25|6|2021

22 de junio de 2019

Con la vida del apoderado del PJ se escriben 30 años de historia argentina. Fiel a todos los ismos peronistas, hoy tendrá otra vez la lapicera final. Fue magia: cómo llevó a Kirchner a la Rosada.

Hoy volverá a afrontar el día más largo con la paciencia oriental que acumuló en más de tres décadas de cerrar listas. A través de su experiencia, pueden contarse la historia del país, las tensiones en el peronismo desde el regreso de la democracia y la lucha de los políticos por sobrevivir en su rol desde una banca acolchada. Aunque dice que no tiene la llave de nada, Jorge Landau es el dueño de todos los cierres del PJ. Trabajar para presidentes y ver pasar a los especímenes más diversos en las horas decisivas le permitió salir airoso, una y otra vez, ante el reclamo de los que se quedan afuera y son condenados al margen, por un tiempo. “A mí me prometieron”, “¿Yo voy a estar?”, “¿No voy a estar?”, “Yo esto lo arreglé con el uno”. A esta altura de la función, el histórico apoderado del Partido Justicialista no se inmuta ni conmueve con ningún quejido.

 

A través de su experiencia, pueden contarse la historia del país, las tensiones en el peronismo desde el regreso de la democracia y la lucha de los políticos por sobrevivir en su rol desde una banca acolchada.

Desde que se inició en política, en la década del sesenta, conoció, trató y trabajó con infinidad de figuras que surcaron la política y el peronismo: José Ber Gelbard, José Manuel De la Sota, Juan Carlos “Chueco” Mazzón, Antonio Cafiero, Carlos Corach, Eduardo Duhalde, Carlos Menem, Néstor Kirchner, Cristina Fernández y, siempre, María Romilda Servini de Cubría.

 

Ex militante de Guardia de Hierro, con un temprano desempeño en el sector empresario, tres mandatos como diputado nacional, un fugaz paso como intendente de Escobar y su lugar de actual secretario letrado en el Consejo de la Magistratura, Landau llegará al mediodía a su oficina del edificio de Matheu 130 para iniciar un día que asoma más tranquilo que otros.

 

Con la fórmula de los Fernández ya decidida entre cuatro paredes por la figura más taquillera de la oposición, la tarea más ardua estará, una vez más, en la provincia de Buenos Aires: 135 municipios, legisladores provinciales, diputados nacionales y una legión de sin tierra que se autoconvocan a Matheu en busca de su lugar. Ante cualquier eventualidad, Landau dispone un operativo para mudarse a una sede alternativa y reservada para eludir la presión brutal, ordenar los papeles y hacer firmar a los apoderados en relativa calma. Su trabajo coincidirá con los hombres de Sergio Massa como Eduardo Cergnul y Facundo Fernández y representantes del cristinismo como Graciana Peñafort y Gerónimo Ustarroz, hermano de Eduardo “Wado” de Pedro

 

 

 

“Yo lo que hago es bajar los decibeles ante cualquier disputa y traducir la locura a una frecuencia legal para que todo transcurra con normalidad”, dice Landau a Letra P, mientras suenan sus teléfonos y atiende varias cosas a la vez. Para este cierre de listas con Mauricio Macri y el frente “Juntos Somos el Cambio” como adversarios, lo más complicado no está en ordenar a una dirigencia peronista que se nucleó en su mayor parte en torno al “Frente de Todos”, pero volvió -una vez más- a dividirse en los tres espacios más destacados del menú electoral. “Lo más difícil ahora va a ser el tema de la alternancia de un hombre y una mujer porque el grueso de los liderazgos son masculinos. y esta es la primera elección donde vas a tener que poner uno y uno hasta el final como eso ataca la cultura política de buena parte de los dirigentes”, explica un diplomático Landau, que se muestra también en proceso de deconstrucción.

 

 

 

EL INGENIERO DEL PJ. Esa mañana, temprano, Landau estaba en su casa de Ingeniero Maschwitz, cuando recibió un llamado del Presidente.

 

-¿Dónde estás?

 

-En mi casa, ¿donde querés que esté a esta hora?

 

-Venite para Olivos que quiero charlar un rato.

 

Decidido a no competir por la presidencia, después del doble crimen de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, Duhalde estaba ansioso por impedir el regreso de Menem al poder y moldear un heredero en el menor tiempo posible. Ya Carlos Reutemann y De la Sota habían quedado descartados por distintas razones.

 

El diálogo de esa mañana con el apoderado del PJ en la residencia de Olivos abriría la puerta a una etapa nueva y prolongada en el peronismo, con el estallido de 2001 como telón de fondo. Obsesionado con frustrar el triunfo del riojano en una interna, Duhalde quería saber si los partidos políticos podían llevar más de un candidato a presidente.

 

-Me parece que no, pero dejámelo mirar un poco.

 

-¿Dónde dice que no se puede?

 

-Decir no dice en ningun lado, la Constitución no lo dice.

 

-¡Entonces está permitido!

 

-Momento, lo vamos a analizar bien, no es así de sencillo.

 

-Bueno, estudiálo

 

Landau quedó encargado de armar una “ingeniería jurídica” que debía darle una forma legal a la necesidad política del presidente interino, en un tiempo récord. Era necesario habilitar un congreso donde fueran elegidos los candidatos y contar con una larga serie de requisitos. El más importante: que pasara el filtro de la jueza Servini de Cubría. El apoderado se conoce de memoria con la jueza electoral, una actriz fundamental para dirimir liderazgos y posiciones en un PJ al que conoce como nadie.

