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Instalada en la residencia de La Plata, la vicegobernadora combina el trabajo legislativo con su peso en la liga de intendentes. Su rol como ventana a la Gobernación.

“Es tiempo de que los ministerios, el gobernador y los intendentes, cada uno en su territorio, podamos empezar a articular con la comunidad, con los bonaerenses. Lo importante es poder articularlos”, dice Verónica Magario. Es la primera vez que habla en un acto en Casa de Gobierno en el que está Axel Kicillof. Antes de la pandemia, la vicegobernadora había explicado, en ese mismo lugar, cómo sería el trámite legislativo para que el gobernador pudiera contar con las emergencias que requería. Ahora, acaso por su experiencia, toma parte activa de una acción de gobierno aperturista y de valoración del trabajo territorial. 

Como Kicillof, Magario también pasa la cuarentena en La Plata, en la residencia de la vicegobernación. Es una vieja casona ubicada en 10 y 51, justo en frente del Teatro Argentino. Desde allí, aunque a veces desde su amplio despacho del Senado, comanda la tarea legislativa. La última misión fue llevar adelante la primera sesión mixta -entre presencias físicas y virtuales- para modificar el reglamento interno y habilitar a partir de ahora los debates online del Senado bonaerense. Obtuvo la misma foto que Cristina Fernández de Kirchner en el de la Nación: sobre el estrado del recinto, controlando las pantallas led.
 


La oposición explica que el diálogo con Magario es bueno. A diferencia de aquellos cruces que desde La Matanza activaban contra la gestión de María Eugenia Vidal y viceversa, ahora el vínculo cambió. Uno de los puntos más álgidos fue cuando, de forma indirecta, la exgobernadora intentó poner en agenda la división de La Matanza.

Es su rol en el Senado el que la obliga a apostar al diálogo, más cuando el bloque de Juntos por el Cambio controla 26 de las 46 bancas y, en definitiva, qué sale y qué no. La oposición recuerda aquella negociación por la ley impositiva y el dialoguismo que ofreció Magario. El proyecto que había mandado Kicillof fue modificado y terminó aprobándose un texto en base a las exigencias de la oposición, del que el Ejecutivo diría luego que había perdido el espíritu original. La oposición diría, en cambio, que se trabajó en base al consenso y que en la política también hay que hacer acuerdos y ceder. 

Su paso como presidenta de la Federación Argentina de Municipios (FAM) le sirvió para aceitar vínculos con los radicales del interior. Sin embargo, desde el vidalismo le explican a Letra P que si ellos necesitan asistencia del Ejecutivo hablan con el Jefe de Gabinete, Carlos Bianco, o la ministra de Gobierno Teresa Garcia, con quien -además-  comparten un grupo de WhatsApp. No ven en la exintendenta de La Matanza una articulación para “llegar” a Kicillof. Sí le reconocen su trabajo en ese municipio. De hecho, un intendente macrista que gobierna un distrito del conurbano recuerda que compartían visiones de gestión y hasta le pedían recomendaciones cuando Magario era intendenta. 
 


También le suman que Magario ostenta algo que carece el gobernador y hasta el presidente Alberto Fernández: la estructura que subterráneamente atesora. Un dirigente de la Tercera sección electoral fichado en Juntos por el Cambio lo recuerda: "El día que vino al distrito, antes de la cuarentena, me llamó la atención la gente que se acercó a acompañarla. Cuando vinieron Kicillof o Alberto no fue así, ellos vinieron solos y con un grupo de asistentes, no mucho más. En cambio, con Magario aparecieron referentes de algunos barrios de la zona. Quieras o no, los intendentes o el PJ, como quieras llamarlo, siguen teniendo la estructura". Subyace en este escenario los años al lado del actual intendente matancero Fernando Espinoza. 

En el entorno de la vicegobernadora cuentan que en el Ejecutivo también valoran el trabajo territorial y su capacidad de gestión, luego de estar cuatro años al frente del gobierno matancero, con las complejidades que eso conlleva. Aparece ahí el vínculo con las iglesias, tanto católicas como evangelistas que realizan tareas pastorales en barrios populares de La Matanza como San Petersburgo o Puerta de Hierro.

Cuando se inició la cuarentena, Magario fue una de las que trabajó con los intendentes -oficialistas y opositores- la puesta en marcha de los distintos comités de emergencia (COE) en el conurbano. Este martes también se sentó en la mesa que le armó el Fernández a Kicillof, con una comitiva de ministros que se trasladaron hasta La Plata para dar un respaldo al mandatario bonaerense en medio de versiones cruzadas y tironeos dentro de la triple alianza del Área Metropolitana por la cuarentena administrada.