X

Peronismo disecado

La semana trágica de los compañeros federales produjo brotes verdes de optimismo en la Casa Rosada, que celebra el gran aporte de Lavagna y le habla al oído a Massa para que ayude sin prenderse fuego.
Por 25/05/2019 13:08

Puede faltar todo, pero nunca el optimismo. En el corazón del PRO, ven que acaba de terminar una semana política que es pura ganancia en un mar de pérdidas. El álbum del peronismo disecado que nutre las páginas de la gobernabilidad amarilla sumó tres fotos al hilo. Pasaron por la residencia de Olivos y la Casa Rosada Miguel Angel Pichetto, Juan Schiaretti y Juan Manuel Urtubey, los sospechosos de siempre, bastante más interesados en dejar atrás el populismo cristinista que en derrotar a Mauricio Macri. Con un rol esencial de Rogelio Frigerio, las usinas de Balcarce 50 se desvivieron para acarrear hasta la orilla del Presidente a tres de los cuatro miembros de Alternativa Federal y se encargaron de difundir las fotos afectuosas con los líderes del PJ del medio. Lo más importante estuvo, como siempre, fuera de escena.

 

 

jueves 23. Cae la tarde y cae Urtubey a la Casa Rosada.

 

HAY EQUIPO. Con una economía enterrada en una recesión que no se termina, la comandancia amarilla que sigue a Marcos Peña entiende que todos en la oposición juegan, a su manera, para el oficialismo. Como es habitual, se sienten beneficiados por cualquier cosa que haga Cristina Fernández de Kirchner.

En la Casa Rosada no descartan que CFK se baje de todo y aseguran que Macri recuperó algunos puntos con el lanzammiento del F-F.

En línea con el manual de Jaime Durán Barba, ven a la ex presidenta con un candidato que no le suma votos y hasta no descartan la tesis que trafica Sergio Massa: que Cristina finalmente se retire de toda contienda electoral. Dicen, incluso, que el Presidente recuperó algunos puntos en los sondeos por la combinación del dólar quieto, la inflación en una baja incipiente y el regreso de la senadora a la centralidad.

De todas maneras, el que más aportó al estado de ánimo del macrismo en la últimas horas fue Roberto Lavagna, el economista experimentado que, en cuestión de horas, delató -como nunca-  su enorme dificultad para convertirse en el político que dice ser.

Con sus idas y vueltas, como líder de sí mismo, el ex ministro le hace un favor esencial a Macri: es el candidato que está en condiciones de captar a la mayor partede los desencantados de Cambiemos que buscan otra opción y el que más puede lastimar al ingeniero que ató su destino a Christine Lagarde y Donald Trump. Si atenta contra sus propias chances, favorece en forma directa a Macri.

 

 

 

HUNDIDO. Que Lavagna no logre ningún consenso y se desinfle como el candidato del espacio del medio es lo mejor que le puede pasar a un presidente muy debilitado en las encuestas y sin nada para ofrecer hacia el futuro. En la Casa Rosada, ya festejan por anticipado y deslizan incluso un deseo íntimo: que el economista de las sandalias finalmente desista de su aventura de salvación y que sus principales aportantes de campaña entiendan que no tiene sentido malgastar el dinero así, en el país del ajuste. Hablan, por caso, del generoso Luis Barrionuevo.

Macri siente que ya ganó con un Lavagna debilitado que, cuanto mucho, será una expresión más en el lodo de la oposición.

Lavagna tropezó de entrada con la piedra de Massa. Ahora, chocó con el victorioso Schiaretti y quedó enredado en su propia impotencia. En busca de hacerle entender que lo mejor era competir en la interna, Pichetto -el único que apuesta en serio a su candidatura- tuvo que ir a rescatarlo, pero el saldo fue pura confusión. Si Lavagna insistiera en ser candidato y no competir en las PASO con Massa, la oposición panperonista podría ir dividida en tres a enfrentar a Cambiemos.

