X

Tensa y polarizada, Bolivia vota para recuperar la democracia

El MAS va a una victoria pero con riesgo de segunda vuelta. Mesa, otra vez el crédito de la derecha. El rol de Evo Morales. La apuesta de la Casa Rosada.

Por 18/10/2020 9:34

Para Bolivia, 2020 no era un año para elegir a su presidente. Era el año en el que un mandatario debía asumir hasta 2025 y llegar al bicentenario de la independencia, pero el golpe de Estado de noviembre cambió los planes. Este domingo, 7.332.925 bolivianas y bolivianos eligen al futuro binomio presidencial y renuevan las 130 bancas de la Cámara de Diputados y los 36 asientos del Senado en un clima de fuerte polarización y tensión con un claro objetivo: recuperar la democracia.

En relación a las elecciones de 2019, anuladas por presunto fraude, la disputa política es la misma y las diferencias son el marco constitucional y los nombres propios. Por un lado, nuevamente el favorito Movimiento Al Socialismo (MAS), el partido de Evo Morales, con el binomio formado por el exministro de Economía Luis Arce Catacora y el excanciller David Choquehuanca, que se presenta como el continuador del proceso de 13 años que logró el mayor período de estabilidad política y crecimiento económico de la historia del país. Por el otro, la contra al MAS, con cuatro candidaturas y un discurso similar: defender la democracia de la dictadura comunista y narcotraficante de Morales.

 

 

El principal rival del MAS será, otra vez, el expresidente Carlos Mesa por Comunidad Ciudadana. Además, se presentan Luis Fernando “El Macho” Camacho, una figura trascendental del golpe de Estado; el pastor evangélico de origen surcoreano Chi Hyun Chung y el dirigente minero Feliciano Mamani. En un primer momento también competían la actual presidenta de facto, Jeanine Áñez; el expresidente Jorge “Tuto” Quiroga y María de la Cruz Bayá, pero retiraron sus candidaturas para apelar al “voto útil” y evitar una victoria del MAS. El detalle es que lo hicieron demasiado tarde, por lo que aparecerán en el cuarto oscuro generando dudas sobre qué ocurrirá con sus posibles votos.

Los números previos también son similares a los del año pasado. Para evitar el ballotage del 29 de noviembre se necesita conseguir más del 50% de los votos o superar el 40% con una diferencia mayor a los diez puntos con el segundo. Si en 2019 las encuestas mostraban este segundo escenario a favor de una ajustada victoria de Morales, hoy muestran lo mismo, pero con Arce. Asimismo, todos los sondeos chocan con el fuerte discurso social y político que intenta instalar y dar por sentada la segunda vuelta. Esta disputa puede ser trascendental ante una apretada victoria de Arce, como ocurrió el año pasado, cuando Morales apenas alcanzó la diferencia necesaria. En ese momento, la oposición denunció un fraude que luego la Organización de los Estados Americanos (OEA) avaló con un dudoso y refutado estudio que desencadenó en el golpe.

“Es un hecho que Arce va a ganar la elección. La única duda es si gana en primera o en segunda vuelta”, aseguró en diálogo con Letra P el abogado y analista jurídico y político Iván Lima. El MAS está confiado porque las encuestas son favorables sin contar el voto extranjero ni el voto rural, históricamente afines al partido azul y negro, que busca evitar el ballotage porque en noviembre la unión del voto opositor amenaza con derrotarlo.

 

 

La jornada también es un desafío para el propio MAS. Si gana, gobernará un país adverso, fuertemente polarizado y sumergido en una crisis económica y sanitaria. ¿Qué rol ocupará Morales? No será el mismo que CFK, porque no es candidato, pero, a la vez, el partido da signos de buscar una renovación. “El entorno de Morales no va a volver”, prometió Choquehuanca. En un reciente video, el expresidente pareció alejarse de una eventual administración y aseguró que su tarea es “compartir la experiencia para formar nuevos líderes” y que está “comprometido a ayudar” en la reconciliación nacional. ¿Y si pierde? ¿El MAS defenderá sus conquistas en las instituciones y en las calles? ¿Recurrirá a su capacidad de movilización ante posibles embates del gobierno como en 2020? Son preguntas más fáciles de responder en la comodidad de la victoria que en la adversidad de la derrota.

POR UN AMIGO EN LA PAZ. Las elecciones tampoco pasan desapercibidas para Alberto Fernández, quien en febrero recibió a Arce y mantuvo un encuentro por Zoom con el candidato hace algunos días. En la Casa Rosada esperan su victoria para obtener un aliado en una región políticamente adversa. Además, la salida de Áñez rebajaría las tensiones bilaterales luego de las críticas y de la disputa en la última asamblea de la ONU. En términos electorales, Argentina también es importante porque representa casi el 2% del padrón, con casi 160 mil personas, y es un voto claramente masista que el año pasado llegó al 82%.

 

 

A la ya de por sí peligrosa tensión social que existe, principalmente porque el MAS y su oposición denuncian riesgo de fraude, se le suma la violencia política que existe a nivel nacional. La ONU reportó más de 41 agresiones entre partidos y el Instituto Nacional de Estadística (INE) confirmó que, entre enero y agosto, el gobierno de facto importó “armas no militares” por un total de 15,25 millones de dólares. El ministro de Gobierno, Arturo Murillo, no dejó lugar a dudas sobre sus fines. “Compramos para nuestra Policía, para defender la democracia”, afirmó y aseguró que, ante una eventual convulsión social, la policía y el ejército “van a actuar”. El desconocimiento del resultado por parte de cualquier sector será el peor escenario posible, porque hay un clima crispado y violento profundizado por un gobierno que no duda en reprimir. Para evitarlo, Lima aseguró que Arce, Mesa y Camacho deben tener una “reacción madura” y “llamar a la tranquilidad”.

Este domingo se realizan unas elecciones imprevistas, pero trascendentales. Sobre la mesa preelectoral hay condimentos similares a los del año pasado y otros nuevos a la espera de unos resultados envueltos en un mantra de dudas y denuncias, ¿Se reconocerán? ¿Asumirá un gobierno democrático? Habrá que esperar a que los invitados saquen las manos del plato para encontrar respuestas.