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Bolivia sube a la Argentina al ring a menos de tres semanas de las elecciones

El ataque de la presidenta de facto Áñez en la ONU sacó al gobierno de Fernández del silencio. El valor del voto de los expatriados. Las chances del MAS.

Por 30/09/2020 11:08

Alberto Fernández llegó al poder en diciembre en una región adversa a su modelo político. A las conocidas diferencias con el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, se sumó, un mes antes de su asunción, un nuevo foco de conflicto: Bolivia. El golpe de Estado que derrocó a Evo Morales lo privó de un importante aliado y agregó una nueva disputa que se tensó hasta explotar. La semana pasada su administración se subió al ring y respondió a las acusaciones de la presidenta de facto, Jeanine Áñez, a la espera de que la campana suene y las elecciones del 18 de octubre definan el futuro del país vecino. 

Áñez aprovechó sus minutos en la Asamblea General de las Naciones Unidas para denunciar “el acoso sistemático y abusivo” del “gobierno kirchnerista contra las instituciones y los valores republicanos en Bolivia” y calificó a la administración de Fernández como una “casta populista”. No fue esa la única crítica directa. Su canciller, Karen Longaric, también ha dedicado discursos y La Paz ha presentado cartas ante el país exigiendo aclaraciones y retractaciones que siempre recibieron la misma respuesta: el silencio.

“No hay nada que decir porque no reconocemos su gobierno”, dicen en el Palacio San Martín, pero la actuación en la ONU fue la gota que rebalsó el vaso. Un comunicado de la Cancillería se refirió a ella como “señora” y la exhortó a “concentrar su energía en la realización de las elecciones”, que ya fueron postergadas tres veces.

 

 

Una referencia tan clara y duras ante un foro internacional resultó demasiado para la política previa de no sumarse a controversias con un gobierno que no se reconoce. Sin embargo, la reacción evitó ahondar en la cuestión para volver a tomar distancia. 

Las críticas bolivianas son dos. Por un lado, que el asilo de Evo Morales no permite juzgarlo por “crímenes de lesa humanidad, terrorismo y estupro”, entre otras causas; y, por el otro, que desde el conurbano bonaerense, el líder del Movimiento Al Socialismo (MAS) realiza declaraciones injerencistas con la complicidad de las autoridades nacionales.

 

Evo Morales en enero, durante un acto en el estadio de Deportivo Español.

 

En ese sentido, ponen de ejemplo la reunión que mantuvo con el Subsecretario de Obras Públicas de la Nación, Edgardo Depetri, quien se comprometió “a fortalecer la participación de migrantes bolivianos en la elección para que Bolivia vuelva a ser un país libre y democrático”. Es por esto que la relación bilateral, según fuentes diplomáticas consultadas por Letra P, “se encuentra en un momento muy complicado” y limitada a asuntos de cooperación judicial y consulares.

En diálogo con este medio, el exembajador argentino en Bolivia Ariel Basteiro aseguró que los dichos de Áñez “traspasaron un límite” y que mostraron “el nivel de improvisación y la falta de densidad y de volumen de su figura”. “Su verdadero problema es que el gobierno argentino no la reconoció”, explicó, a la vez que agregó que el hecho de que realice críticas en “una tribuna internacional, en vez de preocuparse por garantizar un proceso democrático, es preocupante”.

A medida que se acercan las necesitadas y postergadas elecciones, las tensiones al interior de Bolivia y con la Argentina aumentan. En los últimos días el candidato a presidente por Comunidad Ciudadana y principal rival del MAS, Carlos Mesa, se sumó a las críticas y denunció que Buenos Aires respalda “de una manera muy desembozada” a Morales, algo que calificó como “una actitud inaceptable” por la cual Argentina “debe reflexionar seriamente sobre una relación de respeto con Bolivia”.

 

 

Durante las elecciones del 18 de octubre, los ojos estarán posados en los nueve departamentos bolivianos y se centrarán, de reojo, en la Argentina, considerada una “provincia” más del padrón. Estarán habilitados para votar aquí cerca de 160 mil ciudadanos, es decir, el 2,2% del total y más del doble que Pando, donde están registradas 75.000 personas. En este contexto Bolivia aumenta las tensiones con Buenos Aires y apela a la “imparcialidad” porque sabe que el voto de la comunidad boliviana es mayoritariamente masista. En 2019, Evo Morales arrasó en Argentina con el 82,22% de los votos y en esta elección peleada cada voto cuenta. Es por esto que la Cancillería boliviana sugirió la conformación de una “misión internacional e imparcial” en territorio argentino. 

“Que el Gobierno colabore con Evo Morales son denuncias de las autoridades bolivianas, que no tienen dónde fundar su debilidad electoral en Argentina”, declaró Basteiro en diálogo con este medio. “La elección la llevan a cabo las autoridades bolivianas. La Argentina lo único que puede hacer es prestar, dar y poner a disposición los lugares de votación”, explicó. “No hay ningún elemento para determinar que la Argentina tenga intereses en las elecciones más que en la transparencia”, profundizó. 

Bolivia llega a las elecciones con un clima similar al de 2019, pero con una importancia mayor porque implican el retorno a la democracia. El MAS, que presenta al exministro de economía de Morales, Luis Arce Catacora, se enfrenta a seis fuerzas opositoras en una disputa muy polarizada. El masismo se propone como la continuación del crecimiento económico y la estabilidad política alcanzada con Morales y el resto, como los defensores de la democracia ante la dictadura castrochavista.

 

 

El principal rival de Arce Catacora será, una vez más, Carlos Mesa. Para ganar sin ballotage se necesita superar el 50% o el 40% con una diferencia de diez puntos sobre el segundo. Las encuestas le dan al MAS una victoria apretada en primera vuelta, lo que es su mejor escenario porque en un ballotage la unidad de los demás partidos amenaza con derrotarlo. 

Cuando Áñez asumió, en un Senado vacío y sin votos, prometió elecciones en tres meses, pero se realizarán casi un año después. Octubre parecía lejano, pero llegó. La Argentina y la población boliviana están a la espera del ruido de la campana para votar y ver si la democracia resuelve los problemas internos y externos del país, que no serán pocos.