12|4|2021

Sin cuarentena tampoco hay paraíso económico: el drama a la sueca de Brasil

12 de mayo de 2020

12 de mayo de 2020

Si el país escandinavo apostó a un aislamiento voluntario, Bolsonaro lo hizo por el boicot a las medidas de los gobernadores. Mucha muerte, pronósticos sombríos y recesión profunda.

“Cansado de las mentiras” que, aseguró, difunden quienes boicotean el aislamiento social, el presidente Alberto Fernández se valió en su presentación del último viernes de dos ejemplos distantes, los de Suecia y Noruega, para probar que las cuarentenas voluntarias o laxas, como la del primero de esos países, son menos efectivas que las estrictas, como la del segundo y la de la propia Argentina, para limitar los contagios y las muertes por COVID-19.

 

 

 

La referencia motivó una polémica local y hasta una respuesta de la embajada sueca en Buenos Aires. El jefe de Estado no habrá querido sumar roces con Brasil en momentos en que el Mercosur arde, pero el vecino es un ejemplo mucho mejor de cómo subestimar la pandemia no solo resulta dañino en términos sanitarios sino que tampoco sirve para amortiguar los males de la economía en un contexto internacional ya equiparable a la Gran Depresión. 

 

En efecto, Suecia y la Argentina son países muy difíciles de comparar. Si aquel aplicó un esquema de aislamiento social más bien voluntario, lo hizo en base a niveles de disciplina social y a la potencia de un sistema de salud muy diferentes de los que se encuentran en nuestro país. Lo de Brasil es otro cantar.

 

 

 

De acuerdo con las últimas cifras oficiales, permanentemente sospechadas de no dar cuenta de modo demasiado acabado de la realidad, Brasil registraba al final del último lunes 11.519 muertes confirmadas, de las cuales 396 se produjeron en las 24 horas previas. Es más, de acuerdo con un estudio de la Universidade de São Paulo (USP), reflejado por el diario O Globo, aquel agregado podría duplicarse en los próximos 20 días.

 

 

 

No se trata de que Brasil no haya aplicado el aislamiento social, sino que lo hizo de manera en buena medida voluntaria y regionalmente fragmentada, con escasos controles y con un sabotaje permanente, en dichos y hechos, practicado nada menos que por el presidente Jair Bolsonaro. Tanto es así, que su última medida al respecto, mientras el país literalmente se incendia de casos, fue declarar actividades esenciales, y por lo tanto abiertas al público, los salones de belleza, las peluquerías y los gimnasios, algo que tomó totalmente por sorpresa en plena conferencia de prensa a Nelson Teich, su nuevo ministro de Salud (sí, lo cambió en medio de la crisis para terminar con el apoyo del anterior a la cuarentena).
 

 

 

Las medidas de aislamiento social en el país vecino fueron decididas por los gobiernos estaduales y municipales en la mayor parte del país, pero los problemas pasaron por los continuos dardos de Bolsonaro –que socavaron la adhesión pública–, la falta de coordinación federal, su carácter en buena medida voluntario, su acatamiento irregular y la falta de controles efectivos. Sin embargo, aunque la actividad se vio mucho menos limitada en Brasil que, por caso, en la Argentina, la economía también sufre.

 

De acuerdo con la última edición del informe Focus, el relevamiento de expectativas que el Banco Central de ese país realiza entre consultoras, bancos y analistas de referencia, se espera que el producto bruto interno (PBI) registre este año un retroceso del 4,11%. El número empeora el -3,7% registrado solo una semana antes y, mucho más, el -1,96 de hace un mes.

 

De confirmarse, dicha recesión sería la tercera en magnitud del último medio siglo, solo superada por el -4,35% de 1990 y por el -4,25% de 1981. El problema es que las proyecciones se deterioran cada semana.

 

 

Fuente: Banco Central de Brasil.

 

 

En tanto, la recuperación va a ser lenta, sin que las radicales reformas de libre mercado del bolsonarismo generen expectativas de ningún boom, aun cuando se supone que la pandemia vaya cediendo. Así, el mercado prevé allí un rebote del 3,2% el año próximo y un 2,25 de crecimiento en 2022 y 2023.

 

Es más, varios grandes bancos y fondos de inversión internacionales trazan un panorama bastante peor: Deutsche Bank proyecta una caída del PBI brasileño del 6,2% este año, SPX Capital una del 6,8%, J.P. Morgan y Legacy Capital un 7% y Société Générale, una del 7,4%. Aunque negativa en términos de contagios y fallecimientos, la cuarentena laxa de Brasil dañó menos que la mano dura argentina.

 

El equivalente nacional del informe Focus es el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), que elabora el Banco Central. En su última edición, correspondiente a abril pero difundida el viernes, al mismo tiempo que su homólogo brasileño, dio cuenta de proyecciones privadas que apuntan a una caída del 7% del PBI en 2020, más que el Focus brasileño pero en línea con lo estimado por los bancos y fondos mencionados. Cuarentena a medias o total, el sufrimiento económico no sería demasiado diferente.

 

 

Fuente: Banco Central de la República Argentina.

 

 

Sin embargo, cabe aclarar que hay un elemento que podría empeorar el futuro nacional: un fracaso del Gobierno en el arreglo de la deuda pública emitida bajo ley extranjera. En ese escenario, la caída del PBI podría acercarse al 10%, dicen economistas privados, generando, al menos en ese indicador, un déjà vu de 2001. La inflación, en tanto, se alejaría de las proyecciones de 44,4%, 40% y 32,5% previstas en el REM para este año y los dos siguientes y aumentaría el espectro de su posible espiralización.

 

Todo indica que el debate entre salud y economía es falso y depara polémicas inútiles. Es mejor reservar energías: el mundo no conoce todavía la profundidad del pozo en el que está metido.