08|10|2021

La abstención como síntoma de un futuro impredecible

07 de diciembre de 2020

07 de diciembre de 2020

El chavismo se aprovechaba de una oposición atomizada y retomaba el control de la Asamblea Nacional. Votó un cuarto del padrón: de la violencia al desinterés.

Este domingo, el chavismo retomó el control de la Asamblea Nacional tras ganar unas elecciones legislativas marcadas por la crisis sistémica que sufre desde hace años el país y por una fuerte abstención del 69%. Hasta el cierre de esta edición, el oficialismo conseguía el 67,6% de los votos con 3.558.320 de sufragios y superaba ampliamente a una oposición que se dividió entre algunas fuerzas que participaron y otras que no. Solo votaron 5,2 millones de personas de un total de 20,7 millones que estaban habilitadas para asistir a las urnas.

 

Así, el chavismo recuperó el único poder del Estado que estaba en manos de la oposición tras su victoria de 2015 con el 56% de los votos. De todas maneras, es un resultado magro para Nicolás Maduro. No contó con la épica de la lluvia que mojó a Hugo Chávez en el cierre de campaña de 2012 ni con la competitividad de las presidenciales de 2013, cuando el actual presidente ganó por apenas un punto de diferencia. En este 2020, con una profunda crisis económica, graves indicadores sociales y el temor latente por la propagación del covid-19, la baja participación muestra un hastío social en general y un alejamiento de las bases del propio movimiento en particular. Si durante el período 2016-2017 la crisis se manifestó a través de la polarización y la violencia, hoy lo hace a través del desinterés ciudadano.

 

Los ojos ahora están puestos en el 5 de enero, cuando asuma la nueva Asamblea. Ningún escenario está descartado, porque ese día vence el plazo como legislador de Juan Guaidó, quien recibe el apoyo de más de 50 países como presidente encargado de Venezuela al ser el presidente del cuerpo legislativo. Ese justificativo constitucional lo perderá. ¿Entonces? Las posibilidades varían desde la asunción de una fuerza opositora dialoguista con el chavismo, hasta que retome la presidencia el chavismo o, incluso, el encarcelamiento o el exilio de Guaidó al perder su banca. En un video publicado en Twitter, Guaidó aseguró que la Asamblea "seguirá en funciones para lograr elecciones libres" por “el principio de continuidad constitucional” que permitirá la extensión de su mandato.

 

La pregunta de fondo que recorre a Venezuela es: ¿Y ahora? El futuro es impredecible porque los escenarios son muchos y porque ninguno de los sectores ostenta una posición de fuerza clara. El chavismo, por el desgaste de la crisis y el desconocimiento de la oposición y una cuota importante de la comunidad internacional. La oposición dialoguista, porque no tiene la potencia para coaccionar a Maduro ni a la oposición más dura, que también sufre el desgaste por la ausencia de soluciones y, ahora, por la pérdida del único poder del Estado que ostentaba. Con este escenario, la crisis persistirá en el tiempo, pero con una correlación de fuerzas que favorecerá, nuevamente, ante la división opositora, al chavismo.

 

Esto no indica que la abstención sea linealmente opositora o seguidora de Guaidó. En los últimos años, la oposición también mostró debilidades que le provocaron un grave desprestigio ante la sociedad, que exige soluciones que la dirigencia no logra formular y, mucho menos, alcanzar. Durante esta semana, la oposición realizará una consulta popular, de forma online, con una jornada presencial el domingo. Constará de tres preguntas para manifestar el rechazo a estos resultados y al gobierno. De todas maneras, según una encuesta de Datanálisis del mes de octubre, el 60% de la población no está dispuesta a participar y otro sondeo de noviembre mostró que Guaidó ostenta un 27% de imagen positiva. El hastío no es únicamente contra el oficialismo, sino contra la clase política en general, que no encuentra formas ni caminos para solucionar una crisis que ha provocado, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), casi cinco millones de refugiados y migrantes.

 

La pregunta llega también a la comunidad internacional, porque los países que reconocen a Guaidó como el presidente legítimo del país deberán tomar una decisión ante la pérdida de su justificativo constitucional. En este sentido, el expresidente de España y observador internacional este domingo, José Luis Zapatero, aseguró que la Unión Europea debe hacer una “reflexión” después de estos comicios porque la política de “no reconocimiento puede llevar al mayor absurdo que haya conocido la historia del derecho internacional” al mantener el apoyo a un legislador cuyo mandato venció y al desconocer a Maduro y a la Asamblea recientemente electa. "Al absurdo no se puede llegar de decir que en Venezuela no hay parlamento, ni presidente ni instituciones”, aseguró.

 

Sobre la posición argentina, cuyo gobierno ostenta una heterogeneidad entre sectores chavistas y otros opositores, fuentes del Gobierno aseguraron a Letra P, al cierre de esta edición, que se aguarda por un informe realizado por la embajada en Caracas para publicar un comunicado oficial. Asimismo, dijeron que se presume que el mismo sería “de un apoyo con condicionamiento o con matices”.

 

Por su parte, Ecuador, Colombia, Chile y Canadá desconocieron los resultados porque, aseguraron, no contaron con garantías democráticas. Estados Unidos, a través de su secretario de Estado, Mike Pompeo, denunció que “los resultados no reflejarán la voluntad del pueblo” y que la jornada fue un “fraude y una farsa”. Al cierre de esta publicación, el resto de los países de la región no se había manifestado y se esperaba que China y Rusia, los grandes aliados de Caracas en el escenario global, los reconocieran y manifiestaran su apoyo a Maduro.

 

Ahora, Venezuela apunta al 5 de enero para delinear un futuro que se vislumbra con una importante atomización de las instituciones estatales y de las representaciones políticas ante el hastío y el cansancio sociales. Los interrogantes y los desafíos son muchos y la certeza una sola: la crisis sigue.