07|5|2021

Los Fernández y Ecuador, entre la expectativa y la cautela para la región

16 de diciembre de 2020

16 de diciembre de 2020

Tras la experiencia con Lenin Moreno, el Gobierno apuesta a que el progresismo vuelva al poder de la mano de Andrés Arauz, para reforzar una nueva tendencia.

El 7 de febrero, Ecuador será la primera parada electoral latinoamericana de 2021. Cerca de 13 millones de personas estarán habilitadas para elegir al binomio presidencial, los 137 asientos de la Asamblea Nacional y cinco bancas del Parlamento Andino. Con un escenario similar al argentino, donde el progresismo buscará volver al poder, el gobierno de Alberto Fernández mira con atención los designios de Quito, que podrán influir en la correlación de fuerzas regionales.

 

Las próximas elecciones estarán marcadas por lo que vivió el país desde 2017. En abril de ese año ganó el ballotage el delfín del entonces presidente Rafael Correa, Lenín Moreno, con el 51,1% de los votos. El dos veces mandatario y líder de Alianza País se mudó a Bélgica junto a su familia, pero antes de partir, afirmó: “Estoy seguro de que derrotamos a la oposición, no estoy muy seguro si venció la revolución”. Sus dudas se hicieron realidad. En tres años, Moreno rompió todo tipo de relación con su exjefe y, a contramano de lo prometido, aplicó un modelo económico liberal y se alineó detrás de Washington en el escenario global.

 

Más allá de las similitudes que existen entre el kirchnerismo y el correísmo, y de la amistad entre Cristina Fernández de Kirchner y Correa, el escenario ecuatoriano es similar al argentino. Desde Bruselas, Correa intentó replicar la jugada de liderar una fórmula desde la vicepresidencia, pero fue condenado a ocho años de prisión por un caso de corrupción y fue inhabilitado, en una causa que denunció como “un invento” en diálogo con este medio. De todas maneras, apostó de la misma forma y presentó a su exministro de Conocimiento y Talento Humano, Andrés Arauz, como candidato a presidente y al periodista Carlos Rabascall como vice.

 

Las coincidencias son tanto pasadas como futuras. Hace días, el binomio Fernández recibió al propio Arauz en una gira intensa de 24 horas por la Argentina que lo llevó a reunirse, también, con el gobernador Axel Kicillof y otras autoridades gubernamentales y parlamentarias. El quiteño regresó a Ecuador con un saldo satisfactorio: el apoyo de una fuerza política aliada, al frente de uno de los países más importantes de la región y el compromiso del presidente Fernández de proveer a su país con la vacuna contra el Covid-19 de Astra/Zeneca producida en la Argentina.  

 

 

 

La gira del candidato de la coalición Unión por la Esperanza (UNES) fue organizada por el presidente del Parlasur, Oscar Laborde, quien mantiene una relación con el quiteño desde el momento en que Correa presentó al joven economista ante el Grupo Hermandad, en el cual confluyen distintos presidentes y dirigentes progresistas de la región. En diálogo con Letra P, Laborde aseguró que la visita “se resolvió y se arregló” durante el encuentro que mantuvieron Fernández y Arauz durante la asunción del presidente boliviano, Luis Arce Catacora, en La Paz, en noviembre. “Fue un gusto reunirme. Coincidimos en la preocupación por la situación actual de la salud y la economía”, tuiteó Arauz tras ese primer encuentro.

 

 

 

La candidatura de Arauz trae consigo expectativas e ilusiones, ante las coincidencias políticas y económicas que existen entre los dos modelos pero, también, problemas actuales que se pueden llegar a profundizar ante una posible derrota del correísmo. Luego de su encuentro, la vicepresidenta tuiteó: “Junto a Andrés Aráuz Galarza, hasta hoy proscripto candidato a Presidente de Ecuador por la alianza Unión por la Esperanza. ¿En serio Lenín Moreno pretende que el resto del mundo crea que en el Ecuador hay democracia?”. Cristina hizo referencia a que su candidatura recién fue aprobada el 9 de diciembre, luego de una serie de recursos jurídicos presentados que buscaban inhabilitarlo.

 

Sus dichos generaron malestar en Quito, que a través de su cancillería presentó “una nota de protesta formal” por las “inoportunas declaraciones” que fueron consideradas “una inaceptable intervención en los asuntos internos del Ecuador”. Según pudo saber Letra P, en el Palacio San Martín no hubo intención de responder ni entonar una disidencia bilateral con un país con el que las relaciones se encuentran en un bajo nivel y en el cual no hay designado, todavía, un embajador. Cristina tampoco se dio por aludida y, cuando la boleta Arauz-Rabascall se confirmó, retuiteó la noticia con el emoji de los dedos en V. Las afinidades y las diferencias políticas cruzan la cordillera.

 

 

 

Fuentes de Cancillería le confirmaron a Letra P que hay expectativa e ilusión ante la posible victoria de Arauz, ya que podría significar la llegada de un nuevo gobierno progresista a la región para fortalecer la unión Buenos Aires-La Paz. Fernández coincide con el economista en un modelo capitalista con inclusión, en la necesidad de la unión regional, especialmente a través de la ya casi extinta Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), y, además, son políticos que deben convivir con figuras políticas que los precedieron y que los superan política y popularmente.

 

A dos meses de las elecciones, Argentina apuesta en un escenario que aún no está definido y que se presenta polarizado y fragmentado. Hasta el momento hay 16 binomios confirmados, el doble que en las últimas tres elecciones, pero el principal competidor de Arauz será el banquero Guillermo Lasso, quien ya perdió en 2013 y 2017. ¿La tercera será su vencida? Según la última encuesta de Cedatos, Lasso tiene 18,1% de intención de voto y Arauz el 11,1%, pero los dos están debajo de los indecisos que representan el 23,4% del padrón. Todavía queda un largo camino por recorrer.

 

En dos meses, el continente vivirá su primera elección en un año que promete no dar respiro para las relaciones internacionales. El 7 de febrero estará en juego el futuro de Ecuador pero la región, y especialmente la Argentina, estarán atentos a una jornada que puede tener implicancias en el tablero político regional.