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Las estaciones del vía crucis de los gobernadores que piden auxilio en Balcarce 50

Los mandatarios peregrinan a la Casa Rosada en busca de fondos. El papel de De Pedro y la cadena que termina en Economía, donde Guzmán ejecuta la orden del Presidente. "Ordenen sus cuentas", escuchan.
Por 28/01/2020 11:32

Los mandatarios que peregrinan por Balcarce 50 en busca de fondos ya se acostumbraron a escuchar el mensaje. De manera personal o a través del circuito de funcionarios que interviene en la relación con las provincias, el presidente Alberto Fernández ya les transmitió a todos los gobernadores que la Casa Rosada no seguirá auxiliando a las provincias con desajustes fiscales y que los distritos deben “ordenar las cuentas”, a tono con lo que el ministro Martín Guzmán está haciendo en la Nación.

La delicada situación que enfrentan algunas provincias, en particular debido a su alto nivel de endeudamiento en dólares, mereció incluso en las últimas horas el reproche público del Presidente a los gobernadores. “Muchas provincias creyeron que era una buena alternativa y ahora terminó siendo una enorme trampa. Y es una deuda perversa, porque es de muy corto plazo. Entonces ahora caen las obligaciones y claro, no hay como cubrirlas”, dijo Fernández sobre la deuda que tomaron los distritos durante el gobierno de Mauricio Macri.

Consultado sobre si los gobernadores habían sido inducidos por Cambiemos a salir al mercado a pedir préstamos en dólares, el Presidente fue duro con los mandatarios. “Que ha sido una política diagramada e inducida desde el Gobierno nacional no cabe ninguna duda. Ahora, dicho esto, también los gobernadores tienen responsabilidad, porque, por más que a mí me induzcan a hacer algo, siempre tengo la libertad de hacerlo o no. La provincia de Santa Cruz también fue inducida y prefirió no hacerlo. Y ahí tienen a Santa Cruz con sus cuentas bastante saneadas”, afirmó en diálogo con el programa "Hagan Algo", en C5N.

 

 

La posición del Presidente frente al endeudamiento y al desajuste de las cuentas provinciales es el principio que rige la respuesta que los gobernadores encuentran en todos los ministerios. El ejemplo de la buena alumna Alicia Kirchner se repite en diferentes oficinas. La santacruceña hizo un fortísimo ajuste durante su primer mandato en la provincia. Congeló salarios y gastos y enfrentó un tembladeral político. En 2017, estuvo encerrada nueve horas en la sede de la gobernación, sitiada por las protestas. “Pagó un costo político enorme, pero ahora tiene la provincia ordenada”, destacan en un despacho de Balcarce 50. En 2019, terminó con superávit fiscal.

Los gobernadores apremiados peregrinan para ver, al final del camino, al ministro Guzmán sentado sobre los recursos nacionales. "Es durísimo, no suelta un peso", describen en un despacho del ministerio.

Algo similar pasó con la ex gobernadora Rosana Bertone, que, apenas asumió, aplicó un fuerte recorte al gasto público, congeló la planta permanente de empleados y cambió el régimen jubilatorio, lo que provocó una crisis política, la toma de la Casa de Gobierno, protestas, acampes y paros de estatales. En 2019, perdió la elección, pero, elogian en el oficialismo, “dejó la provincia muy ordenada”. La palabra “ajuste” no entra en el léxico oficial.

“ATN (Adelantos del Tesoro Nacional) no hay más. Tienen que ordenar las cuentas. No pueden seguir pidiendo plata para pagar gastos corrientes”, dice un asesor del Presidente, que además recuerda que los gobernadores lograron hacerse de mayores recursos durante la gestión macrista por el acuerdo que selló la devolución del 15% de coparticipación que les retenía el Estado nacional desde 2001. “No solo tienen que venir a pedir plata. También tienen que ayudar y ser parte de la solución colectiva”, agrega un integrante de la mesa chica de Fernández.

Sin ATN disponibles, las opciones de auxilio son más acotadas. La Rosada ofrece adelantos de coparticipación, saldar algunas cuentas pendientes, como sucedió con el acuerdo con La Pampa y el anuncio de regularización de las deudas que la Nación mantiene con 13 provincias que preservan regímenes previsionales propios, y refinanciar vencimientos de títulos públicos, como hizo la ANSES con la provincia de Buenos Aires.  

El pedido de ordenamiento fiscal fue el que escucharon a principios de enero las cinco provincias a las que el Presidente ordenó darles adelantos de coparticipación para resolver los problemas urgentes. En esa lista se anotaron Chubut, Chaco, Río Negro, Santa Cruz y Tucumán, todas obligadas a reintegrar los montos “dentro del mes de su otorgamiento”.

 

 

Chubut, que ya había recibido 500 millones de pesos en diciembre, también como adelanto de coparticipación, fue la que recibió la advertencia más severa cuando el presidente Fernández se negó a escuchar personalmente los pedidos de auxilio del gobernador Mariano Arcioni y lo derivó al Ministerio de Economía. El gobernador ya había pasado por las oficinas del Ministerio del Interior, donde anotan a Chubut y a Jujuy como las más complicadas en términos financieros. Las deudas, en los casos de Arcioni y del jujeño Gerardo Morales, son propias. En otros, como sucede en Chaco con Jorge Capitanich, son heredadas de la administración anterior. 

“Arcioni prometió aumentos salariales que no puede pagar y tomó una deuda impagable. Que sincere las cuentas y presente un plan de ordenamiento. Acá no hay más plata”, dijeron en Balcarce 50. En el edificio de Economía, Arcioni escuchó los lineamientos fiscales que trazaron el ministro Guzmán y el secretario de Hacienda, Raúl Rigo, impasibles ante los lamentos. El chubutense se puso a trabajar de inmediato en un plan para ajustar las cuentas provinciales.

 

 

Como Arcioni, otros mandatarios apremiados peregrinan para ver al final del camino al ministro Guzmán sentado sobre los recursos nacionales. "Es durísimo, no suelta un peso", describen en un despacho del ministerio. "Ahora todos fingen demencia", ironizan en la Casa Rosada sobre los tomadores de deuda. 

Según relatan en las provincias, De Pedro muestra la cara más amable al recibir a los gobernadores y considera los pedidos de auxilio, que chocan con la negativa cuando comienza la cadena de evaluación de los números finos. A la secretaria de Provincias, Silvina Batakis, que depende de De Pedro, le toca muchas veces hacer el llamado más antipático para comunicarles a los ministros de Economía locales que no hay fondos disponibles.

Batakis cumple el rol de “auditora” de las cuentas provinciales y está en permanente contacto con el Ministerio de Economía, en particular, con Rigo. El secretario de Hacienda habla todas las mañanas con el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, y con la vicejefa, Cecilia Todesca, a quienes pone al tanto en detalle de los números de la economía. El informe llega luego al Presidente, que, a la manera de Néstor Kirchner, sigue la evolución diaria de las cuentas públicas. Coordinado e impasible, el tándem Cafiero-De Pedro-Guzmán-Fernández cierra filas. El tiempo de las provincias pobres y el Estado nacional rico terminó.