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Berensztein: “El oficialismo tiene más margen para ir hacia donde hay más votos”

El analista repasa el momento de la puja electoral. Comandos y profesionalismo. El peso de la economía y los valores. ¿Por qué Fernández habla sin parar? ¿Por qué surge un lenguaje de Guerra Fría?
Por 17/07/2019 16:19

Sergio Berensztein entiende que el momento actual de la campaña le resulta favorable al oficialismo, que saca ventajas debido a su experiencia y organización. Registra, además, una mejora clara del humor social y analiza la eficacia con la que los estrategas de la Casa Rosada manejan las motivaciones menos obvias del voto, las no económicas. En una entrevista que concedió a Letra P, el analista político repasó las características de la campaña de Alberto Fernández y las causas de su insistencia en mostrarse continuamente ante los medios. Asimismo, ponderó las herramientas de las que disponen siempre los gobiernos, que en esta ocasión les dan al macrismo la chance de “correrse hacia el sector en el que puede ganar más votos”. ¿Cuánto pesa la economía? ¿Cuánto los valores? ¿A qué responden las acusaciones cruzadas de gorilismo, populismo, marxismo? ¿A quiénes se dirigen? 

-Más allá de las encuestas que se dan a conocer, que marcan un repunte, pareciera haber un momento de impulso para el oficialismo. ¿Cómo evalúa el clima en esta instancia de la campaña electoral?

-Efectivamente, algo de eso hay y tiene que ver con dos cosas distintas. Por un lado, con el hecho de que la economía, si bien no mejoró demasiado, parece haber encontrado una estabilidad relativa del tipo de cambio que impactó en el humor social. De hecho, desde fines de abril se percibe una mejora muy significativa de la confianza del consumidor y de expectativas sobre cómo van a estar las cosas en los próximos seis meses. Un segundo elemento se relaciona con la calidad de los equipos de campaña, la disciplina de los candidatos y la experiencia en la materia de los principales protagonistas, que resulta crucial. Hay una asimetría que puede ser clave en este proceso entre Juntos por el Cambio, por un lado, y el Frente de Todos y Roberto Lavagna, que presentan dificultades. Cuando uno mira, sobre todo, el expertise de (Mauricio) Macri, de (María Eugenia) Vidal y de (Horacio Rodríguez) Larreta, que compiten en las tres elecciones más importantes, versus el de Alberto Fernández, (Axel) Kicillof y Matías Lammens, hay una diferencia muy significativa a favor del oficialismo. Las dos cosas juntas explican el momentum del que usted me habla.

 

 

-En ese sentido, Alberto Fernández aparece continuamente, da entrevistas, conferencias de prensa espontáneas... ¿Lo hace como una estrategia para instalarse o por su manera de entender la campaña?

-Es cierto que él tiene terreno todavía para crecer en términos de conocimiento público. Entonces, cuando en las piezas de campaña dice “tal vez no te acordás de mí” y se presenta como un tipo común y como un profesor universitario, hace referencia a eso, a que perdió centralidad mediática desde su renuncia en 2008. Pero esa es una parte. Lo que básicamente pone de manifiesto esta sobreexposición es la falta de una programación inteligente de sus actividades de campaña. Y con “inteligente” me refiero a que no hay una lógica de apariciones, que se producen medio a demanda, digamos. Y eso no tiene mucho sentido, porque el candidato se sobreexpone sin definir si va a un determinado lugar para emitir un mensaje determinado, que apunte a un segmento específico del electorado. Ahí hay un problema importante: uno de los principales problemas de Alberto es que sabe mucho del tema, porque fue muchas veces jefe de campaña. Por eso, para él, es muy difícil ahora cambiar de rol y ser candidato. Es probable entonces que le cueste delegar y que el querer estar en lo micro le haga perder dimensión de lo macro. Veremos si la dinámica de su campaña es una hasta las PASO (Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias) y otra después de ellas, con una mayor profesionalización y una estrategia más cuidada respecto de qué dice, dónde lo dice y a quién se lo dice.

"Uno de los principales problemas de Alberto Fernández es que sabe mucho del tema, porque fue muchas veces jefe de campaña. Por eso, para él, es muy difícil ahora cambiar de rol y ser candidato".

-Más allá de la relativa mejora del humor social a la que hacía referencia antes, la situación económica sigue siendo negativa. ¿Cómo se explica que, en este contexto, el oficialismo siga siendo competitivo?

-Hay que definir eso de “situación negativa”. Por supuesto que la recesión sigue siendo importante y que, cuando se compara con un año atrás, recién ahora empieza a haber algún cambio de tendencia relativamente positivo. También es cierto que el riesgo país sigue estando alto, no hay inversiones nuevas, el desempleo y la pobreza están más altos… Si miramos el boletín de calificaciones, naturalmente es muy negativo. Sin embargo, en comparación con el peor momento de la crisis, como sugerí antes, desde fines de abril se observa una situación mucho menos volátil y la inflación está en baja. Para decirlo brutalmente, si uno compara con la situación previa a la crisis o previa a 2015, obviamente la Argentina está peor en términos del humor de la calle. Pero si se compara con el peor momento de la crisis, el país está marginalmente mejor. Entonces, ¿qué prioriza la sociedad?

-¿Y cuál es la respuesta?

-Bueno, digamos que es muy difícil hablar de “la” sociedad. La Argentina es un país muy fragmentado, en el que hay múltiples nichos. Entonces, en principio, hay un segmento muy importante del votante del oficialismo que siente que las cosas han mejorado y que, al margen del episodio cambiario durísimo que se dio entre abril del año pasado y abril de este año, a pesar de la economía vale la pena darle otra oportunidad a Macri. Y hay un segmento en la oposición que ya era crítico del Presidente hacia 2017 y lo es mucho más como consecuencia de la crisis. Pero el problema no es ese, sino el público independiente, que no está decidido y que no tiene todavía una definición sólida con respecto a la elección. ¿Qué va a influir más en él, el corto plazo o el mediano-largo? La respuesta va a depender mucho, entre otras cosas, de lo que haga el Gobierno de acá a las elecciones.

