12|4|2021

América Latina, en busca de las soluciones perdidas

23 de diciembre de 2020

23 de diciembre de 2020

La crisis sanitaria recrudece, pero surge la esperanza de la vacuna. Las dificultades para suministrarlas, la recesión y elecciones clave signarán el futuro.

El balance de fin de año arroja para la región un saldo negativo y preocupante. El mundo está en crisis sanitaria, económica, social y ambiental y uno de los pocos puntos para destacar de este final es justamente ese: que, se supone, la pandemia debería dirigirse hacia su culminación. Ante ese panorama, la ilusión de un 2021 mejor es por ahora solo eso: un anhelo. El año que está por comenzar nace marcado por particularidades locales que, en un contexto global adverso, darán forma a una serie de elecciones y demandas sociales que anticipan posibles cambios políticos en el continente.

 

El principal objetivo de 2021 será superar la pandemia y recuperar las economías. El mundo apuesta por las vacunas que se encuentran en fase III y por las que ya se comenzaron a aplicar, como las de Pfizer-BioNTech, Moderna y Sputnik V. La región también lo hace, pero con desventaja. La comunidad científica alcanzó un desarrollo histórico: en apenas diez meses se fabricaron distintas y efectivas vacunas. Ahora el objetivo es su distribución y aplicación. No es casualidad que este proceso haya comenzado en los países más poderosos: Estados Unidos, Reino Unido, Rusia y China. Los desafíos que implica una campaña de vacunación son enormes y demandan capacidades que a la región no le sobran y que dificultarán su desarrollo.

 

Según un estudio de la universidad estadounidense de Durham, existe una distribución mundial desigual de las vacunas. Mientras que Canadá ya acaparó dosis como para vacunar a su población seis veces y Estados Unidos y el Reino Unido otras cuatro, países pobres, como Bolivia, Perú y varios latinoamericanos, al ritmo actual, deberían esperar a 2024 para inmunizar a sus respectivas poblaciones porque todavía no cerraron acuerdos con los laboratorios. Estos países están sometidos a una solidaridad internacional, que, en tiempos de “sálvese quién pueda” –o “vacúnese quién pueda”– brilla por su ausencia. Como aseguró la directora del departamento de Inmunización de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Katherine O´Brien, “se ha perdido todo llamado a la solidaridad mundial”. 

 

Asimismo, la región enfrenta otros desafíos para desarrollar una campaña de inmunización exitosa. ¿Cómo vacunar, por ejemplo, en regiones de Bolivia en las que las urnas electorales llegan en mula por falta de caminos? La vacuna de Pfizer se debe conservar a 70° grados bajo cero, mientras que las características geográficas y las deficiencias sociales preexistentes condicionarán y dificultarán los planes sanitarios. Por mencionar un caso, en Perú los problemas son tan graves que, según el censo de 2017, únicamente el 49% de los hogares cuenta con una heladera.

 

La vacuna también es esencial para recuperar las economías, mitigar el fuerte impacto de meses de confinamiento y abordar las crisis sociales. El Fondo Monetario Internacional (FMI) anticipa una caída del PBI mundial del 4%, pero para la región pronostica el doble: 8,1%. La actualidad regional “es bastante dramática”, dijo su directora general, Kristalina Georgieva. Por su parte, la CEPAL pronostica que la recuperación económica a niveles previos a la pandemia recién llegaría en 2024. Estos meses demostraron que no habrá recuperación económica sin control de la pandemia y, a la vez, que eso no se logrará sin vacunas. Los problemas para inmunizar a la población tendrán un efecto en cadena que ya se empiezan a vivir en el contexto de un rebrote del virus, con nuevos cierres de fronteras, disposiciones para restringir las aglomeraciones públicas en Uruguay y toques de queda en Chile, Ecuador y Colombia.

 

Este oscuro escenario se combinará con crisis preexistentes. El año pasado terminó con masivas protestas en Chile, Ecuador y Colombia por las fuertes desigualdades y el descontento social. Manifestaciones que, más que finalizadas, parecen suspendidas ante el riesgo sanitario y parecen capaces de resurgir en cualquier momento. En septiembre, Bogotá registró manifestaciones por la muerte del abogado Javier Ordóñez a manos de la policía y en noviembre, las calles de Perú obligaron al presidente Manuel Merino a renunciar tras una cuestionada asunción apenas días antes. El descontento previo a la pandemia todavía existe y se agravará ante su impacto económico

 

La política también dará que hablar el año que viene y lo hará desde el primer momento. El 5 de enero asumirá la nueva Asamblea Nacional en Venezuela, lo que provocará que Juan Guaidó, el autoproclamado presidente reconocido por la mayoría de los países de la región, pierda el sustento constitucional que esgrimía. Entonces, ¿se lo seguirá reconociendo o cambiará su estatus? Además, pocos días después, el 20, asumirá Joe Biden en Estados Unidos. El cambio de gobierno en Washington promete una variación en la relación con América Latina, con posibles nuevos puntos de contactos a partir de la promesa demócrata de profundizar el multilateralismo. No será un año para entrar dormido.

 

En febrero se realizará la primera elección presidencial regional del año: el 7 se votará en Ecuador. De la mano de Andrés Arauz, delfín del expresidente Rafael Correa, el progresismo intentará volver al poder y sumarse a los gobiernos de Argentina y Bolivia. El 11 de abril habrá una jornada doble: Chile elegirá a los 155 miembros de la Convención Constituyente encargada de redactar una nueva carta magna, mientras que Perú realizará elecciones presidenciales para intentar salir de la crisis institucional que sufre desde hace años. El panorama electoral se cerrará el 21 de noviembre, cuando Chile realice sus comicios nacionales. Ante los niveles actuales de disputa política y polarización, estas jornadas prometen impactar en la correlación de fuerzas del continente.

 

El año termina como empezó: con nuevos brotes de covid-19 que generan preocupación e incertidumbre. Se acaba un año en el que coincidieron como pocas veces en la historia tres crisis: sanitaria, económica y social. La llegada de 2021 genera una expectativa de mejoría, pero no es motivo de un optimismo desmesurado. Los desafíos que quedan por afrontar son grandes como una pandemia.