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El titular de Producción milita su plan (que no es el de Dujovne) en micro-reuniones con CEOs comprensivos. Promete menos retenciones y descuento de impuestos. Internas y estigmatización de críticos.
Por 04/04/2019 16:52

“No voy a renunciar, es una operación del kirchnerismo”. Dante Sica, el ministro de la Producción, comía con industriales y aclaraba, luego también por teléfono ante otros, que su dimisión no es una posibilidad. Fue lo que trascendió fuerte hace unos días, luego de cruces declarativos con empresarios enojados que piden su cabeza. El ex consultor decidió salir de una posición incómoda saltando las paredes del laberinto: ya habiendo confesado ante CEOs de la Unión Industrial Argentina (UIA) sus diferencias políticas y de modelo con el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, inició un raíd freudiano y de contención itinerante, pero muy selectivo. “No me puedo sentar con todos y que me puteen algunos de mal modo; hay gente que está jugando a la política”, se quejó Sica en otro de los convites recientes.

 

Acevedo (izquierda) y Moretti (derecha). El santafeSino, uno de los más críticos. 

 

En este contexto, el minisro invita a charlar a los críticos que, aún encendidos, contienen la bronca para mantener las formas. Con los otros, no tiene vínculo. Entiende que, como suele recomendar Marcos Peña, todo lo que no es Cambiemos es kichnerismo, una estigmatización que, en la práctica, le ha resultado altamente efectiva a la alianza de gobierno.

Entre los rebeldes y presuntamente kirchneristas colocan a cuadros variopintos. Desde José Ignacio de Mendiguren, ex titular de la UIA hoy en el massismo; pasando por el titular de la Federación de Industriales de Santa Fe (Fisfe), Guillermo Moretti, y el propio pope textil Teddy Karagozian, el mayor hilandero del país.

El “Vasco” fue, curiosamente, uno de los primeros que le dio su apoyo recién asumido, como ex compañero que fue durante el gobierno de Eduardo Duhalde. De Moretti, duele como un puñal una de sus últimas frases: “Sica es el ministro de desindustrialización”.

El líder de los químicos y vice de la UIA no esconde su predilección por otro gobierno, pero los que lo conocen admiten que “combatió siempre en la misma línea”. Son los que recuerdan que fue de los pocos que se le plantaron duramente al hombre del garrote K, el ex secretario de Comercio Guillermo Moreno.

Karagozian, ultra crítico, padece el sectarismo opuesto. Apoyó a Macri tanto como el líder de los Plásticos, Héctor Méndez, y se arrepiente de esa decisión tanto como su colega. Todos ellos le recriminan, también, aquel juramento inicial que hizo ante la UIA recién asumido. “No vine a ser ministro con estas tasas”, disparó. En aquel entonces, el crédito costaba 37%. Hoy, casi el doble.

 

Con Urtubey, muy crítico, Sica tiene buena relación. Le destacan su perfil "más político". 

 

Esta micro-militancia de Sica tiene pros y contras, como todo en política. A su favor, le sirve para preservar su figura ante el sector que le incumbe. Justo cuando sabe que lo que él piensa que hay que hacer no coincide en nada con lo que observa Dujovne, el jefe de Hacienda y dueño de “la caja”. “Está sentado arriba del déficit cero”, dijo Sica en la última comida, compartida con el presidente de la UIA, Miguel Acevedo, y un puñado de dirigentes de la Unión Industrial de la Provincia de Buenos Aires.

Por otra parte, esas apuestas a instancias de diálogo móviles y pequeñas no solo no le traen soluciones al sector, sino que, además, abren una grieta entre los CEOs. Sobre todo, producen bronca en los que no participan. Los que se sientan con Sica creen que, más allá de la ineficiencia y de la atadura de manos, es Dante lo mejor y casi único a lo que puede apelar el sector si este gobierno alcanza la reelección en octubre. Además, les critican a los estigmatizados que “para ellos todos los problemas del país nacieron con este gobierno y desde hace diez años no tenemos un modelo productivo”.

 

 

Los relegados responden: “Nos quieren convencer con chiches, no entienden que esta crisis va más allá de los incentivos. El tema es el mercado interno, que la gente tenga un mango en el bolsillo”, dijo a Letra P otro vice de la UIA, productor de calzados. El ministro les plantea a los amables soluciones no solo escasas, sino inaplicables desde lo político. En una de las últimas charlas contó que, una vez que se recomponga la recaudación de AFIP -hoy, 15 puntos por debajo de la inflación-, hay que trabajar en la rebaja de las retenciones a las exportaciones industriales y en el regreso de los reintegros.

 

De Mendiguren, tildado de kirchnerista. 

 

En retenciones, las fábricas hoy están en 8%, tres puntos por encima de lo que pagaban en la era K. En materia de impuestos, pagan entre 10 y 12% entre contribuciones provinciales, nacionales y municipales. Pero se cortó en un 70% la devolución y pasó de entre ocho y nueve puntos a dos o tres. “Eso es impracticable y lo va a ser por un buen tiempo”, se atajan en Hacienda ante la consulta de este medio. Casi que entre Sica y el secretario de Agroindustria, Luis Miguel Etchevehere, se pelean por ver quién vende mejor el fin del tributo. Pero los que deciden no son ellos y los que sí lo hacen no están pensando en hacer una movida semejante.