 

El apoderado se conoce de memoria con Servini de Cubría, una actriz fundamental para dirimir liderazgos y posiciones en un PJ al que conoce como nadie.

Servini dictó una resolución que le permitió al PJ dividirse en tres, con la condición de que nadie usara los símbolos partidarios. La resolución de la jueza había sido cocinada en el salón principal de la sede del PJ, en el segundo piso de Matheu. Landau suele decir por eso que cada elección interna tiene una historia distinta que recordar. Era una mañana de lluvia torrencial y avanzaron en el operativo junto con Eduardo López, un abogado de su equipo que todavía lo acompaña. Servini lo llamaba apurada para que terminara la obra, de acuerdo a los plazos legales que corrían. Así surgió la criatura de las tres fórmulas del PJ que le permitió a Néstor Kirchner llegar al 22 por ciento de los votos con Daniel Scioli como compañero de fórmula y entrar después, sin ballotage, a la Casa Rosada.

 

 Kirchner-Scioli, Adolfo Rodríguez Saá-Melchor Posse y Carlos Menem-Juan Carlos Romero se enfrentaron con los resultados conocidos. En la fórmula del riojano, un joven Juan Manuel Urtubey figuraba como responsable económico financiero.

 

Responsable jurídico de la salida de emergencia que le dio el poder al santacruceño, Landau fue leal a Duhalde en la elección de 2005 en la que Kirchner decidió enfrentarlo. Junto con los bonaerenses José María Díaz Bancalari y Hugo Curto no querían enfrentar al Presidente, pero sentían una deuda histórica con el ex gobernador. Los tres acompañaron al archirrival de Menem hasta la puerta del cementerio, la elección que Cristina Fernández le ganó a Hilda González. Después, Kirchner llamó al apoderado del PJ y Landau se sumó al éxito de la nueva etapa que se iniciaba. Respetuoso de las formas, el dueño de todos los cierres llegó a la Casa Rosada con un mensaje claro: “Yo no me voy a pasar de manera individual. Quiero que pase el Partido Justicialista de la provincia, de manera institucional”. No sólo escuchaba el nuevo jefe del peronismo. También estaba el primer ex duhaldista, Aníbal Fernández, y el entonces jefe de Gabinete, Alberto Fernández, al que Landau conocía desde el tiempo en que había sido vicepresidente del Grupo Bapro.

 

 

 

TODO ES HISTORIA. Cuando Landau comenzó a armar listas, la máquina de escribir era la autoridad a la que el peronismo debía rendirse. En 1983, fue electo congresal del PJ. Landau vivía en Escobar desde los años finales de la dictadura militar y había ganado la interna del partido en su distrito. Empresario del rubro químico, acostumbrado a respirar amoníaco, el actual secretario letrado del Consejo de la Magistratura en la vocalía del chubutense Mario Pais fue presidente de la Juventud Empresaria que formaba parte de la CGE, la central empresaria ligada al peronismo que conducía José Ber Gelbard, el ex ministro de Perón que ahora rescata Cristina Kirchner para hablar del contrato social que propone hacia adelante. “La gente no tiene la más puta idea de quién es Gelbard, yo lo traté mucho al viejo”, dice.

 

A principios de los 80, Landau no se decidía todavía a involucrarse en política a tiempo completo. Rechazó ser diputado provincial en una época en que los partidos regresaban a la legalidad y todas las listas abiertas después de siete años sin elecciones. “Había lugar para todos. ¿Qué querés ser? ¿Diputado? Senador, te ofrecía Herminio (Iglesias)”, recuerda el apoderado, entre risas. Ahí participó del Congreso del PJ en Lanús, fue apoderado de su lista y comenzó en un oficio que hoy maneja como nadie.

 

Se había iniciado casi 20 años antes en política como parte de  la Unión Nacionalista de Estudiantes Secundarios, una agrupación católica ligada a la derecha de Tacuara. Hoy, con 72 años, Landau se recuerda hace una vida, con apenas 15, en 1962, haciendo campaña por Andrés Framini en provincia de Buenos Aires. Con el peronismo proscripto, el sindicalista fue electo gobernador, pero el gobierno de Arturo Frondizi, presionado por los militares, desconoció el resultado.

 

 

 

Poco después comenzó a militar en Guardia de Hierro, la organización en la que se formaron peronistas que llegarían lejos como el jesuita Jorge Bergoglio. Con un paso fugaz como asesor del rectorado de la UBA en tiempos de Cámpora, conoció a De la Sota, que era secretario académico de la Universidad de Córdoba. 

 

En 1988, Antonio Cafiero le propuso entrar al gobierno provincial y se convirtió en apoderado del PJ bonaerense y en 1991 Duhalde lo designó secretario parlamentario del Senado en la provincia, cargo que ocupó hasta 1996. Fue el ex gobernador el que le pidió que armara la lista para el ex represor Luis Abelardo Patti en Escobar. “La única garantía para que Patti no nos cagara era que yo fuera primer concejal. Era insostenible porque era el punto más alto de la pelea Menem-Duhalde y Patti estaba del lado de Menem”, rememora. Cuando el ex subcomisario decidió abandonar la intendencia para pelear por la gobernación bonaerense a caballo de la mano dura de la que era emblema, Landau tuvo su bautismo de fuego en el Poder Ejecutivo. Fue intendente durante diez meses de 1998 y comenzó un enfrentamiento con Patti del que podría, tal vez, escribirse un libro. A Landau lo respaldaba la Gendarmería frente a un policía que contaba con el apoyo histórico de La Bonaerense. Veinticinco mil peronistas fueron a votar y ganó Patti. El apoderado del PJ perdió, pero la historia lo recuperaría para el bando de los vencedores.