TENSIÓN EN EL AMBA

En la calle y en los medios, Larreta se juega todo para evitar otra fase 1

Aplicó un raid mediático, incorporó la palabra "libertad" para acercarse a su electorado y generó un ejército propio para mostrar presencia en la Ciudad.

La conferencia con la que Horacio Rodríguez Larreta anunció la flexibilización de la cuarentena en la Ciudad duró poco más de 20 minutos. Al cierre de esa exposición, el jefe de Gobierno destinó una hora y media a atender a programas de radio y televisión para entrevistas previamente acordadas. A esa jornada le siguió un raid mediático que le ocupó todo el fin de semana y fue pensado para forjar una premisa: la defensa de la "estabilización" de la curva de contagios de coronavirus en territorio porteño para mantener el plan de reapertura y evitar un regreso a la fase 1. 

 

Este arco narrativo es un engranaje clave del operativo que encaró Rodríguez Larreta para despegarse de la tripla alianza del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) que lo une con Alberto Fernández y Axel Kicillof. Una estrategia en la que, sin romper los vasos comunicantes con ambos gobiernos, busca posicionarse como el gobernante que exhibe un plan a futuro.

 

En el anuncio tripartito de Olivos y en todas las entrevistas que concedió se refirió la "libertad" como uno de los principios rectores de su plan de apertura del confinamiento. Sin resquebrajar la coordinación de la gestión sanitaria, el jefe de Gobierno esquiva cualquier cruce con Fernández y Kicillof, pero con este concepto buscó acentuar su despegue. En su línea discursiva, lo marca como la idea de reabrir la Ciudad para que vuelva la normalidad a los porteños, pero también implica un guiño hacia el sector más radicalizado del electorado PRO, que pide a gritos una separación del peronismo y denuncia la voluntad del Gobierno de usar la cuarentena para restringir libertades, incluso con marchas que rompen el aislamiento obligatorio.

 


Desde este martes, Rodríguez Larreta saca a todos los funcionarios de su gobierno a la calle para controlar el cumplimiento del aislamiento, legisladores porteños incluidos. Esto implica controles sobre el desarrollo de las actividades físicas y salidas recreativas de niños y niñas hasta recorridas por zonas comerciales para informar sobre el respeto al distanciamiento en locales y las filas de clientes que deben hacerse en las veredas. El objetivo es mostrar presencia del gobierno porteño en los barrios y concientizar sobre la "responsabilidad individual" para que siga en marcha el plan de nuevas habilitaciones y permisos por etapas.

 

El jefe de Gobierno machacó con ese concepto en todas las entrevistas que concedió. La continuidad o no del guión de apertura gradual de la economía porteña depende, según sostienen en Parque Patricios, tanto de la evolución de los indicadores sanitarios como de que cada vecino no extralimite sus permisos.

 

 


El pedido de Rodríguez Larreta a sus funcionarios es simbólico, porque un asesor parlamentario no tiene poder de policía y su función se limitará a aconsejar y asesorar en el terreno. El mensaje es claro: si hay un relajamiento de las prácticas y cuidados, todo el plan de reapertura, con sus permisos y obligaciones sanitarias, se desmorona. La presión política, social y económica que pujó para avanzar con el fin de la cuarentena estricta, incluso con un alza de contagios, se le puede volver en contra en cuestión de días y forzar un nuevo repliegue.

 

Un paso en falso y todas las miradas recaerán en cómo el gobierno porteño administra su nueva fase de aislamiento. Aunque Kicillof y Rodríguez Larreta acordaron una cuarentena diferenciada, el gobierno bonaerense mira con desconfianza la apertura capitalina. "Les encanta hablar de la Ciudad", se ataja un funcionario porteño.

 

El expresidente planea reorganizar las sucursales del PRO en la provincias. En Córdoba, jugará con Soher El Sukaria.
Pablo de la Torre y Sandra Petovello.

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