X

La bomba Kicillof: el poder de daño de un eventual default bonaerense

El tictac es implacable y una cesación de pagos de la Provincia puede complicar severamente a la Nación. Hay demasiado en juego. Optimistas y pesimistas. Razones y temores. ¿Un salto sin red?

Por 20/01/2020 15:32

La decisión del gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, de posponer un pago de capital de 250 millones de dólares del bono Buenos Aires 2021 (BP21) amenaza con derivar en un default del principal distrito del país y con contaminar la de por sí compleja renegociación de la deuda soberana a cargo del ministro de Economía de la Nación, Martín Guzmán. Los analistas del mercado no muestran unanimidad respecto de que pueda evitarse tal extremo, de consecuencias potencialmente graves sobre la pelea en la que Alberto Fernández juega buena parte del destino de su gestión.

La saga gira alrededor de un vencimiento, con fecha 26 de este mes, de 250 millones de dólares de capital del BP21, además de 27 millones en concepto de intereses. Esto último sí se pagará, pero la pretensión del gobernador de abonar el tramo de capital más tarde, el 1 de mayo, le da a la Provincia un plazo de diez días para lograr la aceptación voluntaria de los tenedores y evitarse el mal trago de la cesación de pagos.

De acuerdo con el cronograma que se impone, este miércoles 22 se sabrá si una mayoría calificada del 75% los acreedores, suficiente para obligar al 100%, acepta el pedido de Kicillof y de su ministro de Hacienda y Finanzas, Pablo López, y el 26 será la fecha de pago de los intereses, lo que está asegurado. Si los bonistas no aceptaran la prórroga del capital, desde esa fecha comenzaría a correr un “período de cura” de diez días que, una vez agotado, desencadenaría el pedido de “aceleración” del pago por parte de los rebeldes y el temido default.

 

Pablo López y Axel Kicillof.

 

UN PROBLEMA VOLUMINOSO. Christian Buteler, analista financiero, apuntó directamente contra el timing del gobernador. “La situación de la deuda de la provincia de Buenos Aires es delicada. Todos sabíamos que, tal como en el caso de la Nación, iba a ser necesaria una reestructuración. La pregunta es por qué se esperó hasta dos semanas antes del vencimiento para plantear una negociación”, le dijo a Letra P.

Gustavo Reija, director de la consultora Mecronomic, explicó en diálogo con este medio que “la provincia de Buenos Aires tiene una deuda total de aproximadamente 11.200 millones de dólares, de los cuales el 58% es efectivamente en esa moneda, el 37% en pesos y el 5%, en euros”.

“El perfil de vencimientos –añadió- implica que el 22% del total vence en menos de un año, el 51% en menos de cinco años y el 27% en más de cinco años. Entonces, la carga financiera para la actual gestión es de aproximadamente del 73% del total”.

 

 

EL VASO MEDIO LLENO. El destino inmediato del BP21 tiene, como es natural, optimistas y pesimistas.

En la opinión de los primeros pesa el hecho de que la Provincia no haya puesto ningún incentivo para seducir a los tenedores bonistas. “Pareciera que tienen todo controlado y que deberían obtener los cuatro meses que piden sin problemas”, le dijo a Letra P un analista del mercado que prefirió no ser mencionado.

 


Además, son muchos los que creen que Kicillof no va a arriesgarse a ser el primer gobernante de la actual camada en precipitar un default por “solo” 250 millones de dólares, algo que para Buteler “no sería lógico”.

Esos especialistas piensan que, si los acreedores no aceptan diferir el pago de capital, La Plata se las ingeniará de alguna manera. “De hecho, hay 130 millones de dólares en una cuenta que dejó la administración anterior específicamente para este título”, dijo uno de los que apuestan a que la sangre no llegará al río. Además, añadió, “el resto del dinero necesario para pagar se puede obtener con la emisión de letras de corto plazo y la Provincia cuenta con recursos de recaudación que le ingresan todo el tiempo”.

Por último, si todo eso no fuera suficiente, algunos creen que, pese a haberse manifestado hasta ahora en contra de esa posibilidad, el gobierno de Fernández puede salir a último momento al rescate de su principal provincia, más allá de lo difícil que pueda resultar para Guzmán explicarles a los mismos tenedores a los que dice no poder pagarles, que sí tiene dinero para hacer frente a vencimientos que son ajenos a la Nación.

EL VASO MEDIO VACÍO. También hay pesimistas, que enumeran varios escollos a superar para llegar a un final feliz.

