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Guzmán flexibiliza su oferta por la deuda ante bonistas empoderados: ¿alcanza?

El Gobierno entra más frágil a la cuenta regresiva. ¿Hay margen para retocar el plan original o hay que ir a uno nuevo? Los límites del ministro. Los duros entre los duros. Después de la pandemia.

Por 11/05/2020 12:54

El rechazo de los principales fondos tenedores de deuda emitida bajo ley extranjera a la oferta oficial de canje resultó tan masivo que obligó al presidente Alberto Fernández y al ministro de Economía, Martín Guzmán, a realizar una doble operación: extender el período de negociaciones hasta el 22 de mayo, como había anticipado Letra P, y flexibilizar las condiciones en una dimensión considerable aunque sin garantías de éxito.

 

 

En el Palacio de Hacienda señalan que habrá “algún cambio” en la propuesta original, aunque aclaran que esa flexibilidad tendrá como límite lo que Guzmán entiende como la “sustentabilidad” de la deuda para el futuro de la Argentina.

Sin embargo, en el T.E.G. tenso de los próximos días, los tres grandes grupos de acreedores actuarán empoderados tras haber logrado bloquear la intención oficial de manera contundente. Que el proyecto inicial no va más queda explicitado, además de en el nuevo plazo para las tratativas, en el hecho de que ni siquiera se espera que Economía anuncie cuál fue, en definitiva, el magro nivel de respaldo que consiguió, según ha trascendido, inferior al 20% del universo total.

 

 

Esos grupos actúan de manera coordinada, algo que supone ventajas y desventajas para la posición argentina. Entre las primeras se destaca que facilita el entendimiento de las posiciones al centralizarlas… eso si no prima al otro lado de la mesa una política de “policía bueno y policía malo”, que superponga planteos y fragilice a los negociadores nacionales; entre las segundas, el que incrementa el poder de negociación de los acreedores. 

Dicha fortaleza radica en que esos colectivos tienen, dado el nivel de bonos que tienen en cartera, la llave de la negociación. Si sumaran eso a la aceptación magra que ya ha conseguido el Gobierno, el proceso quedaría al filo de la aplicación de las cláusulas de acción colectiva presentes en los bonos a canjear y, de ese modo, blindado de posibles juicios de fondos buitres.

Entre ellos, el Grupo Ad Hoc de Tenedores de Bonos, el Comité de Acreedores de Argentina y el Grupo de Titulares de Bonos de Canje, el último aparece como el hueso más duro de roer. Aunque se presenta dispuesto a dialogar, este tiene su propia agenda, que consiste en reclamar un trato privilegiado para los títulos de 2005 y 2010 en comparación con los posteriores a los emitidos desde 2016. “Ya sufrimos un canje”, recuerdan.

El Grupo de Titulares de Bonos de Canje es dueño del 16% de los bonos emitidos en el proceso 2005-2010 y está conformado por unos 20 fondos de inversión, entre los que sobresalen HBK Investments, Monarch Alternative Capital LP, Pharo Management (UK) LLP, Redwood Capital Management, LLC y VR Capital Group.

El mercado no parece demasiado impresionado por los últimos acontecimientos  y sí, en cambio, por la extensión de los plazos. Así, la retracción que el riesgo país experimentó la semana pasada se mantenía este lunes, a primera hora de la tarde, con una caída del 4,9% a 3.158 puntos básicos.

 

Fuente: Rava Bursátil.

 

Los observadores locales, sin embargo, mantienen visiones encontradas.

Para el analista financiero Christian Buteler, “se sabía que la oferta de canje inicial no iba a ser aceptada, pero los datos de aceptación que trascendieron hablan de un fracaso rotundo. Hay que recordar que una suscripción de entre el 20 y el 40% ya era considerada mala en la previa. Tal como está la situación, no hay posibilidades de arreglar el problema en base a dos o tres modificaciones que puedan realizarse o con la incorporación de algún ‘endulzante’”.

 

“Las posiciones están muy alejadas y no veo al Gobierno hacer los cambios necesarios en la oferta, que deberían ser grandes para tener mayor aceptación. Probablemente estire el proceso hasta el 22 y ese día se defina por un default”. (Christian Buteler).

 

“Hay que dejar la propuesta inicial de lado y realizar una nueva. ¿Sobre qué condiciones? El Gobierno tiene que tener pistas sobre eso porque ya se juntó con los fondos y conoce qué es lo que pueden aceptar y qué no”, añadió en diálogo con Letra P.

Según Buteler, “el Gobierno extendió el plazo hasta el 22 y, si cambia la oferta, tiene dos caminos: o mejorar las condiciones de los bonos que planeaba entregar o ir a una modificación más grande de sus condiciones, lo que lo obligaría a hacer una nueva presentación ante la SEC (organismo de control de la bolsa de Nueva York). La pregunta es si eso va a pasar y, en lo personal, me parece que no”.

“Las posiciones están muy alejadas y no veo al Gobierno hacer los cambios necesarios en la oferta, que deberían ser grandes para tener mayor aceptación. Probablemente estire el proceso hasta el 22 y ese día se defina por un default”, cerró 

Sin embargo, hay otra visión, que se centra en lo mucho que tiene para perder el país en el caso de que entre nuevamente en cesación de pagos, algo que lo mantendría de manera duradera fuera de los circuitos crediticios internacionales y dificultaría la recuperación de la economía después de la pandemia. Pese a su dureza para negociar la menor deuda futura posible para el país, el Gobierno da claras señales de que quiere evitar ese extremo.

 

“No estamos en un escenario de posiciones irreconciliables. Con voluntad política y un mínimo margen de flexibilidad, evitar el default es posible sin alterar el espíritu original de la oferta". (Gustavo Reija).

 

En ese sentido, el economista Gustavo Reija le dijo a Letra P que “la extensión del período de negociación resulta previsible ya que esa fecha siempre fue el verdadero deadline legal. En este ajedrez financiero existen ofertas y contraofertas, algunas públicas y otras confidenciales, pero que solo constituyen intentos de acercamiento hasta llegar al 22 de mayo”.

En su mirada, “no estamos en un escenario de posiciones irreconciliables. Con voluntad política y un mínimo margen de flexibilidad, evitar el default es posible sin alterar el espíritu original de la oferta, esto es las condiciones de sustentabilidad a mediano plazo del flujo de deuda resultante del acuerdo”. 

“El set de variables a trabajar está dado por el período de gracia en el pago de cupones, las tasas que pagarán esos cupones, la existencia o no de un pago inicial y/o eliminar la quita de capital. Por supuesto que el impacto de modificaciones en estas variables tendrá resultados diferenciales según el tipo de bono sobre el que se aplique”, dijo.

Según Reija, “hay tiempo de evitar las graves consecuencias que un default le generaría a la economía, especialmente a los sectores más desprotegidos. Evitarlo constituye una política progresista que facilitará salida de la crisis”.