En coincidencia con las necesidad del fundador del Frente Renovador, Macri siente que ya ganó con un Lavagna debilitado que, en el mejor de los casos, será una expresión más, embarrada en el lodo de la oposición: ya no el líder de una ancha avenida del medio, que aporta su experiencia y su prestigio para salir de una década.

El Presidente deberá agradecérselo a Schiaretti y a Massa, dos actores fundamentales para hacerlo trastabillar.

 

 

CÓMO AYUDAR. El macrismo tiene un plan A y un plan B para el peronismo colaboracionista. La apuesta de máxima de los accionistas del PRO como Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal -que acompañan Frigerio y, a la distancia, Emilio Monzó- sería sumar un peronista a la fórmula que encabeza Macri. Sin embargo, tanto el gobernador saliente Urtubey como el reelecto Schiaretti rechazan la oferta que, según dicen, no pasa de informal. Nadie quiere poner la cabeza en la guillotina de una fórmula con Macri. Eso no quiere decir que el cordobés y el salteño no puedan colaborar, sobre todo, como parte de un juego de pinzas sobre Massa que incluye al jefe de Gobierno porteño. Aunque el ex intendente de Tigre no acuda al llamado para el abrazo de oso del Presidente, puede ser muy útil a la estrategia de la Casa Rosada.

La apuesta del macrismo por ese peronismo del medio tan amigo sólo sirve si tiene a Massa en el centro. Si no, compite por la misma franja del electorado y le puede incluso robar votos a Cambiemos. Así como el cristinismo lo convoca por la doble vía de Alberto Fernández y Máximo Kirchner, Massa recibe ofertas del macrismo y sus aliados del PJ Federal. Que fuera el candidato principal de la alternativa en la disputa por el centro beneficiaría directamente a Macri.

Los sondeos que manejan en la Casa Rosada muestran que el ex jefe de Gabinete 2008/2009 es el que más votos puede restarle a la fórmula de los Fernández. “Su voto tiene un componente filo K”, le dijo a Letra P un funcionario que repasa los últimos números. Si retuviera una porción de entre 2 y 4 por ciento que hoy quiere el cristinismo, ya sería un aporte vital para la permanencia del autor del mote de “ventajita” en la Casa Rosada.

 

 

SIEMPRE SERGIO. Massa analiza todas las variantes en reserva y deshoja la margarita. Entre sus colaboradores, están los que le sugieren ser cada vez más opositor y le dicen que no repita la jugada de 2015 y 2017 porque su poder actual va a quedar licuado en las generales. Hoy vale mucho, afirman, pero después puede valer mucho menos. En ese grupo figuran Diego Bossio, Antoni Gutiérrez Rubí y ¿Malena Galmarini?.

También están los que le hacen considerar la posibilidad de mantener la equidistancia. En ese grupo, milita Graciela Camaño. Macri y sus socios pagarían con tal de verlo como el candidato del medio, en reemplazo del ex ministro de Duhalde.

Massa analiza todas las variantes en reserva y deshoja la margarita.

El ex intendente de Tigre expresa a un grupo de empresarios que lo acompañan de manera habitual y hoy se dividen también entre los que se muestran al lado del cristinismo, como Daniel Vila y José Luis Manzano, y los que sienten que no tienen retorno, como Sebastián Eskenazi y Jorge Brito. Mientras Pichetto y Lavagna ven a Massa de regreso al cristinismo, a su lado remarcan que habla más con Horacio y María Eugenia.

Como sea, Massa y Lavagna son los únicos dos peronistas no kirchneristas que no fueron todavía a visitar al Presidente. Desde la Casa Rosada también los convocan. Pero saben que el aporte puede ser otro. Si Massa le djera a todo que no y se quedase a defender su quinta, oferta el macrismo dialoguista, evitaría exponerse como el que hizo el aporte decisivo para el regreso de Cristina. Habría colaborado con Macri sin plegarse a ninguno de los dos polos y con la chance cierta de ser recompensado. Cualquiera que asumiese, piensan en el massismo, tendría que ir a buscarlo.