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El plan del ala blanda de Cambiemos para tensar sin romper en el Congreso

El eje Larreta-Monzó-Vidal-Lousteau coordina una estrategia para marcar diferencias con la línea dura pero evitando la confrontación pública.

Por 19/05/2020 18:46

La Cámara de Diputados se encamina a regularizar su trabajo en tiempos de pandemia. Después de la primera sesión mixta, en la que la semana pasada aprobó dos proyectos de ley por unanimidad, se intensificó la dinámica de las comisiones, que siguen funcionando on line. Pero, a pesar de las mediaciones tecnológicas, las tensiones políticas dentro del macrismo no disminuyeron y, en ese marco, el sector blando de Cambiemos, referenciado en el eje Larreta-Vidal-Monzó-Lousteau, se prepara para marcar diferencias con el sector más beligerante con el Gobierno, liderado por la presidenta del PRO, Patricia Bullrich. aunque con la precaución de no llegar a la confrontación pública.

Sólo han pasado tres semanas desde que un sector del bloque que conduce Cristian Ritondo pidió la realización de una sesión especial, presencial o virtual, para destrabar la negociación que se había empantanado entre oficialismo y oposición. Fueron más de 15 diputados macristas, radicales y lavagnistas que abrieron una hendija posible para que la Cámara baja volviera a sesionar. Ritondo no fue el único abofeteado en sus prerrogativas políticas, porque su colega radical, Mario Negri, también sufrió el revés de parte de un sector de correligionarios, pero con menor alcance. En ambas bancadas hubo gritos, cruces, amenazas de portazos y reproches cruzados, pero dentro del mayor interbloque opositor quedó delineado un nuevo equilibrio provisorio de fuerzas. 

 

 

"Todos sabemos que una ruptura no le conviene a nadie; la tensión sigue pero no nos vamos a quedar callados", anticipa a Letra P uno de los diputados que coincidió con el pedido de sesión especial que impulsó su colega Sebastián García De Luca, integrante de la mesa chica que encabeza el extitular de la cámara Emilio Monzó junto al exministro del Interior Rogelio Frigerio.  

El "monzoísmo" se autodefine como una parte clave del macrismo. Asegura que jugó un rol importante en la construcción nacional del PRO. Cuando Mauricio Macri llegó a la Casa Rosada, lo marginó del poder porque siempre se opuso a la apertura del partido amarillo a un socio peronista, algo que finalmente hizo cuando eligió al exsenador Miguel Pichetto como su compañero de fórmula para buscar la reelección. Ahora ambos tienen oficinas en Olivos, casi un espacio de coworking del PRO en el despoder, pero están muy lejos de las posiciones del monzoísmo. En el bloque sólo pudieron imponer a Ritondo como titular del bloque, pero ese aventón se desgrana al calor de la pandemia y de las posiciones orientadas a contener a su núcleo más duro de votantes. 

 

 

Esos sobrevivientes del desdén de Macri ya no están tan sólos. Son parte de un núcieo de coincidencias que conduce el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, junto a la exgobernadora bonaerense María Eugenia Vidal. Ambos, como contó Letra P, tienen una interlocución cada vez más estrecha con Ritondo, pero también con el senador Martín Lousteau, uno de los promotores del pedido de sesión especial que movió el avispero cambiemista. 

Vidal ha llegado a promocionar en las redes el último libro de Lousteau. El vínculo también es un puente para los diputados radicales porteños que desafiaron a Negri, como la vicepresidenta del bloque, Carla Carrizo, y su compañero de bancada Emiliano Yacobitti

 

 

En ese espacio incipiente de diputados se inserta el "monzoísmo", con De Luca como uno de los que marcó la cancha en su bloque, sin romperlo, y con Monzó reordenando su presencia en el partido; siempre con la atención puesta en la provincia de Buenos Aires, su terruño y mayor obsesión electoral de la cual fue extirpado, junto a todos sus escuderos, por pedido y orden de Vidal cuando calzaba el vestido de gobernadora bonaerense. 

Quizás sea el primer armado del postmacrismo dentro del PRO o sólo un ordenamiento provisorio en un año no electoral, pero los debates dentro del bloque macrista de Diputados comenzaron a catalizar posiciones contrapuestas, especialmente en torno al liderazgo de Larreta y a su decisión de mantener una estrecha interlocución con el presidente Alberto Fernández. Ese diálogo goza de buena salud y desde el bloque macrista contará con el respaldo de una parte de sus integrantes. En tierra bonaerense, Vidal ya anticipó su predisposición a acompañar esa directiva y sus mensajes no pasan inadvertidos para su sucesor, Axel Kicillof, que necesita de esos acuerdos para que la Legislatura provincial no obture su gestión.

Con críticas y reservas, esa experiencia acuñó un techo antes de la pandemia cuando Juntos por el Cambio aportó 99 de sus 116 votos a favor de la ley para renegociar la deuda externa. También hubo un piso, cuando la cifra se redujo ante la votación de la reforma del pacto fiscal y Larreta tuvo que llamar por teléfono a una docena de diputados para que no votaran en contra. Ante la intensidad de la crisis, la escena parece muy lejana, "pero con muñeca y buena negociación se puede volver a construir", arriesgó una diputada macrista que se entusiasma con mantener una actitud "constructiva" mientras dure la pandemia. 

 

 

En ese entramado comienzan suturarse las heridas comunes entre vidalistas y monzóístas. No se trata de un acercamiento masivo, pero sirve como un imán para contener a buena parte de los diputados macristas del interior, que provienen de partidos de centroderecha provinciales o bordean una identidad peronista para diferenciarse del antiperonismo del partido, pero, también, para tomar distancia del kirchnerismo en sus territorios. Esa escudería administra diariamente sus contradicciones políticas dentro del PRO, pero sus integrantes también admiten que, en caso de irse del bloque, corren el riesgo de diluirse en los entresijos del panperonsimo o protagonizar monobloques de eficacia muy variable. 

Esa cohesión no sólo dependerá de las coincidencias dialoguistas frente al antagonismo opositor que impulsa Bullrich. Su alcance también dependerá de los proyectos que comience a tratar la Cámara baja de ahora en adelante.

Uno de los testigos de esas tensiones internas confirmó a Letra P que los debates no han cesado. Tampoco han bajado su tono. A veces, la única coincidencia es no pelearse por los medios ni enviarse mensajes por elevación, pero todos saben que esa fragilidad volverá a afrontar desafíos críticos apenas el Ejecutivo envíe un nuevo proyecto de reforma del Poder Judicial o concrete el ingreso por Diputados de un texto para crear un impuesto extraordinario a las grandes fortunas. 

 

 

Esa pieza ya fue mencionada en las mesas de negociación con el oficialismo. "Se lo hemos dicho a los jefes del Frente de Todos: así como ustedes tienen posiciones extremas, nosotros también las tenemos. Está en nosotros darles entidad para que esto se complique o revolverlo con un acuerdo mayor", confió a Letra P uno de los legisladores del PRO que participó de los intercambios que originaron la primera sesión mixta de la semana pasada. 

Las votaciones fueron casi unánimes. En la bancada opositora, saben que no fue un mérito privativo del oficialismo, sino el producto de una aceitada negociación que no se rompió en pedazos antes de germinar. "Dentro del bloque las tensiones siguen, pero la pelota también está en manos del oficialismo y su muñeca para mantener esas votaciones mayoritarias", explicó otro macrista de paladar fundacional.