -o incluso la ampliación- del resultado electoral depende en gran medida de no cometer errores. Por eso se aferran a la estrategia que les dio los dividendos y hacen frente al Plan Remontar del gobierno con una fórmula simple pero que les resulta efectiva: golpear ante cada movimiento del adversario.

 

Como ejemplo, sobra la arremetida de Santilli ante el anuncio de Kicillof, en la que encadenó todos los blancos. Dijo: “Los bonaerenses y los argentinos quieren un cambio de rumbo. Es espantoso el espectáculo que estamos viendo en estas últimas semanas, donde se regalan heladeras y bicicletas. De la noche a la mañana se terminó la pandemia. Hicieron un acto hace pocos días de 40 mil personas donde violaron los propios protocolos que ellos hacen y ahora regalan viajes de egresados”.

 

Es decir, acusa a su adversario de hacer populismo explícito y de bajar las banderas sanitarias -aunque el ritmo de contagio (¡vacunación!) le dé argumentos al oficialismo y su política sanitaria haya sido exitosa toda vez que ningún paciente se quedó sin atención- y agita el acto en el estadio de Chicago como un remake del cumpleaños de Fabiola en Olivos, otro tiro en el pie por el incumplimiento de las normas dictadas por el propio gobierno.

 

Y, de paso, la ironía impudorosa tras los cuatro años de la aventura macrista/vidalista en el poder: “¿Esas son las prioridades del gobierno? (…) Hay que cumplir con los 180 días de clases obligatorios que necesitan nuestros hijos (…) No hipotequemos el futuro de los bonaerenses (…) se podrían haber comprado 150.000 computadoras para estudiar o se podrían haber construido 28 escuelas secundarias”.

 

Viajes de egresados, entrega de escrituras, fondo económico para pymes, inauguración de hospitales, corte de cintas en rutas. Kicillof no para. Es, más que nunca, el estandarte de una campaña modo 2019, cuando gastó las cubiertas del auto de su desplazado jefe de Gabinete recorriendo cada rincón bonaerense. Basta revisar la agenda de sus últimos días para sopesar cuánto le pone el cuerpo el gobernador a la campaña. Lomas de Zamora, Bolívar, Roque Pérez, Saladillo, Mar del Plata, Villa Gesell, sigue la lista de distritos y avanza el cuentakilómetros.

 

La elección de los destinos del interior responde a la lógica del Senado. En la Séptima y en la Quinta sección se eligen representantes para esa cámara. Hay quienes dicen que esa batalla -la de dar vuelta la correlación de fuerzas- es una quimera. Para Kicillof no. Cree que es posible. Saca cuentas, está a tres puntos en la región centro, donde Eduardo “Bali” Bucca juntó a los intendentes y lleva de tiro una campaña que -se quejan por lo bajo- no tiene toda la garra de un sector del kirchnerismo que se siente desplazado de las listas. En la Cuarta confían en poder mejorar y ponen mucha garra en la Primera, la segunda sección más potente, después de la Tercera. Pese a que el control de la cámara que conduce Verónica Magario fue planteado como el gran desafío de este año, PASO mediante miran de reojo Diputados, donde el oficialismo podría perder la mayoría.

 

Con la inclusión -¿a regañadientes?- de representantes de la escudería intendentista en el primer anillo de la toma de decisiones, hay quienes afirman en el Ejecutivo que se activará la militancia de base en los rincones donde van a buscar los votos. La ampliación de esa mesa redobla el compromiso de esos nuevos actores, quienes además necesitan asomar la cabeza por encima de la bruma que dejaron las primarias. Una bruma que se extiende lejos en el tiempo y vuelve sombrío el futuro en las intendencias, el tesoro que nadie quiere perder.