El primero es la mencionada dificultad argumental del ministro de Economía de la Nación. En ese sentido, Reija señaló que “parece lógico que, durante este proceso, la Nación no salga a sostener deudas provinciales, dando además una clara señal en materia de moral hazard (riesgo moral) al mercado”. En criollo: el que prestó a tasas tan elevadas como el 10,875% del BP21 y, por codicia, asumió el riesgo que eso implica, que se haga cargo de las consecuencias.

El segundo problema surge del hecho de que el umbral de aceptación del 75% es considerado alto en términos de las cláusulas de acción colectiva que se hicieron comunes en el mundo después del megadefault argentino de 2001-2002, que en general son del 66%.

 

Nadie descarta que entre los propietarios del BP21 aparezcan hedge funds, esto es fondos altamente especulativos cuyo negocio pasa tanto por la obtención de rendimientos estratosféricos logrados en base a la compra títulos de pago dudoso como de litigar, llegado el caso de impago, en Nueva York.

 

Un tercer problema es que, al contrario de lo que algunos han dicho en los últimos días, ese 75% excluye a los organismos estatales que puedan estar en posesión del título. Así, el cálculo solo abarca a sus tenedores privados, le confirmaron a Letra P en la Gobernación bonaerense, algo que incrementa la exigencia.

Una cuarta dificultad es el escaso tiempo que da el “período de cura”. “Aunque haya voluntad de los tenedores, el umbral del 75% es difícil de conseguir antes del 22 por cuestiones administrativas. Desde que se conoce el notice hasta que esa información le llega a la gente pasan, como mínimo, tres días hábiles y para que vuelva la respuesta, otros tres”, le dijo a este medio un trader con amplia experiencia en este tipo de operaciones.

Una quinta complicación, estrechamente vinculada con la anterior, es el nivel de pulverización del bono en el mercado.

Tiempo atrás, la agencia especializada Bloomberg señaló que el fondo de inversión Fidelity Investments, a través de diferentes nomenclaturas, contaba con el 16,3% del total de PB21. Más atrás, por solo citar a los principales tenedores, figuraban NN Investment Partners con el 3,52%, Royal Bank of Canada con el 1,85%, Blackrock con el 1,64% y Southern Trust con el 1,53%.

Fuentes del mercado consultadas por Letra P creen que ese mapa de tenedores no responde totalmente a la situación actual y que las tenencias del BP21 están hoy, después de dos años de crisis financiera, más pulverizadas, lo que complejiza las gestiones. Es más, citan una sexta dificultad: la posibilidad de que entre los propietarios aparezcan hedge funds, esto es, fondos altamente especulativos cuyo negocio, como bien debe recordar Kicillof de los momentos traumáticos de su experiencia como ministro de Economía de Cristina Kirchner, pasa tanto por la obtención de rendimientos estratosféricos logrados en base a la compra de títulos de pago dudoso como de litigar, llegado el caso de impago, en Nueva York.

El séptimo inconveniente mencionado en el mercado es que la renegociación del BP21 es vista por el momento como una gestión aislada, que no se da en el marco de una renegociación de vencimientos provinciales ampliamente considerados como impagables en sus actuales condiciones. Esto puede reducir el atractivo de la oferta de Kicillof a los ojos de los bonistas.

“Esperemos que se encuentre la forma de hacer frente a ese pago en caso de que los inversores no den el visto bueno, porque un default complicaría los esfuerzos de la Nación con los acreedores”, dijo Buteler.

LO ÚLTIMO QUE SE PIERDE. “Esperemos que en la semana que queda se encuentren las medidas financieras para hacer frente a ese pago en caso de que los inversores no den el visto bueno, porque un default ensuciaría y complicaría los esfuerzos de la Nación con los acreedores para renegociar su deuda”, indicó Buteler.

“La propuesta de la Provincia constituye el ariete dentro del proceso global de renegociación que incluye a la Nación. No es una decisión aislada y debe entenderse como parte de un modelo de negociación en el cual se desfila en un estrecho camino entre evitar el default y reprogramar, con quitas incluidas, los vencimientos de deuda pública”, estimó Reija.

“Cerrar exitosamente la renegociación de la deuda es prioridad absoluta y urgente de la administración Fernández, ya que de tal proceso depende tener un Presupuesto 2020 y un plan económico integral. El Presidente se ha autoimpuesto el día 31 de marzo como fecha límite para tener el acuerdo cerrado, tal vez en un exceso de optimismo. Lo que está claro es que el primer cuatrimestre es clave para que el mercado reciba las señales concretas que definirán el perfil del desempeño de las principales variables a lo largo del resto del año”, cerró el titular de Mecronomic.

Es mucho lo que se juega en el salto (¿Con red? ¿Sin ella?) de Kicillof, tanto para la Provincia como para su propio futuro político y para el destino del gobierno de Alberto Fernández. La respuesta sobre el acierto de su ensayo no tardará en conocerse.