Como habrá notado, en esta lógica en la que el votante medio, independiente y moderado predomina, (Emmanuel) Álvarez Agis va Nueva York a calmar a los inversores. Pero, mientras tanto, la fórmula Macri-(Miguel Ángel) Pichetto hace uso de planes de financiamiento, subsidios a los que sacaron créditos UVA, en fin, todo el dirigismo, el intervencionismo y las medidas de corte pseudo populistas necesarias para ganar. En esa situación de híbridos, el que tiene más margen para hacer la diferencia, corriéndose hacia un sector en el que puede ganar más votos, curiosamente es el oficialismo.

-Es el que tiene la iniciativa.

-Quiero decir que desde la oposición se le pueden enviar mensajes a los mercados para que no se enojen, pero el oficialismo puede dar señales para que lo voten. ¿Qué vale más? Evidentemente, lo segundo.

 

 

-¿Qué ejes de discusión ve como predominantes a esta altura de la campaña? ¿Lo económico? ¿Lo valórico?

-Obviamente, lo económico predomina, pero algo de esto hablamos antes: todo depende del segmento que se tome y de cuáles son sus preocupaciones. Por otra parte, si lo económico es fundamental, nunca es lo único. Si hablamos de ejes, obviamente hay una paleta que tiene que ver con lo temático. Sin embargo, hay otra dimensión que me parece más importante en este contexto que tiene que ver con lo “racional” y con lo “emocional”. Hay toda una literatura reciente que habla de emocracia, que da cuenta ya no del poder del pueblo, como indica el término democracia, sino de la influencia de las emociones, tanto en el voto como en la propia administración del poder.

-¿En qué se traduce eso en términos de una campaña electoral como la nuestra?

-Se nota, por ejemplo, en lo que hace Donald Trump con los inmigrantes, generando estímulos o provocaciones para que los sectores más radicalizados del Partido Demócrata lo ataquen o hasta incitando pedidos de impeachment, sabiendo que eso le conviene por fortalecer la polarización y por quitarles importancia relativa a los moderados. Lo mismo pasó con el brexit. Donde se pone la lupa, las emociones están pesando mucho más que los argumentos racionales. En la Argentina, puede pasar lo mismo, tal vez no en todo el electorado, pero al menos sí en un segmento crítico. Por eso, Macri hace hincapié en que lo que se juega es la democracia y el peligro del volver al populismo autoritario, al margen de todos los esfuerzos que hace Alberto Fernández junto a los gobernadores para desmentir eso. Puede haber ahí una dimensión emocional jugando un rol significativo. Otro ejemplo es la operación que ha hecho el oficialismo para dividir sindicalismo y peronismo. Antes, el culpable de todos los males era el peronismo, con eso de los setenta años de decadencia, etcétera. Pero, con Pichetto en la fórmula, ese argumento ya no sirve. Entonces se cambia el foco: el peronismo republicano pasa a ser rescatable, pero el sindicalismo no, y se produce todo un ataque a los Moyano, a Sergio Palazzo a Pablo Biró. En ese contexto, los paros de subtes que vemos parecen hechos a medida del oficialismo, porque alimentan el gorilismo atávico pero selectivo, que distingue peronistas buenos y malos y que pone al sindicalismo en el lugar que antes ocupaba el peronismo en su conjunto. En síntesis, operan también cuestiones valóricas en un segmento, como la acusación de neoliberal a Macri o el fondomonetarismo que le atribuyen desde el Frente de Todos. Y lo contrario también se aplica, con el gorilismo y el tema de Venezuela, por ejemplo.

 

"Desde la elección de Pichetto como miembro de la fórmula oficialista, los argumento contra el peronismo ya no sirven. Entonces se cambia el foco: el peronismo republicano pasa a ser rescatable, pero el sindicalismo no, y se produce todo un ataque a los Moyano, a Sergio Palazzo a Pablo Biró".

 

¿Qué rol juegan argumentos discursivos como los señalamientos de Kicillof como “marxista”? ¿Surte eso algún efecto o simplemente daña la calidad de la convivencia?

-A todo lo anterior hay que sumar la aparición de los estigmas: La Cámpora como fantasma, lugar que en algún momento jugó la Coordinadora o el Grupo Sushi, esto es, la idea de un grupo que nadie sabe quiénes lo componen ni cuántos son, pero que tienen influencia en los círculos del poder e implican un riesgo. Sobre la cuestión del marxismo de Kicillof, los comentarios macartistas me parecen horribles. En el caso de un peronista clásico como Pichetto, eso remite a la consigna “ni yanquis ni marxistas, peronistas”, a la idea de que, en definitiva, el kirchnerismo es un hecho maldito del país peronista, un desvío ideológico, casi jacobino, que tiene poco que ver con el antes y el después de la historia del peronismo. Así, más que buscar un efecto en la sociedad en su conjunto, apunta a aislarlo de los intendentes y los sindicalistas, que siempre desconfiaron del marxista y, es más, ven a los grupos trotskistas como una competencia y una enorme incomodidad. Sea esto cierto o no, para muchos peronistas efectivamente Kicillof es una rara avis, por su historia personal, sus ideas y sus motivaciones. Está ahí porque lo puso Cristina Kirchner porque, de hecho, tal vez tenía mejor perfil para ser candidato en la Ciudad de Buenos Aires que en la provincia.