DETRÁS DE ESCENA | VICENTIN

El puente Olivos-Washington, contracara de la "venezuelización" en debate

Desde las PASO, el Gobierno edificó un vínculo con el capital estadounidense, que apoyó la renegociación de la deuda y no se agitó con la expropiación.

“Nuestro modelo es pragmatismo y racionalidad”. Hace menos de un mes y en reserva, el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, se reunió con la cúpula de la cámara de empresarios estadounidenses AMCHAM y reforzó los lineamientos generales de la política de Alberto Fernández. Desde el triunfo en las PASO de 2019, el Gobierno viene edificando una identidad propia respecto a la relación con el capital americano. Más allá de la pirotecnia mediática y la idea de un agrupamiento a la “venezolana”, tanto el Presidente como  Cristina Fernández de Kirchner, tienen hoy una relación con las empresas estadounidenses radicalmente opuesta a la existía en los años de la hoy vicepresidenta a cargo del Ejecutivo. Esa posición tiene anuencia del binomio y un puñado de funcionarios políticos y económicos trabajando en poner los ladrillos de la apertura ideológica de manera ordenada.

 

Así, el Gobierno consiguió un flanco de negociación y diálogo que no alineó a los estadounidenses con la política oficial, pero sí los puso a pensar de una forma distinta. Dos hitos que son producto de esto: la posición de AMCHAM con la deuda y la cercanía con el ministro de Economía, Martín Guzmán, y la reciente opinión sobre la expropiación de Vicentin.

 

Díaz, ceo de AMCHAM. 

 

 

A mediados de 2019, el hoy secretario de Industria, Ariel Schale, visitó la sede de AMCHAM en un almuerzo que fue el primero de varios posteriores. Allí blanqueó cuál era el perfil económico, político y geopolítico del albertismo. Guzmán y el propio Kulfas siguieron el vínculo con la cámara. El jefe de Producción, uno de los llamados por Fernández para el tour de “desvenezualizar” el caso Vicentin, va consiguiendo algunos logros de fondo. Hace unos días, Alejandro Díaz, el ceo de AMCHAM, consideró en el programa de radio “Es por acá” que no ve “que Argentina vaya en línea con Venezuela”.

 

En AMCHAM se critica, sí, la falta de timing en la decisión y que no haya continuado el concurso, pero están lejos de arrimarse a la idea de que Vicentin es un primer paso de algo sistemático. Una señal concreta en un conglomerado empresario muy acostumbrado a procesos y comunicaciones muy institucionales y acéticas. Para el Gobierno y el peronismo, siempre en tensión con Estados Unidos, el dato no es menor.

 

 

La obsesión de Fernández, que el tema Vicentin no sea visto como un método entre el establishment.

 

 

En AMCHAM conviven firmas de la talla del JP Morgan, Johnson & Johnson, Unilever, Walmart, Chevron, IBM y tantas otras. Naturalmente, no tienen las mismas posiciones, pero el relacionamiento hoy es fluido con todas, sin distinción ni traba ideológica.

 

El ministro Guzmán tiene diálogos habituales con empresarios de esa cámara. ¿Por qué los estadounidenses se prestan hoy a una posición menos confrontativa? Por la misma razón por la que la Unión Industrial Argentina (UIA) moderó al máximo su comunicado sobre Vicentin: a seis meses de gobierno, en recesión y con pandemia, nadie puede prescindir de la vinculación interpersonal, ni el Estado ni los privados.

 

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