Divide y sobrevive: Sica cría halcones y palomas en la industria

El titular de Producción milita su plan (que no es el de Dujovne) en micro-reuniones con CEOs comprensivos. Promete menos retenciones y descuento de impuestos. Internas y estigmatización de críticos.

“No voy a renunciar, es una operación del kirchnerismo”. Dante Sica, el ministro de la Producción, comía con industriales y aclaraba, luego también por teléfono ante otros, que su dimisión no es una posibilidad. Fue lo que trascendió fuerte hace unos días, luego de cruces declarativos con empresarios enojados que piden su cabeza. El ex consultor decidió salir de una posición incómoda saltando las paredes del laberinto: ya habiendo confesado ante CEOs de la Unión Industrial Argentina (UIA) sus diferencias políticas y de modelo con el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, inició un raíd freudiano y de contención itinerante, pero muy selectivo. “No me puedo sentar con todos y que me puteen algunos de mal modo; hay gente que está jugando a la política”, se quejó Sica en otro de los convites recientes.

 

Acevedo (izquierda) y Moretti (derecha). El santafeSino, uno de los más críticos. 

 

En este contexto, el minisro invita a charlar a los críticos que, aún encendidos, contienen la bronca para mantener las formas. Con los otros, no tiene vínculo. Entiende que, como suele recomendar Marcos Peña, todo lo que no es Cambiemos es kichnerismo, una estigmatización que, en la práctica, le ha resultado altamente efectiva a la alianza de gobierno.

Entre los rebeldes y presuntamente kirchneristas colocan a cuadros variopintos. Desde José Ignacio de Mendiguren, ex titular de la UIA hoy en el massismo; pasando por el titular de la Federación de Industriales de Santa Fe (Fisfe), Guillermo Moretti, y el propio pope textil Teddy Karagozian, el mayor hilandero del país.

El “Vasco” fue, curiosamente, uno de los primeros que le dio su apoyo recién asumido, como ex compañero que fue durante el gobierno de Eduardo Duhalde. De Moretti, duele como un puñal una de sus últimas frases: “Sica es el ministro de desindustrialización”.

El líder de los químicos y vice de la UIA no esconde su predilección por otro gobierno, pero los que lo conocen admiten que “combatió siempre en la misma línea”. Son los que recuerdan que fue de los pocos que se le plantaron duramente al hombre del garrote K, el ex secretario de Comercio Guillermo Moreno.

Karagozian, ultra crítico, padece el sectarismo opuesto. Apoyó a Macri tanto como el líder de los Plásticos, Héctor Méndez, y se arrepiente de esa decisión tanto como su colega. Todos ellos le recriminan, también, aquel juramento inicial que hizo ante la UIA recién asumido. “No vine a ser ministro con estas tasas”, disparó. En aquel entonces, el crédito costaba 37%. Hoy, casi el doble.

 

Con Urtubey, muy crítico, Sica tiene buena relación. Le destacan su perfil "más político". 

 

Esta micro-militancia de Sica tiene pros y contras, como todo en política. A su favor, le sirve para preservar su figura ante el sector que le incumbe. Justo cuando sabe que lo que él piensa que hay que hacer no coincide en nada con lo que observa Dujovne, el jefe de Hacienda y dueño de “la caja”. “Está sentado arriba del déficit cero”, dijo Sica en la última comida, compartida con el presidente de la UIA, Miguel Acevedo, y un puñado de dirigentes de la Unión Industrial de la Provincia de Buenos Aires.

Por otra parte, esas apuestas a instancias de diálogo móviles y pequeñas no solo no le traen soluciones al sector, sino que, además, abren una grieta entre los CEOs. Sobre todo, producen bronca en los que no participan. Los que se sientan con Sica creen que, más allá de la ineficiencia y de la atadura de manos, es Dante lo mejor y casi único a lo que puede apelar el sector si este gobierno alcanza la reelección en octubre. Además, les critican a los estigmatizados que “para ellos todos los problemas del país nacieron con este gobierno y desde hace diez años no tenemos un modelo productivo”.

 

 

Los relegados responden: “Nos quieren convencer con chiches, no entienden que esta crisis va más allá de los incentivos. El tema es el mercado interno, que la gente tenga un mango en el bolsillo”, dijo a Letra P otro vice de la UIA, productor de calzados. El ministro les plantea a los amables soluciones no solo escasas, sino inaplicables desde lo político. En una de las últimas charlas contó que, una vez que se recomponga la recaudación de AFIP -hoy, 15 puntos por debajo de la inflación-, hay que trabajar en la rebaja de las retenciones a las exportaciones industriales y en el regreso de los reintegros.

 

De Mendiguren, tildado de kirchnerista. 

 

En retenciones, las fábricas hoy están en 8%, tres puntos por encima de lo que pagaban en la era K. En materia de impuestos, pagan entre 10 y 12% entre contribuciones provinciales, nacionales y municipales. Pero se cortó en un 70% la devolución y pasó de entre ocho y nueve puntos a dos o tres. “Eso es impracticable y lo va a ser por un buen tiempo”, se atajan en Hacienda ante la consulta de este medio. Casi que entre Sica y el secretario de Agroindustria, Luis Miguel Etchevehere, se pelean por ver quién vende mejor el fin del tributo. Pero los que deciden no son ellos y los que sí lo hacen no están pensando en hacer una movida semejante.