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El gigante que le embarró la cancha a Kicillof

Es la segunda gestora de activos a escala global. Especialista en deuda emergente, posee bonos de otras provincias y de la Nación. Pionera en el negocio de las criptomonedas. Desembarco y quiebra.
Por 04/02/2020 14:57

Sin lograr que más del 75% de los tenedores del bono BP21 aceptase la propuesta de posponer hasta mayo el pago del segundo tramo del vencimiento de esos títulos –requisito fundamental para avanzar en la reprogramación–, el gobernador bonaerense Axel Kicillof apuntó directamente contra la “posición bloqueadora” de “un fondo de inversión que dice tener el 25% o más” de los títulos en cuestión.

Aunque se cuidó en todo momento de no mencionarlo, el mandatario provincial se refería a Fidelity Investments, uno de los pesos pesado a escala global en la administración de activos y empresas de servicios financieros, presente en más de 25 países dentro de los cuales operan más de 400 profesionales. Especialista en deuda emergente, Fidelity posee una tupida cartera de tenencia de bonos de estos mercados, entre los cuales aparece Argentina con múltiples apuestas.

Así, dentro de las diez principales tenencias del fondo de deuda de mercados emergentes de Fidelity (solo uno de múltiples que también poseen títulos locales), al cierre de 2019 figuraban dos bonos del Estado argentino (6.875% con vencimiento en abril de 2021 y 7.5% con vencimiento en 2026).

 


Por fuera de ese top ten, aparecen en el portfolio de este gigante financiero bonos de las provincias de Córdoba, Mendoza, Santa Fe y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, como así también de firmas como Aeropuertos Argentina 2000 e YPF, además de, por supuesto, el ya famoso bono BP21 de la Provincia de Buenos Aires que puso al gobierno bonaerense al filo del default.

De las tenencias exhibidas al momento, el BP21 es el único bono bonaerense que posee Fidelity. Ese es un dato que en la Gobernación toman como positivo al momento de avanzar en el proceso de reestructuración de la deuda en moneda extranjera que anunció este martes Kicillof.

“Invierta en bonos emitidos por gobiernos estatales y municipios. Si bien tienden a ofrecer rendimientos más bajos, los ingresos que generan generalmente están libres de impuestos federales sobre la renta”, aconseja en su web Fidelity a sus potenciales clientes.

 


“Si uno tiene el 25%, todas las conversaciones dependen de la charla con ese grupo. Esto se llama posición bloqueadora y esto lo tiene un solo fondo de inversión que no tuvo esa misma actitud constructiva, de diálogo”, acusó Kicillof para luego aclarar que, finalmente, la Provincia no entrará en cesación de pagos, sino que afrontará íntegramente con recursos propios los 250 millones de dólares más intereses correspondientes a la segunda amortización.

“Estamos denunciando esta actitud, la estamos repudiando”, insistió el gobernador al hacer foco en una posición de Fidelity que “probablemente buscara una situación de desorden para la Provincia”.

Controlante de una gruesa telaraña de fondos de inversión, Fidelity fue fundada en 1946 por Edward C. Johnson II y permanece bajo control familiar. En 1977 se hizo cargo de la compañía su hijo Edward Johnson III, mientras que en 2014 tomó las riendas la hija de éste, Abigail Johnson.
 


En el medio, durante las décadas del 80 y 90, el fin de la guerra fría y la consolidación del modelo neoliberal con fuerte acento en la timba financiera hizo de Fidelity un pulpo de tentáculos exorbitantes: en la actualidad, gestiona más de dos trillones de dólares, siendo la segunda gestora a escala global. Eso se traduce en las finanzas personales de la familia Johnson en general y de Abigail en particular, quien en 2015 fue incluida dentro de las 20 mujeres más ricas del mundo por la revista Forbes.

En Argentina, el desembarco se produjo en pleno menemato y con la apuesta en las telecomunicaciones.

En abril de 1997 hizo pie como accionista principal de MetroRED, la cual ofrecía servicios de transmisión de voz y datos para clientes corporativos para lo cual desembolsó más de 200 millones de dólares para instalar redes de fibra óptica. Sin embargo, aparentes cortocircuitos internos entre los socios desembocaron en la presentación de la convocatoria de acreedores y la posterior quiebra decretada por la Justicia en julio de 2002.

Para la compra de esta empresa se planeaba una subasta con múltiples interesados, entre ellos Socma, del Grupo Macri. Finalmente, la firma quedó en otras manos pero el interés de los Macri por conservar contactos con Fidelity persistieron hasta el gobierno de Cambiemos, cuando el entonces presidente Mauricio Macri mantuvo un encuentro en Nueva York con fondos de inversión entre los que participó, por supuesto, Fidelity.
 


“Los cambios vinieron para quedarse por décadas en la Argentina”, sostuvo Macri en noviembre de 2017 durante una reunión que mantuvo con inversionistas interesados en iniciar o expandir sus negocios en el país. Días más tarde, Fidelity apareció entre los fondos de inversión que apostaron por los famosos bonos a cien años del macrismo.

Esa apuesta a largo plazo también parece que Fidelity la plasma en movimientos como la puesta en marcha de su negocio de custodia de criptomonedas, con la expectativa de beneficiarse por ser punta de lanza en un futuro ordenamiento del aun caótico mundo los activos digitales.

Mientras tanto, sigue ejerciendo poder de fuego en mercados emergentes y en la capacidad de maniobra de economías provinciales, como sucedió en jurisdicción bonaerense.