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El gasto público de emergencia demorará el rebote económico tras la pandemia

El Gobierno asiste a los vulnerables y empresas afectadas por la caída de la demanda. Pero cuando el drama ceda y deba retirar el excedente de dinero, apelará al amargo remedio de las tasas altas.

Por 01/04/2020 15:37

Además de un amplio haz de medidas sanitarias, con eje en el aslamiento social, preventivo y obligatorio, el Gobierno se ve forzado a atender cada vez con mayor premura las consecuencias económicas de la pandemia de COVID-19, que ha derrumbado a cero la facturación de numerosos renglones de actividad y complica la cadena de pagos, el desembolso de los salarios y el ciclo del consumo. Esa necesidad llevó al presidente Alberto Fernández a decretar disposiciones tendientes a sostener a los sectores de menores ingresos con ayudas extraordinarias y, en las últimas horas, a salir en auxilio de las empresas, sobre todo pequeñas y medianas, para evitar una masacre de puestos de trabajo

Entre las medidas se cuentan la reducción de hasta el 95% de los aportes patronales, contribuciones del Estado para el pago de salarios en el sector privado, ampliación y simplificación del acceso al Programa de Recuperación Productiva (Repro), expansión del seguro de desempleo, pagos de emergencia al personal de salud y de seguridad y prórroga de vencimientos de deudas para pymes y micropymes, entre otras.

Casi nadie cuestiona en lo inmediato la pertinencia de esas decisiones.

 

 

Federico Furiase, director de la consultora Eco Go y profesor en la Universidad Torcuato Di Tella, le dijo a Letra P que “el momento impone pragmatismo y esa es la dirección correcta en este contexto de shock de oferta. Pero, más adelante, el Banco Central deberá pasar la aspiradora y retirar el sobrante de pesos para contener los efectos sobre la brecha cambiaria y la inflación”.

"Más adelante, el Banco Central deberá pasar la aspiradora y retirar el sobrante de pesos para contener los efectos sobre la brecha cambiaria y la inflación.” (Furiase)

El analista financiero Christian Buteler, en tanto, señaló que “la economía está en una situación similar a la de una sala de emergencias de un hospital. El paciente llegó destrozado y lo primero que hay que hacer es evitar que muera. La emisión es mala, pero que se muera la economía puede ser peor. Estamos eligiendo lo menos malo”.

El centro del problema es el gasto público de emergencia, que volcará al mercado una enorme cantidad de pesos que, en algún momento, habrá que retirar para evitar una espiralización de la inflación, lo que probablemente afectará la velocidad de la recuperación.

“El costo de estas medidas no se conoce y cualquier estimación es provisoria, en Argentina y en todos los países, porque no se sabe cuándo va a terminar esta emergencia”, explicó Buteler.  “Los argentinos tenemos una memoria y una gimnasia en materia de inflación que no se da en otros países. Por lo tanto, el efecto de que nuestro Banco Central emita para financiar el déficit no es el mismo que el que puede darse, por ejemplo, en Estados Unidos”, añadió. 

 

 

Martín Kalos, economista jefe de Elypsis, estimó que “lo que el Estado se propone gastar, que hasta acá no llega al 1,5% del PBI, parece moderado en comparación con lo que proyectan algunos países centrales, que hablan de inyectar 10, 15 o 20% de sus PBI a través de distintas medidas. Sin embargo, es mucho para una Argentina que, efectivamente, viene de una crisis y sufre por la falta de recursos”.

"La emisión es mala, pero que se muera la economía puede ser peor. Estamos eligiendo lo menos malo." (Buteler)

Ese gasto excedente resulta preocupante en términos de déficit fiscal. Ocurre que a aquel hay que sumarle el efecto de la caída de la recaudación impositiva que provocará una profundización de la recesión que la consultora Abeceb estima en 2,2% para todo el año, con un pozo de más del 10% en lo inmediato. Por ahora…

Para otro especialista consultado, Gustavo Reija, director de la consultora Mecronomic, “en un escenario en el que el 13 de abril se comience a levantar parcialmente la cuarentena y se retomen algunas actividades productivas, el déficit fiscal primario (antes del pago de deuda) podría oscilar en torno al 4,5% del PBI”.

“Se puede proyectar un deficit fiscal que podría ir a la zona del 4 al 5% del PBI”, coincidió Furiase. “Ayudaría mucho que el Gobierno lograse cerrar un acuerdo con los acreedores privados y así evitara un default duro de la deuda en dólares, lo que permitiría, a su vez, mejorar el roll over de pesos y descomprimir una potencial presión sobre la brecha cambiaria”.

En términos de inflación, la expansión del gasto no parece tan urgente en el cortísimo plazo, pero no así en el mediano.

“En lo inmediato, la inflación puede resultar contenida por el menor consumo, pero más adelante, cuando se supere la crisis sanitaria, va a ser necesario absorber todo ese dinero que va a sobrar en la economía lo más rápida y eficientemente posible, para lo que se usarán las herramientas conocidas: emisión de Leliq, suba de encajes a los bancos y otras medidas monetarias”, señaló Buteler.

 

 

En palabras del hombre de Mecronomic, “cuando retomemos las actividades, vendrá el desafío para el Banco Central de realizar la sintonía fina en un escenario en el cual habrá muchos pesos y menos bienes y servicios. Calibrar la cantidad de dinero no será fácil y habrá desajustes que se traducirán en aumentos de precios y presión sobre el tipo de cambio”.

“Cuando retomemos las actividades, calibrar la cantidad de dinero no será fácil y habrá desajustes que se traducirán en aumentos de precios y presión sobre el tipo de cambio.” (Reija)

La perspectiva de que, más allá del diseño del plan económico original del presidente Fernández, dentro de algunos meses se deba echar mano al remedio amargo de las tasas de interés altas, hace pensar en que la recuperación de la actividad, incluso para llegar a los niveles de crisis previos a la pandemia, puede resultar más lenta que lo deseable.

“Me cuesta pensar para la Argentina en una recuperación rápida, en forma de ‘V’, como podrían tener las economías que tienen moneda sana y tasa cero y son capaces de financiar paquetes fiscales con una inyección ilimitada de liquidez. La nuestra es una economía con alto grado de informalidad, un mercado de capitales muy chico y con poco margen de emisión monetaria para financiar déficit dado que no tenemos una moneda sana”, estimó Furiase.

Tampoco está garantizado que esa operación ineludible resulte efectiva, de modo de ahuyentar el fantasma de una espiralización inflacionaria. “Es muy difícil determinar si ese esfuerzo va a ser exitoso porque no conocemos cuánto se va a terminar emitiendo, lo que puede llegar a ser brutal. El combo es bastante explosivo”, completó.

Reija se aferró a la posibilidad de que la salida de la crisis del COVID-19 se rija por los mismos parámetros que permiten hacerle frente a la amenaza sanitaria. “Así como el Presidente toma decisiones en función de las recomendaciones de un comité de expertos en infectología y epidemiología, es hora de que haga lo mismo en materia económica. El nunca implementado Consejo Económico y Social surge como una necesidad urgente para transitar la salida de la cuarentena con el menor costo social posible y con medidas de calibración fiscales y monetarias que cuenten con el acuerdo de los principales actores políticos y sociales”, pidió.