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La quita de recursos a la Ciudad dejó a la oposición capitalina entre el festejo y el cálculo sobre los costos políticos. Dudas sobre cómo recomponer.

Por 15/09/2020 14:41

"Indudablemente, esta medida va a tener impacto sobre nuestro electorado". Así resumió un dirigente la sensación que provocó en la inmensa mayoría de las tribus políticas que habitan el Frente de Todos porteño la decisión presidencial de reducir 1,3% la alícuota de participación federal destinada a la Ciudad.

Esa impresión, sin embargo, no se contradice con el aval público a la decisión de Alberto Fernández brindado por el bloque de legisladores y la dirigencia porteña del FdT que, apenas unas horas después del anuncio, celebraron la creación del Fondo de Fortalecimiento Fiscal de la Provincia de Buenos Aires, el destino de los casi 36.000 millones de pesos que migrarán de un lado al otro del Riachuelo, a costa, incluso, de pagar un alto costo político en la Legislatura y en las proyecciones electorales. 

Las días posteriores al anuncio sumergieron al peronismo metropolitano en un debate sobre el alcance de las consecuencias de la quita en el electorado propio, pero, también, en cómo será a futuro la relación con la tropa de Horacio Rodrígez Larreta, devenido aliado pandémico de Fernández. Entre las diversas posiciones, existieron quienes propusieron mantenerse en silencio frente al anuncio y quienes reclamaron e impusieron sin rupturas un respaldo explícito.

Lo cierto es que el contexto de la rebelión policial, cuya gravedad institucional puso en guardia al oficialismo, sirvió como aliciente para aminorar el impacto de una decisión que daña la estrategia electoral del peronismo porteño o, al menos, lo deja en un lugar de incomodidad frente a su electorado, fundamentalmente porque el recorte ocurrió justo cuando, mediante un amplísimo frente electoral, el peronismo parecía haber encontrado una fórmula moderada para expandir su base de representación local.

 

 

Un dato para no perder de vista es que bajo la candidatura de Matías Lammens, el FdT consiguió su mejor performance electoral en más de una década. Quizás por eso, el ministro de Turismo de la Nación prefirió mantenerse al margen de la polémica como forma de blindar su incipiente y silencioso armado político de cara al año que viene.

Se impone en el peronismo la discusión sobre cuál la estrategia de reducción de daños. El punto de partida es mostrarse consecuente frente al electorado: "Así como nos opusimos en 2016 al aumento discrecional, respaldamos que se desande ese camino", resumen.

En contraste, Mariano Recalde, senador nacional y uno de los pesos pesados del distrito, celebró la decisión y la presentó como una corrección del "injusto privilegio" que Macri le cedió a Larreta hace cuatro años.

De la misma forma en la que ocurrió en la esfera nacional, la dirigencia porteña aclara que no se trató de una decisión intempestiva, sino un tema de conversación permanente entre el Presidente y Larreta durante los últimos meses. El larretismo, en cambio, actuó como si no hubiera existido una previa y calentó como nunca la discusión durante la última sesión de la Legislatura, el último jueves.

Ahora, se impone en el peronismo la discusión sobre cuál la estrategia de reducción de daños. El punto de partida es mostrarse consecuente frente al electorado: "Así como nos opusimos en 2016 al aumento discrecional, respaldamos que se desande ese camino", resumen.

Al mismo tiempo, buscar una mayor coordinación con el gobierno nacional para afinar un discurso que se aleje de la denuncia de "opulencia porteña" y ponga blanco sobre negro los abultados aportes que hace (¿y hará?) la Nación en la Ciudad.

En este último punto se enmarca la mención explícita de los 47.000 millones de pesos volcados en a través de los ATP, el Ingreso Familiar de Emergencia, los bonos a jubilados, pensionados y AUH, los créditos subsidiados para empresas, monotributistas y autónomos y la implementación del Plan Detectar, entre otras medidas mencionadas en el comunicado del bloque de legisladores del FdT. 

 

 

En el peronismo metropolitano dan por sentado que el recorte de recursos impactará en obras de infraestructura y que, además, podría reavivar el intento oficial de hacer un ajuste del gasto incluido inicialmente en la ley de Emergencia Económica y Financiera aprobada en mayo en la Legislatura como respuesta a la pandemia.

Así y todo, no dramatizan la situación y desestiman un punto de no retorno, porque saben que buena parte de las aspiraciones políticas del jefe de Gobierno se juegan en cómo termine la crisis sanitaria el Área Metropolitana de Buenos Aires.

Ese territorio común entre la Ciudad, la Nación y la provincia de Buenos Aires, que en los últimos meses se transformó en la sigla de acuerdos tripartitos entre los oficialismos, podría convertirse ahora en el escenario donde se teatralice una desescalada a partir del anuncio de obras que involucren a las tres administraciones. Otra arista posible de recomposición será el futuro de la reforma judicial, que contempla el traspaso a la Ciudad de funciones judiciales, cuantiosos recursos incluidos. 

Ese equilibro definirá probablemente si la tensión provocada por la medida termina de convertirse en la bandera de campaña de un bando y en un verdadero escollo electoral para el otro.