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El regreso sin gloria del cerebro definitivo del macrismo

Tras meses en el exterior, se instaló en Pilar, desde donde cumple la cuarentena y activa a su tropa. Sigue cerca de Macri pero se alejó del PRO. Trolls, el #Ruidazo y los contactos con el tío Jaime.

Por 05/04/2020 9:34

Cuando retiró sus petates del despacho del primer piso de la Casa Rosada, Marcos Peña no tenía muy en claro qué le depararía el futuro. Sus asesores, famélicos de información, se quedaron con las ganas de saber, al menos, una expresión de deseo que los oriente ante el nuevo panorama político post 10 de diciembre de 2019. Esa incertidumbre se cortó en las últimas horas.

El exjefe de Gabinete regresó de sus largas vacaciones sin aviso. Algunos pocos miembros de su equipo íntimo conocían su itinerario y otros compañeros de ruta se enteraron por un mensaje de WhatsApp que únicamente contenía tres emojis: un corazón azul, otro amarillo y otro azul, formando el escudo de Boca Juniors. Fue la señal que emitió para hacer notar que estaba en Argentina y cargar a exfuncionarios fánaticos de River, que perdió la Superliga a manos de su eterno rival.

 

 

Peña avisó a propios y extraños que se distanciará de la cotidianidad del PRO, tras años de dominar con mano de hierro las vicisitudes del partido. Sus detractores internos celebran esa decisión, pero su círculo íntimo masculla bronca. Sin embargo, Marcos habló y su palabra se respeta: los cuadros del peñismo ya no deambulan por el búnker PRO de la calle Balcarce y dejan moverse con libertad a los enviados de Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta.

En tanto, el colaborador más cercano a Peña que sigue prendido al partido es Fernando De Andreis. Si bien durante la gestión fue un alfil de Peña, el exsecretario General de la Presidencia es hoy el hombre de máxima confianza de Mauricio Macri y trabaja codo a codo con el expresidente.

Igualmente, distanciamiento no es sinónimo de alejamiento en el diccionario de Peña. Mantiene diálogo fluido con Macri y seguirá a su lado como asesor. El expresidente tiene hoy la libido ocupada en la FIFA y la flamante oficina de Olivos e incide en el PRO y Juntos por el Cambio a través de Bullrich. Como señaló Letra P, no emite señales de lo que hará en el futuro cercano. Pero si llega el momento de tirarse a la pileta, ahí estará Peña como guardavidas político. La opción "Macri 2021" como diputado nacional aún no convence al antecesor de Santiago Cafiero.

 

 

Si mantiene aspiraciones electorales lo sabe el oráculo Jaime Durán Barba, que sigue en contacto con Peña. Parte del PRO hace fila para insultar al asesor ecuatoriano, pero con Peña hay un afecto y un respeto recíproco. El ecuatoriano aún lo llama su “mejor alumno”, pese a que insinuó que Macri "ya fue".

Marcos pasa la cuarentena junto a su mujer y sus hijos en una casa en Pilar, desde donde sigue la coyuntura y empieza a darle forma a su vuelta al sector privado: tiene pensado lanzar una consultora enfocada en asuntos globales, con eje en la integración cultural, la tecnología y la economía.

Desde que terminó el gobierno de Cambiemos, Peña entró en una fase de perfil bajo y ostracismo tras años en la primera plana. Como jefe de Gabinete, fue el pararrayos de Macri y la gestión viviendo una sobreabundancia de exposición. Volvió a aparecer en la televisión sin quererlo hace días, cuando llegaba a un evento y un movilero de C5N lo agarró de sorpresa. "Voy a seguir militando", respondió.

 

 

Sin embargo, el cacerolazo para reclamar la baja de salarios de la clase política lo volvió a poner en escena. La Casa Rosada lo señala como el autor intelectual y material de la protesta balconera que se sintió fuerte en el pago chico PRO. "No tiene nada que ver, está en otra", lo defendió uno de sus compañeros de ruta, que también sigue cerca de Macri. "Subestiman a la gente y le dan demasiada relevancia a Marcos", agregó.

A pesar de esta defensa, los detractores de Peña no creen en la versión de la militancia digital y la insistencia de Bullrich como explicación del regreso de las cacerolas. Tanto en el larretismo como en la Coalición Cívica coinciden en que la presidenta del PRO no tiene margen (ni dinero) para, durante una semana, generar conversación en redes sociales con proclamas que derivaron en el #Ruidazo.